
R.T.A.R.I. quiere decir Radio Telefonista Restringido Internacional. Según definición de Internet, es la certificación oficial de competencia lingüística en el idioma inglés requerida por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional) para pilotos y controladores aéreos. Este examen evalúa la capacidad para comunicarse de forma clara y segura en entornos aeronáuticos. Los niveles y vigencia se toman con base en los siguientes criterios: niveles 1, 2 y 3, no permiten operaciones internacionales. A partir del nivel 4 sí se pueden trabajar operaciones internacionales. El nivel 4 tiene una vigencia de tres años; el nivel 5, una vigencia de seis años, y el nivel 6, vigencia indefinida.
Esta certificación es importantísima, ya que nos permite mantener ambientes aéreos seguros. Hay países que hablan su idioma natal, como Francia, México, China y muchos otros, pero el idioma oficial, y esto no es por algún tipo de preferencia o presión, es el inglés; así se ha mantenido desde 1951, cuando la OACI recomendó su uso universal para las comunicaciones radiotelefónicas en vuelos internacionales. El proceso de adopción del idioma inglés se desarrolló de la siguiente manera: en 1944, cuando nació el Convenio de Chicago, se creó la OACI y se recomendó el uso de este idioma tras el triunfo en la Segunda Guerra Mundial por parte de los Estados Unidos y el Reino Unido. En 1951, la OACI estableció el idioma inglés como el idioma estándar global para el tráfico aéreo con el fin de unificar procedimientos y evitar malentendidos. En 2008, tras comprobar que las barreras idiomáticas eran un factor recurrente en accidentes aéreos (como ejemplo, el desastre de Tenerife en 1977), la OACI implementó una normativa que exige a todos los pilotos y controladores aéreos acreditar un nivel 4 o mayor de competencia lingüística para operar internacionalmente.
La exigencia de contar con nivel 4 en operaciones aéreas en nuestro país es muy laxa y no se ha trabajado correctamente. Lo señalo con el objeto de que nos pongamos las pilas y corrijamos el rumbo. Existe un reglamento sancionable, por cierto, que contiene lineamientos específicos; entre ellos, se contemplan reuniones ex profeso por parte de actores, instructores y demás personalidades, cosa que no se hace con la seriedad que se requiere. En nuestro país falta llevar a cabo las exigencias del reglamento; de hecho, puede revisarse la periodicidad de estas reuniones y no se ha completado, y este es un punto flaco que puede perjudicarnos en la revisión que nos hagan las autoridades que se quiera. Deben levantarse minutas y revisarlas en la siguiente sesión. Por otro lado, no se tienen instructores adecuados y preparados como se debe para cumplir esta normatividad; o no hablan buen inglés o no se preparan correctamente y, como no se siguen los lineamientos contenidos en el reglamento, pues no se obtiene la calidad de instructores que debe tenerse. No me consta que se dé corrupción en estas revisiones, pero no lo vería difícil.
Para no ir más lejos, a mí, en mi paso como autoridad, hubo directivos de muy alto nivel que llegaron a pedir que les “palomeara” el RTARI para que tuvieran oportunidad de trabajar de nuevo. Obviamente no diré nombres porque no es mi propósito, pero lo único que ofrecí fue conseguir alguna institución que diera cursos del idioma inglés aeronáutico y se sustentaran los exámenes requeridos por el reglamento. No debemos olvidar que el factor humano sigue siendo la causa principal de los accidentes en aviación y el no hablar el idioma inglés adecuadamente nos puede provocar una distracción que contribuiría a un accidente. Por cierto, sigue habiendo temas con las distracciones en cabinas de pilotos y de controladores; el tema sigue minimizándose y, al hacerlo, se juega con fuego.
Las autoridades deben sancionar duramente a quien propicia distracciones en el desempeño de las actividades en aviación. En esto intervienen los sindicatos apoyando las desviaciones al desempeño del trabajo tanto de pilotos como de controladores. En algunas redes sociales siguen “subiéndose” videos de gente bailando durante el trabajo, grabando aproximaciones y demás cosas cuando se debe tener la máxima concentración en el trabajo. ¿Qué esperamos? ¿Que nos llevemos un susto y pudiera provocarse un accidente o que nos sancionen alegando que son unos injustos que no nos “dejan ser”? Desafortunadamente, los “actores” tienen una alta influencia con la alta dirección o el sindicato y satanizan a quien denuncia, o hasta puede perder su trabajo o tener problemas por ello. Lo digo con conocimiento de causa y total responsabilidad.
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