
Hace algunos meses, en este mismo espacio, emití una advertencia que muchos calificaron como alarmista. Señalé que el sistema de control de tránsito aéreo en México crujía por costuras invisibles al pasajero: la falta de personal calificado.
Lamentablemente, la profecía se ha vuelto realidad y hoy estamos frente a un polvorín operativo que las autoridades han decidido ignorar hasta que sea demasiado tarde.
El riesgo es inminente.
Según el Sindicato Nacional de Controladores Aéreos (Sinacta), actualmente existen mil 40 controladores en todo el país, una cifra insuficiente para operar las rutas actuales y los principales nodos aéreos del país. Se estima que se requieren al menos 500 más para cubrir la demanda mínima en puntos críticos como el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), Monterrey y Guadalajara, sin olvidar otros de alto flujo como Cancún o Tijuana.
Esta carencia no es accidental; es el resultado de un brutal recorte presupuestal a Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam), que pasó de recibir 6 mil millones de pesos en 2021 a apenas 3 mil millones en años recientes.
El fenómeno es una ecuación perversa: menos presupuesto genera menos controladores; menos controladores genera saturación laboral y fatiga.
La fatiga mata, literalmenteEl problema ya no es sólo estadístico, es físico y humano. Los controladores que permanecen en funciones trabajan bajo una presión inhumana. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y regulaciones internacionales obligan a descansos específicos —como 30 minutos por cada dos horas operativas— para evitar que la fatiga degrade la capacidad cognitiva pero en México, la necesidad de cubrir vacíos obliga a los especialistas a jornadas extenuantes donde el error se vuelve un fantasma constante.
Esto afecta dramáticamente las áreas de aproximación final, la fase más crítica del vuelo y donde se concentra la mayor carga de trabajo. Es ahí, a minutos del aterrizaje —especialmente en terminales de alta densidad como el AICM, donde aterrizan y despegan cientos de aeronaves al día— donde un instante de confusión o somnolencia puede traducirse en una orden mal emitida, una altitud incorrecta o, como ya ha ocurrido, maniobras evasivas por invasión de pista. La falta de personal no solo deteriora el sistema, sino que pone en peligro directo a las aeronaves y sus ocupantes.
Salarios que no corresponden al riesgo
Mientras la exigencia crece, el deterioro salarial completa el cuadro de desastre. A pesar de que son trabajadores esenciales para la seguridad nacional, los controladores operan “bajo protesta” ante la falta de un aumento salarial que refleje la magnitud de su responsabilidad. Es indignante que quienes velan porque cientos de vidas no se estrellen tengan que lidiar con salarios rezagados y equipos obsoletos, mientras manejan el tráfico aéreo de los aeropuertos más congestionados del país.
La modernización tecnológica que se impulsa en países como Estados Unidos —con sistemas de fibra óptica y radares de nueva generación— es aquí una utopía.
Seguimos parchando infraestructura antigua mientras la demanda de vuelos crece por el nearshoring y la recuperación post-pandemia, con centros de control rebasados como el de Monterrey y Guadalajara.
¿Hasta cuándo?
Es imperativo que el gobierno federal y Seneam actúen de inmediato. No se trata de un favor a los trabajadores, sino de una obligación de seguridad nacional. Se debe:1. Contratar personal calificado urgentemente, cubriendo al menos el déficit de 500 plazas para operar con márgenes seguros en los aeropuertos de mayor flujo.2. Garantizar los descansos obligatorios y establecer un programa real de gestión de la fatiga (Fatigue Risk Management System), pues un controlador cansado es tan peligroso como un piloto ebrio.3. Proporcionar adiestramientos programados y un salario digno, acorde al perfil técnico y al estrés extremo que se vive en las torres de control, especialmente en el saturado espacio del Valle de México y los corredores del norte y centro del país.4. Modernizar la infraestructura. El sector lo exige y los pasajeros lo merecen.
Hoy, el sistema aguanta gracias al heroísmo de quienes están en las torres de la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y demás puntos críticos. Pero el heroísmo se agota. No podemos esperar a que un accidente masivo nos recuerde lo que ya sabíamos. México debe invertir no solo en seguridad, sino en modernización. El sector lo exige.
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