
Crear de cero y desarrollar un aeropuerto internacional es un proyecto complejo que combina planificación estratégica, infraestructura, economía, logística y experiencia del pasajero, y en eso fue justamente en lo que pensaron los especialistas y arquitectos de nivel mundial como el británico Norman Foster y el mexicano Fernando Romero cuando se hicieron cargo del proyecto del aeropuerto de Texcoco.
Este proyecto, planeado como uno de los más grandes del mundo en 4,500 hectáreas de terreno, fue cancelado por visiones políticas y no estratégicas y comerciales, cuando ya estaba a un 35% de su construcción. Tenía resueltos los problemas inherentes de un aeropuerto de clase mundial, no solo en cuanto a su construcción desde el punto de vista arquitectónico, sino todo lo referente a la parte de ingeniería hidráulica y de suelo, que ya estaba prácticamente solucionada y que ha sido de las más comentadas por los detractores del proyecto.
Por cierto, hablando de ingeniería hidráulica, Texcoco tendría una tecnología tan avanzada como la de los aeropuertos Kansai en Osaka, Japón; el Aeropuerto Internacional de Chubu, en la bahía de Ise, también en Japón; Incheon, en Seúl; Niza Costa Azul, en el Mediterráneo, entre otros que han sido construidos alrededor del agua o sobre ella.
También se llevaron a cabo los análisis de demanda de pasajeros y carga, así como su ubicación y conectividad, mediante estudios de tráfico aéreo actual y proyectado, para asegurar un acceso eficiente por carretera o tren.Por otra parte, se analizó la competencia regional, evaluando aeropuertos cercanos y su posicionamiento, pistas y plataformas, espacios eficientes, cómodos y escalables para los pasajeros, y la más moderna tecnología en sistemas de control de tráfico aéreo, seguridad y manejo de equipaje, acorde al plan de un hub internacional como el de Dubái, Hong Kong, Beijing y otros más.
El Aeropuerto Internacional de Texcoco se planeó durante un par de décadas y proyectaba inicialmente el movimiento de 70 millones de pasajeros al año y 125 millones de viajantes en el largo plazo, atendido con 130 rampas de estacionamiento para aeronaves de todo tipo, 70 plataformas remotas y seis pistas.
Quizá uno de los errores más grandes de los últimos siete años de gobierno ha sido la cancelación del proyecto Texcoco y la construcción del AIFA, y no solo hablamos de dinero, que según dicen los expertos alcanzó la friolera de 200 mil millones de pesos.
Ha sido necesario pagar contratos ya firmados, liquidaciones de obra, recompra de bonos y costos financieros, pérdidas por inversiones ya realizadas, penalizaciones, impacto a inversionistas y todo esto sin contar con el precio de la construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles, que fue arriba de los 75 mil millones de pesos y que, por cierto, no ha sido terminado.
La polémica no termina, pero es un hecho incontrovertible que, aunque hoy reporta ganancias operativas, el AIFA ha tenido pérdidas económicas desde 2022 al 2025 por 792 millones de pesos, es decir, 198 millones cada año.
El AIFA recibe subsidios del gobierno para poder operar, teniendo pérdidas acumuladas y además enfrenta retos principales en su ubicación, conectividad y demanda.
El Aeropuerto Benito Juárez ya dio lo que tenía que dar y, a pesar de las modificaciones, ya no le queda mucho tiempo; el aeropuerto de Santa Lucía no levanta el vuelo; uno de los proyectos más importantes del mundo, como lo fue Texcoco, fue cancelado y, para colmo, el sistema aeroportuario cercano (Toluca, Puebla, Cuernavaca) no funciona como era de esperarse.
Resumiendo, la creación y el crecimiento de un aeropuerto internacional dependen de un plan bien estudiado por expertos en diferentes áreas como infraestructura sólida, conectividad global, experiencia de usuarios, sostenibilidad e innovación tecnológica, pero, sobre todo, de voluntad y una visión política y comercial a futuro.
Un aeropuerto eficiente no es cosa de capricho y requiere de una ubicación estratégica, pistas y rampas suficientes, diseño inteligente, conectividad terrestre, modelo financiero sano y un proyecto bien estudiado, dirigido y administrado por profesionales conocedores y con experiencia.
Solo así se pueden realizar las grandes obras aeroportuarias y asegurar su éxito.
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”






