
Hay voces que piden regresar al proyecto del aeropuerto en Texcoco (Estado de México); son gritos desesperados que un sector de la población lanza para resolver el problema de sobreocupación del AICM (Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México). En esta situación, que tiene un fuerte ingrediente de revanchismo o de hacer quedar mal al de enfrente, caemos muchos de los que no vemos hacia adelante.
Debo reconocer que la forma de abandonar el proyecto del aeropuerto de Texcoco no fue la correcta y que la construcción del AIFA se hizo de manera precipitada; claro que costó mucho menos si solo se construyó un edificio terminal, debiendo ser cuando menos otros dos más. Sí se tienen tres pistas, pero con una para uso excesivo de los militares, prácticamente se tienen dos para servicio comercial. Ahora bien, ese no es el problema: se ha dicho hasta el cansancio que lo que falta es conectividad adecuada para llegar a la terminal aérea; no se han terminado los accesos y los que hay dejan mucho que desear. En verdad no sé cómo se atreven a decir que el AIFA ha ganado premios; no puede ser que, con 28 posiciones entre contacto, remotas y semirremotas, pretendan cubrirse todos los vuelos que se manejan en el Valle de México, pero se tienen exageraciones.
Hace tiempo, cuando se trató el asunto de los aeropuertos del Valle de México, se planteó la opción de convertir el hangar presidencial y de Marina en la Terminal 3. Estoy de acuerdo con el CEO de Aeroméxico cuando menciona que debe construirse la mencionada terminal y que todo lo militar se mande al AIFA (esto último lo digo yo). Fácilmente pueden lograrse otras diez o quince posiciones de contacto, lo cual nos permitiría respirar un poco mientras se resuelve el tema de hacer viable el AIFA. Mientras sean los militares los que manden en la construcción de los aeropuertos, el criterio castrense es el que privará y a ese le darán preferencia; para ellos, las obras y los negocios son misiones y salen porque salen. ¿No se hace raro que ninguno de los negocios militares —hoteles, Tren Maya, tren interoceánico, Mexicana de Aviación y demás construcciones y negocios— tengan la afluencia mínima requerida para que las cosas sean negocio en verdad? Aunque haya aeropuertos que se encuentran lejos de las zonas urbanas, no me quiero ni imaginar que algún día algún grupo de esos de maestros o de algún otro quiera bloquear los accesos al aeropuerto de Santa Lucía y se les permita porque “tienen derecho a manifestarse” (según reza la cantaleta oficial). Les pido que se imaginen que viene algún pasajero de Europa o de Estados Unidos con varias maletas y sea asaltado en las colonias bravas, que son muchas las que hay en el trayecto al mencionado aeropuerto.
Creo que lo que debe hacerse es seguir calentando al AIFA y, cuando se tenga algo viable y la gente se acostumbre a este, después de construirse otras dos terminales, cuando menos, podrá considerarse como una verdadera opción para los viajes aéreos del país. No se vale que en este aeropuerto también se continúe con las mafias de taxistas que no permiten los servicios de transporte por aplicación, reduciendo las opciones de transportación terrestre de otro nivel. Como alguien me dijo, el AIFA es como un cuartel general militar, pero muy adornado; sin embargo, creo que vale la pena conservarlo y pensar en una vía eficiente que acerque el AICM con el AIFA en un tiempo máximo de 20 o 25 minutos. Este medio pudiera ser un tren bala y operarlos de manera más coordinada. El gobierno federal insiste en que se cambió el aeropuerto a la zona de Santa Lucía por seguridad, nada más fuera de la realidad; es bien sabido que hacerlo fue capricho del sexenio anterior. Lo que llama la atención es que se pretenda conocer el medio y esto no es cierto; dan pena ajena.
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