
Es notoria la frecuencia de los cambios de altos funcionarios de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), máxima autoridad aeronáutica mexicana que desde que la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) se transformó en la AFAC en octubre del año 2019.
Las rotaciones comienzan por sus titulares, cuyo número llega a cuatro desde que fue creada, tres de ellos militares con rango de General (Carlos Antonio Rodríguez Munguía de febrero 2021 a octubre 2022; Miguel Enrique Vallín Osuna de Octubre 2022 a Octubre 2025 y el actual Emilio Avendaño García a partir de octubre 2025) y uno civil (Rodrigo Vázquez Colmenares desde el inicio de labores de la dependencia de la hoy Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes hasta el mes de noviembre 2020).
En comparación, el ingeniero Juan Guillerno Villasana ocupó el máximo cargo aeronáutico del país unos 11 años entre 1920 y 1930 y en 1944; el general Alberto Salinas Carranza unos siete años de 1952 a 1959; el ingeniero Alberto Acuña Ongay unos 5 años de 1959 a 1964; el ingeniero José Rodríguez Torres unos seis años de 1970 a 1976; el ingeniero Juan Antonio Bargés Mestres unos cinco años de 1995 al 2000 y entre 2003 y 2008, es decir, unos cinco años tenemos otra longeva gestión a cargo del capitán Gilberto López Meyer ocupó cinco años de 2003 a 2008.
Lo cierto es que los breves tiempos al frente de la AFAC por parte de sus titulares no son extraordinarios, toda vez que entre los cuarenta directores de la DGAC ha habido procesos sumamente breves, menores inclusive a un año algo que me parece preocupante, como me parece la alta rotación de los titulares de áreas particularmente importantes para la seguridad, eficiencia, sostenibilidad y sustentabilidad de la aviación civil en México, ya fuese en la DGAC o actualmente en la AFAC en la que los cambios son constantes.
Y es que la complejidad de la gestión regulatoria aeronáutica en México es tal que aun perfiles con antigüedad en el medio requieren cierto tiempo para familiarizarse con el quehacer, marcos de actuación y costumbres (buenas y malas). ¿Qué decir de las decenas, si es que no centenas de novatos que han ocupado cargos de alta dirección en ella, a los que de plano a veces hay que enseñarles hasta cómo y porqué vuela una aeronave? Muchos de ellos, hay que decirlo, logran dominar las artes de su labor y terminan siendo grandes funcionarios hasta que llega un nuevo jefe y los separan del cargo.
Insisto, el problema es que todo esto impacta en la calidad de la gestión de una entidad de la mayor importancia para la correcta operación de aeronaves en el espacio aéreo mexicano, lo que me lleva a pensar que quizás sea tiempo de recuperar y aplicar en serio aquello que se conoce como “Servicio Profesional de Carrera”, mecanismo creado para garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a la función pública con base en el mérito para beneficio de la sociedad, a partir de lo cual se vayan desarrollando los cuadros competentes que inclusive encabecen dependencias que como el caso de la autoridad aeronáutica requieren muchos conocimientos, habilidades y experiencias, claro está, además de un muy buen prestigio personal y peso político.
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