
Estimados lectores:
En junio fue anunciado que la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), convocó a un Asamblea Extraordinaria los días 19 y 20 de noviembre de este año, a fin de elegir 4 Estados miembro adicionales para integrar su Consejo que actualmente está formado por 36. Lo anterior, como respuesta a la entrada en vigor el pasado 12 de junio, del Protocolo de 2016 que modifica el artículo 50(a) del Convenio sobre Aviación Civil Internacional.
Este incremento pretende fortalecer la representación de los Estados miembros dentro del órgano encargado de supervisar las políticas, normas y estrategias que rigen la aviación civil internacional. Adicionalmente, se busca tener mayor representación geográfica en países cuyo peso en el tráfico aéreo ha crecido, participen directamente en la toma de decisiones, mejorar el desarrollo normativo mediante un consenso más amplio y robusto al debatir estándares sobre seguridad operacional, sostenibilidad ambiental y conectividad, integrar mayor experiencia técnica para hacer frente a la transformación tecnológica del sector, pues la Comisión de Aeronavegación también se incrementaría de 19 a 21 Estados miembro y asegurar que los objetivos estratégicos del transporte aéreo sean inclusivos y reflejen las prioridades de toda la comunidad internacional.
La retórica suena bien, cerca esta de parecer un discurso político de la Cámara de Diputados o de Senadores, sin embargo, lo tangible sigue preocupando, más allá de una iniciativa en donde solamente el 20% de 193 Estados miembro tiene representación en el Consejo y privilegios ejecutivos, normativos y diplomáticos que deciden sobre el futuro de la aviación civil mundial, la tasa global de accidentes aéreos no ha disminuido como se esperaba (de 1.42 en 2024 a 1.32 en 2025), el número de víctimas mortales aumentó en 2025 respecto al año anterior (muy lejos del objetivo de la OACI de cero víctimas en accidentes aéreos para 2050), muchos Estados aún no implementan un Programa Estatal de Seguridad Operacional, se continúa siendo reactivo ante amenazas emergentes (Inteligencia Artificial y drones brillan por su ausencia en el Anexo 17), la aviación ejecutiva sigue siendo terreno fértil sin regular o sin vigilancia por parte del Estado, la metodología de evaluación de riesgos es obsoleta y poco flexible al contexto actual, un SMS que no es posible integrarlo con otros sistemas de gestión, la escasez de créditos elegibles y participación desigual entre países en el programa CORSIA, entre otras muchas lagunas y áreas de oportunidad por llamarlos de alguna manera, son muestra de la poca efectividad que han tenido las múltiples Resoluciones, Notas de Estudio, planes (GASP y GASEP entre ellos), memorándums, actas y demás documentos emitidos por la OACI que parecieran ser letra muerta y estar escritos en piedra: Nadie los lleva a cabo, nadie exige su cumplimiento, nadie los supervisa, nadie ayuda a que se entiendan e implementen en los Estados. Podemos tener miles de documentos elaborados con iniciativas de muy buena voluntad, que al final de cuentas, son parte de una biblioteca estéril que nadie lleva a la práctica, y mientras tanto, en esta industria tan dinámica, el tiempo es oro y a este paso ni la OACI ni la mayoría de los Estados (salvo algunos), estarán un paso adelante, porque el tiempo no perdona ni tampoco la historia, que juzgará el pobre desempeño de los que ahora presiden alguno de los ya casi 40 lugares privilegiados.
El gran secreto está en ponerse a trabajar, pues dudo mucho que 4 lugares más en el Consejo, sean la solución a todos los problemas o por lo menos a los más críticos. Queremos cero accidentes, queremos regulaciones lo suficientemente fuertes que sean capaces de garantizar un alto nivel de seguridad, queremos una vigilancia estrecha por parte de la autoridad de aviación que involucre a todos las partes interesadas, queremos menos retórica, menos discursos, menos documentos de buena voluntad, queremos hechos, queremos volar tranquilos, queremos trabajar en un aeropuerto seguro, queremos una aviación segura, queremos devolverle a la aviación ese prestigio y ser ejemplo y modelo de seguridad para otras industrias.
No basta con decir que la probabilidad de que uno muera en un accidente aéreo es considerablemente menor que morir en un accidente automovilístico si los accidentes siguen ocurriendo. No basta con jactarnos de presumir que en la aviación utilizamos el pase de abordar biométrico cuando la IA ya puede recrear tu voz y tu rostro en una imagen hiperrealista en 3 dimensiones que es capaz de burlar sistemas biométricos. No basta con tener un Plan Estatal de Seguridad Operacional si la autoridad del Estado y la OACI no vigilan su cumplimiento. No basta con decir que tenemos un SMS implementado si seguimos utilizando herramientas de evaluación de riesgos de 2006. No basta con aumentar la cantidad de asientos en el pleno del Consejo si no existe voluntad, en fin, como dice la canción de Franco De Vita…no basta…, no basta…, no basta…
Me despido con mi máxima de cada mes… recuerden que en Seguridad de la Aviación Civil, el primer error es el último.
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