
En el año 1972 por cortesía de mis abuelos maternos, tuve la oportunidad de acudir con ellos a una agencia de viajes en Madrid, España, para adquirir los boletos que nos llevarían a visitar París, Francia y Londres, Inglaterra, triángulo de vuelos que me permitió sumar dos en Boeing 727-200s de Air France, iniciando con en el segmento Barajas-Orly y después hacia a Heathrow, para finalmente aterrizar de regreso en Barajas a bordo de un Douglas DC-8-50 de Iberia. Interesantes vuelos sin duda los que me tocó elegir, pero que a la luz del paso de los años y con la visión que ahora tengo de la aeronáutica me parecen constituyen uno de los peores errores a la hora de escoger vuelos, que jamás haya cometido, toda vez que si bien nunca había volado en Air France ya fuese el Madrid-París o el París-Londres, bien pudo haber sido a bordo de uno de sus, ahora comprendo, hermosos Sud Aviation SE-210 “Caravelle”.
¿Qué tal se vería además en mi bitácora de vuelos como pasajero uno en Hawker Siddeley HS-121 “Trident” de la británica BEA en el segmento Heathrow-Barajas? ¡A todo dar!
En fin; tenía yo apenas 10 años de edad y por ende, se me podían perdonar con más facilidad errores tan garrafales como esos; y es que tanto el “Caravelle” y más aún el “Trident”, no son aeronaves con un historial verdaderamente importante en el Continente Americano, en especial en México, lo que significa, que tal y como ocurrió con mi bitácora, las oportunidades de sumarlos a ella eran realmente pocas y no debían desperdiciarse, tal y como lo hice en el año 1972. Baste decir que, hasta donde entiendo, ninguna aerolínea de mi continente natal operó el “Trident” del cual no encuentro registro alguno en sus aeropuertos. El caso del “Caravalle” es diferente y hay que decirlo notable; de hecho, la idea de compartir su operación en las tierras que aun se dice descubrió Cristóbal Colón en el año 1492 es el origen de esta entrega, más que lo que hice con esos vuelos familiares del año 1972.
El “Caravelle” además de hermoso por fuera era tan buena aeronave que a comienzos de la década de los 60 llamó la atención de algunos operadores norteamericanos, incluyendo a sus proveedores como la Douglas Aircraft Company que se asoció con la francesa Sud Aviation con la intención de comercializar en el hemisferio occidental y eventualmente fabricar bajo licencia el “Caravelle”, archivando temporalmente su proyecto de birreactor de corto alcance que finalmente comenzó a volar en el año 1965 bajo la designación DC-9. El diseño francés que por cierto le debe mucho al de Havilland “Comet” al incorporar su sección de nariz, influyó también al convertirse en pionero en la colocación de motores en la parte trasera del fuselaje en lugar del ala, a la cual deja limpia, como en los futuros trirreactores, caso del ya citado “Trident” y de forma notable en el Boeing 727, que emplearon el concepto del estabilizador horizontal en lo alto del vertical, concebido para el birreactor ensamblado en Toulouse, Francia.
La aerolínea norteamericana United Airlines vio potencial en el avión al grado de sumar 20 VI-Rs a su flota, operándolos de 1961 a 1970 en vuelos regulares que hasta donde sé, nunca tocaron aeropuertos mexicanos, como entiendo tampoco tocaron los ejemplares operados por aerolíneas de pasajeros y carga sudamericanas y del Caribe (sí hay evidencia de lo contrario, me encantaría tenerla), incluyendo empresas de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Martinica, Venezuela, en cuyos aeropuertos anduvo bastante activo.
Los “Caravelle” mexicanos:
Lo que sí queda claro es que hubo “Caravelles” que tocaron, por lo menos un aeropuerto civil y un aeródromo militar, además de quedarse para siempre en México, tema que abordo apoyándome en una muy buena nota de investigación de carácter histórico publicada en Sentinel México, medio de comunicación privado e independiente dedicado a la difusión de información, historia, análisis y periodismo sobre las fuerzas armadas de nuestro país.
Veamos entonces:La nota de Sentinel refiere que fueron tres los “Caravelles” que terminaron en nuestro territorio producto de ser empleados en actividades de transporte de droga. Desgraciadamente no he logrado obtener datos del tercero, más allá que terminó en Baja California Sur, no así de los primeros dos: El serie 211 respondería a un “Super Caravelle”, operado por una aerolínea colombiana antes de que la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) se hiciese de él en el año 1996, registrándolo con el número 10506, luego de ser incautado en Sonora, tal y como sucedió con el serie 232, un “Caravelle” 10R, también operado por una aerolínea colombiana antes de hacer cosas indebidas en México, incautado en Zacatecas y registrado en la FAM con el número 10507.
Las crónicas y lo que me comentan mis allegados es que estas aeronaves no pudieron volar mucho que digamos para la FAM, si acaso unas cuántas horas, entre otras cosas por falta de manuales y refacciones, permaneciendo en la Base Aérea Militar Número 1 de Santa Lucía, Estado de México (donde está ahora el Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles”), luego de una breve estadía en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, hasta el año 2008 en el que fueron vendidas a un parque acuático denominado “Los Manantiales” por los rumbos de Chapa de Mota, Estado de México, en donde todo indica, están en total abandono, sí es que queda algo de ellas, situación que me encantaría constatar.
No puedo concluir esta entrega sin referirme, hablando de relevantes aeronaves abandonadas en México, al caso del de Havilland DH.106 “Comet” 4C que alguna vez operó Mexicana de Aviación con la matrícula XA-NAT que permaneció al interior de un parque zoológico en Irapuato, Guanajuato, hasta el año 2015 cuando, dada su mala condición terminó siendo chatarrizado. Me tocó verlo alguna vez en el citado lugar; recuerdo que portaba marcas y logotipos de la refresquera Coca Cola. Como es bien sabido, el “Comet” integra uno de los más apasionantes e importantes capítulos del aerotransporte mexicano. Debo reconocer que no me tocó volar en uno, algo que también lamento, si bien la decisión, contrario a lo que ocurrió con el “Caravelle” no dependía de mí.
¿Y a usted le tocó volar en un “Caravelle”, un “Trident” o un Comet”?¡Lo felicito si fue el caso!
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







