
La aviación mexicana trae varios tráficos en pantalla, algunos con plan de vuelo interesante y otros con olor a aproximación no estabilizada.
El caso más vistoso está en Nayarit, donde el Aeropuerto Internacional Tepic-Riviera Nayarit presume avance superior al 80 por ciento en su nueva terminal.
No es poca cosa: una pista que se irá casi a los tres kilómetros, una terminal que pasará de dos mil 500 a 60 mil metros cuadrados y una torre de control de 43 metros.
En cabina, la secretaria de Turismo, JOSEFINA RODRÍGUEZ ZAMORA, lo dijo sin rodeos: sin conectividad no hay turismo. Y tiene razón. Un destino sin vuelos es como un avión sin combustible: muy bonito en plataforma, pero sin posibilidad real de despegar.
También aparece en la fotografía institucional el gobernador MIGUEL ANGEL NAVARRO QUINTERO, alineado en la pista del discurso: Nayarit quiere conectar con Estados Unidos, Canadá y Europa.
La cifra operativa también pesa: de enero a abril de 2026, Tepic registró más de 91 mil pasajeros.
Ese número ya no es señal de rodaje: es autorización para despegue.
Pero mientras unos aeropuertos crecen, las aerolíneas nacionales vuelan contra viento de frente.
La turbosina se convirtió otra vez en el pasajero incómodo. Entre enero y mayo de 2026, el litro promedió 16.41 pesos, contra 12.35 pesos del mismo periodo de 2025. Casi una tercera parte más cara.
Ahí el golpe no es menor. Aeroméxico, Viva y Volaris pueden ajustar frecuencias, optimizar flota, jugar con tarifas y apretar costos, pero cuando el combustible se dispara, el margen se va directo al tren de aterrizaje.
Y si además México sigue dependiendo de importaciones de turbosina, entonces no hablamos de turbulencia pasajera, sino de una falla estructural en el sistema de combustible nacional.
En otro radar aparece el AIFA, donde el tren AIFA-Pachuca presume 549 predios liberados para derecho de vía.
El problema es que un aeropuerto no se consolida solo con trenes, decretos o discursos mañaneros.
Se consolida con demanda real, aerolíneas convencidas, rutas rentables y pasajeros que no sientan que llegar ahí es una travesía de conexión terrestre.
Guadalajara, por su parte, manda otra señal. Su Patio de Plataformas reporta alrededor de dos mil viajes diarios y ocupación total.
Eso confirma que el negocio aeroportuario ya no termina en la pista ni en la sala de abordar. La última milla también factura, ordena o colapsa la experiencia del pasajero.
Y la posible ruta Chihuahua-El Paso también merece lectura fina. Puede parecer una ruta regional menor, pero en la frontera cada vuelo directo es un puente económico.
Si la AFAC termina de liberar el trámite, será una frecuencia pequeña con impacto estratégico.
Y en aerolíneas, Volaris de ENRIQUE BELTRANENA, activó su programa Avión Ayuda para vuelos humanitarios hacia Venezuela, mientras Mexicana recibió su séptima aeronave, un Embraer 190-E2 matrícula XA-MXG.
En la aviación, recibir aviones es apenas subir pasajeros; lo importante es sostener rutas, llenar cabina y no convertir la operación en vitrina política.
El corte final es claro: México tiene pista, pasajeros, proyectos y mercado. Pero también tiene combustible caro, infraestructura desigual, presión energética, aeropuertos militarizados y una política pública que a veces parece volar más por ocurrencia que por instrumentos.
¡Queda Dicho!
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







