
El pasado 01 de abril, mientras nuestra pantalla vibraba con el fuego del despegue y el rugido de los motores de la misión Artemis II, mi hija de 10 años lo miraba con ojos encendidos de asombro.
Ya había visto su carita maravillada cuando en mayo de 2020 pudimos ver el lanzamiento del Cohete Falcon 9 de Space X con la nave espacial Crew Dragon a bordo, creo que en ese entonces a sus 4 añitos lo veía más como una película que cómo una realidad.
Ahora, con la emoción a flor de piel, le expliqué que estábamos presenciando un hito histórico: por primera vez, una mujer viajaría hacia la Luna.
Su respuesta fue una de esas preguntas infantiles que tienen el peso de una verdad absoluta: “Mamá, ¿por qué es la primera vez que va una mujer si ya han ido otras personas antes?”.
Esa pregunta me dejó en silencio un segundo. Como abogada aeronáutica, a menudo me enfoco en la normativa, contratos, la infraestructura y los sistemas. Pero esa tarde, frente a la televisión, recordé que la exploración espacial, al igual que la aviación, no solo se trata de máquinas, sino de quiénes somos y hacia dónde permitimos que llegue nuestra visión.
El largo silencio de 54 años
Primero, me surgió la inquietud de ¿por qué tardamos tantos años en volver a hacer una exploración lunar?, específicamente 54 años. Para entender por qué hemos tardado más de medio siglo en volver, debemos comprender que las misiones Apolo (1961-1972) nacieron de una urgencia política y estratégica. Una vez que se alcanzó la meta, el interés y los presupuestos se desviaron hacia otras fronteras: los transbordadores espaciales y la Estación Espacial Internacional.
No es que hayamos perdido la capacidad técnica; es que estábamos aprendiendo a vivir y trabajar en la órbita baja terrestre. Sin embargo, la razón por la cual ninguna mujer había pisado ese suelo grisáceo era simple y cruda: en los años 60, el perfil del astronauta era exclusivamente el de pilotos de prueba militares, un rol que en ese entonces estaba cerrado para las mujeres. Hoy, Artemis (hermana gemela de Apolo en la mitología) llega para corregir el rumbo de la historia.
La hoja de ruta: Paso a paso hacia las estrellas
Antes de continuar con la reflexión, te comento lo mismo que comente a mi hija de cuál era el objetivo de toda la “Misión Artemis”. El regreso no es un evento aislado, sino una coreografía técnica dividida en fases críticas:
- La Misión Artemis I (2022): Fue el ensayo general. Una nave Orión sin tripulación viajó más lejos de lo que ninguna nave construida para humanos había llegado, probando que el escudo térmico y los sistemas podían resistir el reingreso a la atmósfera.
- La Misión Artemis II (el presente): Esta misión que despegó el 1 de abril y realizará un viaje de aproximadamente 10 días. No descenderá. No tocará el polvo lunar. Aun así, por primera vez en décadas, cuatro seres humanos, el comandante Reid Wiseman, el Piloto Victor Glover, Jeremy Hansen y Christina Koch ambos especialistas de la misión, circunnavegarán la Luna. Su objetivo no es aterrizar, sino “probar que los sistemas de soporte vital de Orión funcionan perfectamente con humanos a bordo en el espacio profundo”. Es una misión de validación, de prueba, de aprendizaje. Son los ojos de la humanidad recolectando datos vitales.
- La Misión Artemis III (2027): El siguiente gran paso. Una misión que probará el acoplamiento crítico entre la Orión y los módulos de descenso en la órbita terrestre, preparando el terreno para el regreso físico al suelo lunar.
- Las Misiones Artemis IV y V (2028 en adelante): El destino final es el Polo Sur lunar. Allí, donde hay hielo de agua y sombras permanentes, el ser humano intentará establecerse para aprender a vivir en otro mundo.
Una nueva era de aviación y espacio
La última vez que humanos caminaron en la Luna fue en 1972, con el Apolo 17.
Desde entonces, ha pasado medio siglo. Y la pregunta es ¿Por qué?
- Porque el programa Apolo no era solo ciencia: era geopolítica.
- Era la Guerra Fría.
- Era una carrera contra la Unión Soviética.
Cuando Estados Unidos ganó la carrera lunar, el impulso político desapareció. El presupuesto disminuyó. La prioridad cambió hacia el transbordador espacial y luego hacia la Estación Espacial Internacional.
Además, el nuevo regreso no es igual al de los años 60, ahora se quiere explorar el polo sur lunar, donde hay indicios de hielo de agua. Se pretende usar la Luna como preparación para Marte. No es una carrera simbólica. Es arquitectura de exploración a largo plazo.
Y eso toma tiempo…. Mucho tiempo.
Hubo retrasos técnicos, revisiones de sistemas de soporte vital, problemas con el escudo térmico, reprogramaciones y ajustes hasta fijar finalmente la ventana de lanzamiento en abril de 2026.
La exploración moderna es más lenta… pero más rigurosa.
Y entonces volví a su pregunta
—“¿Por qué es la primera vez que va una mujer?”
Porque entre 1969 y 1972 solo caminaron en la Luna hombres.
En esa época, el cuerpo de astronautas de la NASA estaba compuesto exclusivamente por pilotos militares varones.
Cuando le respondí a mi hija, le dije que Christina Koch no solo va a la Luna por ser mujer, sino porque es una de las especialistas más capaces de la NASA. Va porque el mundo finalmente entendió que, para conquistar el cielo, necesitamos el talento de todos. Christina Koch forma parte de una generación distinta. Una generación donde la exploración ya no es exclusiva.
Artemis II no es solo una misión de recopilación de datos; es el recordatorio de que la disciplina y la visión de “altitud” que tanto promovemos en nuestro sector son las que nos permiten romper techos de cristal y fronteras atmosféricas.
No obstante, aquí fue donde la conversación con mi hija se volvió más profunda.
Artemis IV tiene previsto que sea la misión que lleve por primera vez a una mujer a la superficie lunar y eso será hasta 2028.
Pero el paso decisivo comenzó ahora, con Artemis II. Y eso es lo que la hace histórica.
Y ¿Por qué Artemis II es tan relevante hoy?
Porque es un reinicio. Es el primer viaje tripulado más allá de la órbita terrestre en más de cinco décadas.
Es el regreso a la exploración profunda. Es cooperación internacional (Estados Unidos y Canadá).
Es preparación para establecer presencia sostenida en otro mundo.
Pero, sobre todo, es una señal cultural.
Hoy una niña de 10 años puede ver ese lanzamiento y no pensar que el espacio pertenece a unos pocos. Ella puede imaginarse ahí.
Cuando terminó el lanzamiento, mi hija me dijo:
—“Entonces no es que no pudiéramos ir… es que estábamos preparando algo más grande.”
Exactamente.
Tardamos 54 años no porque olvidáramos cómo hacerlo, sino porque decidimos hacerlo diferente.
La primera vez fuimos para demostrar que podíamos.
Ahora vamos para quedarnos.
Y quizá, cuando Artemis IV o V pongan astronautas en el polo sur lunar en 2028, mi hija ya no preguntará por qué es la primera vez que va una mujer.
Preguntará cuándo será su turno.
Y para mí, esa es, en el fondo, la verdadera relevancia de Artemis II.
¿Y tú viste el lanzamiento de Artemis II? ¿Qué sentimientos despertó en ti saber que en 2026 viajaría por primera vez una mujer a la luna, 54 años después del primer viaje hacia la luna??
Te dejo con estas reflexiones.
¡Hasta el Próximo Vuelo!
Era Calderón
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