
Cuando en 1953 las mujeres mexicanas obtuvieron el derecho al voto, la cabina de mando de un avión comercial era todavía un espacio reservado exclusivamente para hombres. Más de siete décadas después, el panorama ha cambiado, pero no lo suficiente. El sector aéreo, una de las industrias más dinámicas y tecnológicamente avanzadas de la economía global, sigue siendo uno de los ámbitos donde las brechas de género se manifiestan con mayor persistencia: en las cabinas de vuelo, en las salas de juntas, en los hangares de mantenimiento y en las torres de control.
Al cierre de este mes de marzo, en el que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, quise realizar una reflexión que me parece indispensable, y es “analizar la evolución de la presencia femenina en la aviación”. De acuerdo con datos del reciente documento elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)[i], “Mujeres en la economía: 100 años de datos”, nos ofrece un marco revelador. En un siglo, las mujeres mexicanas pasaron de un analfabetismo del 78% a ser el 53% de la matrícula universitaria. Sin embargo, esta victoria educativa no se ha traducido automáticamente en igualdad laboral ni se refleja académicamente en todas las disciplinas. Persiste una segregación vocacional muy clara, mientras las mujeres predominan en áreas de cuidado y docencia, su presencia en ingenierías vinculadas a vehículos, barcos y aeronaves es de apenas el 12%.
Un sector que vuela, pero con asimetrías
La industria de la aviación es un ecosistema complejo. En cada uno de sus eslabones, la presencia femenina ha crecido desde una base extraordinariamente baja y a un ritmo insuficiente para las demandas del siglo XXI.
- Mujeres en la cabina de mando y el “techo de altitud”
De acuerdo con la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), las mujeres representan apenas el 5% de los pilotos comerciales a nivel mundial. En México, aunque hoy es más frecuente escuchar la voz de una capitana en los altavoces, siguen siendo una excepción notable.
Las barreras son estructurales, la formación requiere una inversión que supera a veces el millón de pesos, un obstáculo mayor para las mujeres que, según el IMCO, enfrentan una brecha salarial persistente del 13%. Además, las jornadas que implican ausencias prolongadas chocan frontalmente con una realidad social ineludible, y es que “las mujeres mexicanas dedican, en promedio, 40 horas semanales al trabajo del hogar y de cuidados, frente a solo 16 horas de los hombres”. Para una piloto, esta carga representa una “doble jornada” que pone en riesgo su permanencia en la carrera.
- La dirección y el mantenimiento: Los hangares del cristal
En el ámbito directivo, menos del 15% de los puestos en consejos de administración de aerolíneas globales son ocupados por mujeres. En los grupos aeroportuarios de México (OMA, GAP, ASUR, AICM y AIFA), la presencia femenina va creciendo, pero aún no llega a los números que se requieren para una equidad, ya que en algunos casos se diluye conforme se asciende en la jerarquía, un fenómeno que en la aviación bien podría llamarse el “techo de altitud”.
Por otro lado, el área de mantenimiento (MRO) es donde la brecha es más profunda. El IMCO señala que las mujeres representan apenas el 12% de la matrícula en ingeniería en vehículos y aeronaves. Esta segregación vocacional, que comienza en las aulas, se traslada a hangares diseñados bajo una óptica masculina, donde la falta de infraestructura adecuada (desde uniformes hasta instalaciones) genera condiciones de aislamiento que dificultan el desarrollo profesional técnico.
Lecciones del IMCO: ¿Por qué no avanzamos más rápido?
El análisis histórico del IMCO permite identificar lecciones críticas aplicables a nuestra industria:
- La educación no es suficiente: Ser mayoría en la universidad no garantiza el acceso a las STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Se requiere intervenir en la orientación vocacional y visibilizar referentes femeninos para que las niñas se imaginen reparando una turbina o dirigiendo un aeropuerto, este punto para mí es primordial, y es mucho de lo que estoy tratando de hacer desde mi podcast Era de Aviación, y en la URN, donde busco que se conozcan las historias de muchas mujeres dentro de la industria, para que éstas puedan ser una fuente de inspiración e impulso para alzar el vuelo de más niñas y mujeres.
- El costo de la “disponibilidad total”: En sectores de alta remuneración y responsabilidad, el éxito suele premiar la disponibilidad 24/7. Esta “prima por disponibilidad” penaliza desproporcionadamente a las mujeres, quienes asumimos la mayor parte de los cuidados familiares.
- La informalidad y precariedad: Aunque la aviación es un sector regulado, en áreas de servicios de tierra y atención al pasajero (donde hay más mujeres) las condiciones suelen ser más precarias, limitando su autonomía económica.
La Doble Jornada: El Freno invisible.
El mayor obstáculo para que las mujeres permanezcan y asciendan en el sector aéreo no siempre está en la oficina o el hangar, sino en el hogar. Uno de los hallazgos más preocupantes es el impacto de esta carga en la salud. La combinación de un empleo de alta exigencia operativa (turnos rotativos y responsabilidad sobre cientos de vidas) con el trabajo invisible del hogar genera un nivel de estrés crónico.
El agotamiento profesional (burnout) en las mujeres del sector aéreo no es una falla individual, sino sistémica. Una mujer que abandona su carrera por la incompatibilidad con su vida personal no es solo una historia de frustración; es una pérdida de talento especializado que la industria, ante la escasez global de personal, no puede permitirse.
Pero, ¿cómo incentivar y retener el talento femenino en la aviación?
Para que el sector sea, a mi punto de vista, verdaderamente competitivo, debe acelerar la inclusión económica de las mujeres. No es solo justicia; es estrategia de negocio. Porque no basta solo con contratarlas, hay que crear los entornos donde puedan (podamos) progresar, y para ello propongo seis líneas de acción concretas:
- Financiamiento con perspectiva de género: Crear fondos de becas específicos para pilotos, controladoras de tráfico y técnicas aeronáuticas, y otras carreras del sector aéreo, donde se pueda ir reduciendo la brecha de entrada económica.
- Políticas de corresponsabilidad y cuidado: Implementar guarderías en aeropuertos, lactarios dignos y, sobre todo, fomentar que los hombres también utilicen sus licencias de paternidad. El cuidado debe dejar de ser únicamente un “asunto de mujeres”.
- Rediseño de puestos de alta dirección: Evaluar el liderazgo por resultados y objetivos, no por horas de presencia física, permitiendo esquemas de flexibilidad que retengan el talento senior femenino.
- Visibilidad desde la base: Programas de mentoría y visitas a escuelas donde las niñas vean que el cielo no tiene dueño y donde todos somos necesarios.
- Eliminación de sesgos en selección: Revisar convocatorias y paneles de contratación para asegurar que el talento femenino no sea filtrado por prejuicios sobre la maternidad o la “falta de carácter” para el mando.
- Datos para la acción: La autoridad aeronáutica debe publicar datos desagregados por sexo. Como bien lo señala el IMCO en su informe, “el progreso es posible cuando se mide, se reconoce y se actúa”.
El despegue pendiente
El equilibrio entre la vida laboral, familiar y personal no es una concesión; es un derecho y una condición mínima para la productividad. Mientras el trabajo no remunerado en México represente el 26% del PIB y recaiga en las mujeres, el sector aéreo seguirá volando con un motor apagado.
El Foro Económico Mundial estima que, al ritmo actual, la paridad tardará 123 años en alcanzarse. En la aviación, esa espera podría ser aún mayor. No podemos permitirnos cinco generaciones más de espera. El sector aéreo mexicano tiene ante sí la oportunidad histórica de liderar este cambio en un momento de expansión y demanda de talento.
El reto para el resto de 2026 y los años venideros es transformar las estructuras laborales para que el crecimiento profesional de las mujeres no dependa de un sacrificio personal extenuante, sino de un sistema que valore la equidad como un pilar de competitividad.
El progreso es posible cuando se mide, se reconoce y, sobre todo, se actúa.
La igualdad de género no es un destino al que se llega por inercia; es una construcción deliberada y cómo mujer, estoy 100% convencida de esto, debemos todos participar en generar este cambio.
Si la aviación es la industria que conecta al mundo y desafía los límites de la tecnología, ¿podemos permitirnos seguir operando con una estructura que desperdicia la mitad del talento disponible, o estamos listos para que la equidad sea el plan de vuelo que garantice que la próxima generación de mujeres no tenga que elegir entre laborar en la industria aérea y su derecho a una vida equilibrada?
Es momento de que las aerolíneas, los aeropuertos y el Estado asuman que, para volar más alto, necesitamos que todas y todos tengan el mismo espacio en la pista de despegue. El cielo es de todas, y es hora de que nuestras políticas lo reflejen.
¡Hasta el próximo vuelo!
Era Calderón
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”
[i] https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2026/03/Mujeres-en-la-economia_100-anos-de-datos_03032026.pdf







