
Hay momentos en que la aviación mexicana vuela en un aire tranquilo… Y otros en los que los focos de advertencia comienzan a encenderse en la cabina.
Hoy estamos otra vez entrando a una zona de turbulencia. La próxima auditoría de la FAA, que encabeza BRYAN BEDFORD, no es un simple trámite administrativo; es un examen que puede definir si México mantiene el rumbo o vuelve a caer en barrena hacia la temida Categoría 2.
La historia ya nos dio una lección. La degradación de 2010 provocó una reducción de alrededor de siete por ciento en la capacidad de vuelos hacia Estados Unidos y recuperar la confianza internacional tomó más de dos años.
Sería imperdonable repetir ese plan de vuelo.
La buena noticia es que parece imponerse la sensatez. La SICT, encabezada por JESÚS ANTONIO ESTEVA, entendió que la experiencia no siempre viste uniforme.
La incorporación, de manera honorífica, de especialistas de la talla del Ing. ROBERTO KOBEH y GILBERTO LÓPEZ MEYER para respaldar al equipo del general EMILIO AVENDAÑO GARCÍA demuestra que, en aviación, el conocimiento pesa más que los galones.
La seguridad operacional no entiende de ideologías; entiende de procedimientos, certificaciones y presupuesto.
Porque ahí sigue el verdadero enemigo: la falta de recursos. No basta con buena voluntad si la AFAC despega con combustible limitado.
Personal suficiente, inspectores capacitados y verificaciones permanentes son los motores que sostienen una categoría internacional.
Mientras tanto, otra turbulencia sacude al sector.
La diputada GISELLE YUNUEEN ARELLANO ÁVILA decidió entrarle de frente a uno de los temas más incómodos para las aerolíneas: el overbooking.
Su iniciativa propone terminar con la sobreventa sistemática de boletos, obligar a mostrar tarifas totalmente transparentes y endurecer las sanciones contra quienes dejen pasajeros en tierra por decisiones comerciales.
Es una propuesta que hará ruido en las salas de consejo de las aerolíneas. El overbooking nació como una herramienta para mejorar la ocupación de los vuelos, pero con el tiempo, en algunos casos, terminó convirtiéndose en una apuesta donde el pasajero carga con el riesgo y la empresa con la ganancia.
Ese equilibrio merece revisarse.
Claro, también habrá que evitar legislar con piloto automático. Prohibir por completo una práctica utilizada en gran parte del mundo exige un análisis técnico para no generar efectos secundarios en tarifas, conectividad y eficiencia operativa.
Hoy la aviación mexicana enfrenta dos aproximaciones críticas.
Una es conservar la confianza internacional ante la FAA; la otra, recuperar plenamente la confianza de los pasajeros.
Porque un avión puede despegar con todos los motores funcionando… pero ninguna industria llega lejos cuando pierde la confianza de quienes compran el boleto.
Ahí, precisamente, es donde comienza el verdadero plan de vuelo.
¡Queda Dicho!
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