
GE Aerospace, en colaboración con Boeing, BETA Technologie y la NASA, realizó el primer vuelo híbrido-eléctrico por encima de los 30 mil pies de altura, igualando así los niveles que alcanzan los aviones comerciales.
La campaña se valió de un sistema de propulsión híbrido-eléctrico integrado de GE Aerospace, con capacidad de un megavatio y arquitectura de múltiples kilovoltios, desarrollado como parte del proyecto Demostración en Vuelo de un Sistema de Propulsión Electrificado (EPFD) de la NASA.
Para las pruebas de vuelo, el lado derecho del avión EPFD, un Saab 340B, fue modificado con un sistema híbrido-eléctrico instalado dentro de una góndola invertida, diseñada para proporcionar ventilación adicional.
GE Aerospace compartió que el sistema incorpora motores-generadores, convertidores de potencia e inversores, controladores, cajas de engranajes de Avio Aero, hélices de Dowty, intercambiadores de calor de Unison, sensores de torque, cableado del motor y un propulsor CT7; todos ellos desarrollados por la empresa.
BAE Systems suministró las baterías, mientras que Aurora Flight Sciences, subsidiaria de Boeing, proporcionó la góndola completa.
Pilotos de GE Aerospace y BETA Technologies participaron en las pruebas realizadas en Estados Unidos, donde se alcanzó este hito histórico. Durante ellas el vuelo continuo más largo operando en modo híbrido-eléctrico superó las dos horas.
BETA Technologies actuó como integrador del sistema y sus pilotos trasladaron posteriormente la aeronave al Reino Unido para exhibirse en el Farnborough International Airshow.
Un sistema híbrido-eléctrico combina un tren motriz eléctrico con una turbina de gas convencional para optimizar la gestión de la potencia durante las diferentes fases del vuelo.
Esta tecnología es altamente compatible con distintos tipos de combustible y con arquitecturas avanzadas de motores aeronáuticos, como el concepto Open Fan.







