
Durante la campaña de pruebas de vuelo del X-59 de la NASA en el desierto alto de California en 2026, el piloto de la aeronave experimental contará con el apoyo de un avión de persecución tripulado por otro piloto de pruebas. Este acompañamiento permite vigilar el comportamiento del X-59 desde el exterior y fortalecer la seguridad de las operaciones en cada fase del programa.
El piloto de persecución observa la aeronave, reporta cualquier anomalía visible, supervisa el clima local y apoya las comunicaciones con el control de tráfico aéreo. Estas tareas reducen la carga de trabajo del piloto del X-59 y facilitan que se concentre en los objetivos del perfil de prueba.
“Todo esto ayuda a reducir la carga de trabajo del piloto de pruebas para que pueda concentrarse en la misión de prueba propiamente dicha”, afirmó Jim “Clue” Less, piloto de investigación de la NASA desde 2010 y veterano de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Less participó como piloto de persecución en un F/A-18 de la NASA cuando Nils Larson realizó el primer vuelo del X-59 el 28 de octubre. En las siguientes etapas del programa, ambos pilotos alternarán funciones entre la cabina del X-59 y el avión de persecución, de acuerdo con los requerimientos de cada misión.
La separación entre ambas aeronaves varía según el objetivo del vuelo. “Volamos tan cerca como sea necesario, pero no más cerca de lo necesario”, explicó Less.
En general, el avión de persecución mantiene una distancia de entre 500 y 1,000 pies, aunque en pruebas específicas puede acercarse más para verificar instrumentos o revisar componentes visibles, siempre dentro de márgenes de seguridad.
En el vuelo inicial, el avión de persecución se colocó a una distancia equivalente a la envergadura del X-59 para comparar indicadores de velocidad y altitud entre ambas cabinas, lo que permitió calibrar sistemas. Además, el asiento trasero del avión de persecución lo ocupó un fotógrafo de la NASA, certificado para volar en aviones a reacción, quien transmitió video de alta definición al equipo en tierra.
En fases posteriores, el avión de persecución incorporará sensores para medir las ondas de choque del X-59 y validar que el diseño produce un “golpe” sónico más silencioso en lugar de un estruendo para las personas en tierra. La instrumentación se probó a principios de este año con aviones de investigación F-15 de la NASA y forma parte de la misión Quesst, cuyos datos buscan respaldar futuras operaciones comerciales supersónicas sobre tierra.
Para estas tareas, el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA en Edwards, California, dispone de F/A-18 Hornet y F-15 Eagle operados por la agencia. El F/A-18 ofrece mayor maniobrabilidad a velocidades más bajas y cuenta con cabina biplaza adecuada para fotografía aérea, mientras que el F-15 mantiene mejor el ritmo del X-59 en perfiles supersónicos y transporta la instrumentación para medición de ondas de choque.
“La elección del avión de persecución para cada vuelo puede variar según las necesidades de la misión y los programas de mantenimiento”, concluyó Less.







