
Hay errores que en aviación cuestan dinero, otros cuestan prestigio y algunos obligan a toda una industria a volar con el tren abajo.
México parece acercarse peligrosamente a estos últimos.
Apenas tres años después de recuperar la Categoría 1, la aviación mexicana vuelve a sentir turbulencia ante una revisión de la FAA y de las huestes de BRYAN BEDFORD que ha colocado bajo la lupa a la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), que dirige EMILIO AVENDAÑO GARCÍA.
Y las primeras señales no son precisamente para apagar el letrero de fasten seat belt.
Fuentes consultadas aseguran que fueron detectadas deficiencias en certificación de inglés aeronáutico, falta de personal debidamente capacitado y procedimientos administrativos pendientes de solventar.
El dato verdaderamente preocupante es que habría áreas internas de la AFAC con hasta 90 por ciento de asuntos que requieren aclaración.
Noventa por ciento.En aviación, cuando nueve de cada diez indicadores necesitan explicación, quizá el problema ya no sea explicar: es administrar.
La revisión habría comprendido cinco anexos de la OACI, relacionados, entre otros puntos, con licencias al personal, aeropuertos y navegación aérea.
La FAA deberá ahora procesar la información y formular sus observaciones.
Conviene aclararlo antes de que alguien entre en barrena: México no ha perdido la Categoría 1 y una eventual Categoría 2 tampoco significaría que nuestros aviones o aerolíneas sean inseguros.
El examen es para la autoridad.
La pregunta es si la AFAC, tiene estructura, presupuesto, inspectores, capacitación y capacidad técnica suficientes para vigilar adecuadamente una de las industrias aéreas más importantes del continente.
Y aquí aparece la turbulencia histórica.
México cayó a Categoría 2 el 25 de mayo de 2021 y necesitó más de dos años para recuperar la Categoría 1, el 14 de septiembre de 2023.
Volver a perderla sería francamente imperdonable.
No sólo porque demostraría que aprendimos a pasar el examen, pero aparentemente no necesariamente a conservar la materia aprobada.
Bajo Categoría 2, las aerolíneas mexicanas podrían conservar sus operaciones actuales hacia Estados Unidos, pero no ampliar rutas ni frecuencias.
Mientras AEROMÉXICO, VOLARIS y VIVA quedarían con las alas recortadas para crecer, sus competidores estadounidenses podrían seguir avanzando posiciones.
Magnífico negocio… para ellos.Y pésimo plan de vuelo para México.
Porque Estados Unidos no es cualquier mercado. Es nuestro principal corredor aéreo internacional y limitar la expansión mexicana significaría entregar pasajeros, rutas, ingresos y oportunidades comerciales a compañías extranjeras.
Lo preocupante es que nuevamente aparecen viejos fantasmas: personal, capacitación, procedimientos y presupuesto.
Nada sofisticado.
No estamos hablando de inteligencia artificial, satélites cuánticos ni aeronaves hipersónicas. Estamos hablando de tener suficientes inspectores, prepararlos correctamente, documentar procedimientos y dar recursos a quien tiene la responsabilidad de vigilar la seguridad aérea nacional.
Eso se llama autoridad aeronáutica.
La FAA todavía no ha dictado sentencia y sería irresponsable anunciar anticipadamente una degradación.
Pero también sería irresponsable minimizar las luces rojas.
La prioridad de la SICT debe ser sencilla: darle inmediatamente a la AFAC recursos, especialistas y autonomía técnica suficiente para solventar cada observación estadounidense.
Porque recuperar la Categoría 1 nos tomó más de dos años.
Perderla nuevamente podría tomar apenas una mala auditoría.
Y en aviación existe una regla elemental: el piloto inteligente no espera escuchar la alarma de pérdida para bajar la nariz.
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