
Dedico esta entrega a mi amigo y compañero de pasiones aeroespaciales Antonio Mendoza, muy querido integrante de nuestro medio.
En enero de 2024, una parte de la población de la Tierra, por lo menos a los que nos interesa lo que ocurre en ella y los avances tecnológicos generados por quienes la habitan, comenzando por quienes nos seguimos maravillando por la magia del vuelo humano, recibimos un banquete de información, imágenes y emociones conforme el helicóptero robótico de fabricación norteamericana llamado Ingenuity, realizó con éxito en nuestro vecino planeta Marte, el primer vuelo atmosférico (en este caso no tripulado) de una aeronave propulsada y controlada humana fuera de la Tierra, logro que me obligó evocar al pionero del helicóptero práctico el ucraniano Igor Sikorski, desde mi perspectiva uno de los más grandes diseñadores e industriales aeronáuticos que jamás hayan existido.Las sensaciones positivas relacionadas con los viajes espaciales regresaron en este mes de abril conforme los cuatro integrantes de la misión Artemis II exitosamente dieron la vuelta a la Luna, rompiendo en el proceso varios récords, como el de la distancia más lejana en el espacio que un ser humano haya logrado alcanzar, marcando además hitos de índole racial y geopolítico y sentando las bases para que más pronto de lo que creemos un ser humano vuelva a pisar el suelo de nuestro satélite natural.
Tal y como lo expresé al comentar sobre el éxito de la misión del Ingenuity en Marte me voy a dar el lujo nuevamente de compartir con mis estimados lectores la alegría que me generó el vuelo del Artemis II. Y es que si bien me considero más bien un hombre del aire que del espacio, siento que lo uno va de la mano de lo otro; baste recordar que una parte importante de los astronautas que han viajado al espacio han sido también, pilotos aviadores, caso notable de ese maravilloso ser humano y excelente profesional de la ingeniería y el vuelo que fue Neil Armstrong, personaje al que tuve el privilegio de conocer en Las Vegas, Nevada en el año 2004, presentándome ante él como Presidente de la Lindbergh Collectors Society, lo que valió para que aceptase a tener un breve intercambio de anécdotas conmigo, comenzando por decirme ¿”sabía usted que llegamos a la Luna gracias a Lindbergh”? ¡Así lo dejo!
¿Qué pensaría Armstrong del proyecto Artemis y de la posibilidad real de regresar a la faz de la Luna?
La verdad es que, dada la naturaleza del emprendimiento, que no hay que olvidar es de carácter mixto (gobiernos norteamericano-NASA y canadiense además capitales privados- SpaceX y Boeing, por ejemplo) y tomando en cuenta sus objetivos, más bien científicos y estratégicos que militares, algo me dice que Artemis sería una enorme fuente de orgullo para Armstrong como lo es para muchos de nosotros.
Sobra decir que, de tener vida para ello, no solamente quien firma esta columna, si no estoy seguro el mundo entero, estará pendiente de la misión Artemis IV, programada para una fecha aún sin definir en el año 2028, misma que intentará posarse con humanos a bordo en la Luna, evento que si mis lectores me lo permiten hacer al seguir leyendo mis columnas, comentaré en una nueva entrega, más bien en varias, ya que siento que el regreso de nuestra especie a ese cuerpo espacial merece ser tratado extensamente. Al tiempo…
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