
En el contexto global, la economía espacial se ha consolidado como un motor estratégico y transversal de innovación, competitividad y desarrollo. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) -de la cual México es el miembro número 25 desde el 18 de mayo de 1994-, la economía espacial abarca no solo las actividades directamente vinculadas con la exploración y utilización del espacio, sino también los impactos derivados en la sociedad y la economía a través de productos, servicios y conocimiento. En este marco, México enfrenta el reto de articular un modelo productivo que combine sostenibilidad ambiental y creatividad cultural, integrando los paradigmas de la economía circular y la economía naranja en el ecosistema espacial nacional.
La Ley General de Economía Circular de México, publicada el 19 de enero de 2026 en el Diario Oficial de la Federación (DOF), establece un marco normativo para transitar hacia un modelo de producción y consumo que reduzca residuos, optimice recursos y fomente la innovación sostenible. Por otro lado, la economía naranja impulsa la creatividad, la cultura y la innovación como motores de valor económico y social. La convergencia de ambos enfoques en el sector espacial mexicano abre la posibilidad de generar un ecosistema productivo competitivo, con capacidad de atender la demanda interna y posicionar una oferta exportable en el mercado global del NewSpace.
La economía circular en la cadena de valor espacial
La cadena de valor espacial, según la OCDE, se estructura en cinco niveles: investigación e innovación, actividades upstream, midstream y downstream, productos y servicios habilitados por el espacio, y beneficios para los usuarios finales. En cada etapa, la economía circular puede aportar estrategias para optimizar recursos y reducir impactos ambientales.
En la fase de investigación e innovación, el ecodiseño y la durabilidad de los componentes espaciales son esenciales para garantizar que los satélites, sensores y sistemas de software para satélites y vehículos de lanzamiento (cohetes), puedan ser reutilizados o actualizados. La circularidad también se aplica en la gestión de materiales avanzados, promoviendo el reciclaje de metales raros y compuestos utilizados en la fabricación de subsistemas espaciales.
En las actividades upstream, que incluyen la producción de satélites, lanzadores y sistemas de tierra, la economía circular impulsa la reutilización de componentes y la reducción de residuos industriales. La tendencia hacia lanzadores reutilizables, como los desarrollados por las grandes empresas espaciales (Falcon 9, Falcon Heavy y Starship de SpaceX; New Glenn y New Shepard de Blue Origin; Neutron de Rocket Lab, y Zhuque-3 de la empresa china LandSpace), luego de que se apruebe la Ley Nacional de Desarrollo Espacial, puede inspirar a empresas en México a fomentar proyectos similares en colaboración con universidades y centros de investigación.
Las actividades midstream, cubren infraestructura logística e intermedia (como estaciones terrestres, telemetría, control de misiones, transferencia orbital, gestión de plataformas satelitales y eliminación de desechos espaciales, entre otros), que conecta la fabricación de hardware (upstream) con los servicios al usuario final (downstream). A nivel nacional, las actividades midstream y el desarrollo espacial se estructuran de la siguiente manera:
-Infraestructura y control terrestre. Incluye el despliegue de estaciones de rastreo, telemetría y comando (TT&C) y centros de control para la gestión de constelaciones satelitales.
-Programa Espacial Mexicano (PEM). El gobierno federal oficializó el 4 de junio (2026) el programa con enfoque en el desarrollo de infraestructura satelital, fortalecimiento de la observación de la Tierra (EO) y centralización de servicios telemáticos para la seguridad nacional y la inclusión social.
-Gestión de datos e imágenes. Procesamiento, distribución y análisis de información geoespacial y de clima espacial recabada por satélites y sensores terrestres.
-Centros de desarrollo espacial en México. Actividades de ingeniería impulsadas por la Agencia Espacial Mexicana (AEM) y los Centros Regionales de Desarrollo Espacial (CREDES) en Zacatecas (2020) y Atlacomulco, Estado de México (2021), en conjunto con universidades aliadas.
En las actividades downstream, vinculadas con las operaciones satelitales, control de misiones y procesamiento de datos, la circularidad se traduce en eficiencia energética y optimización de infraestructuras digitales. El uso de energías renovables en estaciones terrestres y la gestión inteligente de datos son ejemplos de cómo reducir la huella ambiental del sector.
Asimismo, en los productos y servicios habilitados por el espacio, como telecomunicaciones, observación de la Tierra y navegación, la economía circular se refleja en la creación de soluciones sostenibles para sectores como agricultura, pesca, transporte y energía. Estos servicios permiten optimizar el uso de recursos naturales, reducir emisiones y mejorar la resiliencia frente al cambio climático.
La economía naranja como motor de innovación
La economía naranja aporta una dimensión complementaria al sector espacial, la creatividad y la innovación cultural y social. En México, este paradigma puede potenciar la apropiación social del espacio mediante proyectos educativos, artísticos y de divulgación científica que fortalezcan la identidad nacional (constructo político y social vinculado al territorio y la historia oficial, que define el sentido de pertenencia legal y colectivo) y generen cohesión social.
La producción audiovisual, la narrativa literaria y la creación de contenidos digitales vinculados con el espacio son ejemplos de cómo la economía naranja puede transformar la percepción pública del sector y fomentar la apropiación social del espacio. Asimismo, la gastronomía, el diseño y el turismo cultural pueden integrarse en proyectos espaciales, generando experiencias que vinculen la ciencia con la cultura.
En el ecosistema espacial nacional, la economía naranja puede impulsar la formación de capital humano especializado mediante programas académicos que integren ciencia, arte y tecnología. La creatividad aplicada al diseño de misiones, la comunicación de resultados científicos y la generación de productos culturales derivados del espacio contribuyen a fortalecer la demanda interna y a posicionar a México como un actor innovador en el mercado global.
Ecosistema espacial nacional y estrategias proactivas
El ecosistema espacial mexicano se compone de instituciones gubernamentales como la Agencia Espacial Mexicana (AEM), universidades, centros de investigación, empresas privadas y organizaciones civiles. La articulación de este ecosistema con los paradigmas de economía circular y naranja requiere estrategias proactivas que integren sostenibilidad, creatividad y competitividad.
En términos de productividad y competitividad, la economía circular permite reducir costos mediante la reutilización de materiales y la eficiencia energética, mientras que la economía naranja genera valor agregado a través de la innovación cultural y la apropiación social. La combinación de ambos modelos fortalece la capacidad del sector para generar mercados internos y desarrollar una oferta exportable en servicios satelitales, aplicaciones digitales y productos culturales vinculados con el espacio.
La nueva Ley General de Economía Circular de México ofrece un marco regulatorio que puede ser aplicado al sector espacial mediante políticas de gestión de residuos tecnológicos, promoción de energías limpias y fomento de la innovación sostenible. Al mismo tiempo, las políticas culturales y educativas pueden integrar la economía naranja en proyectos espaciales, incentivando la participación ciudadana y la formación de talento creativo.
El ¿Por qué? y ¿Para qué? de impulsar este modelo
La pregunta sobre el ¿por qué? y el ¿para qué? impulsar este modelo en el contexto de la nueva carrera espacial y el NewSpace se responde desde una perspectiva estratégica.
El ¿por qué? radica en la necesidad de que México se inserte en la nueva carrera espacial con un enfoque diferenciado, basado en sostenibilidad y creatividad. La economía circular garantiza que el desarrollo espacial no comprometa los recursos naturales ni genere impactos negativos irreversibles, mientras que la economía naranja asegura que la sociedad se apropie del espacio como un ámbito de innovación cultural y social.
El ¿para qué? se relaciona con los objetivos de desarrollo nacional, es decir, fortalecer la competitividad de las industrias espaciales, generar empleo especializado, posicionar a México en el mercado espacial global y contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las agendas Espacio 2030 y Agenda 2030 de las Naciones Unidas. La integración de ambos paradigmas permite que el sector espacial mexicano sea no solo un motor de desarrollo y crecimiento económico que dinamice a múltiples sectores e industrias relacionados (siendo un sector estratégico y transversal), sino también un catalizador de cohesión social y sostenibilidad ambiental.
La aplicación de los modelos de economía circular y economía naranja al sector espacial nacional representa una oportunidad estratégica para México en el contexto del NewSpace. La circularidad garantiza eficiencia y sostenibilidad en la cadena de valor espacial, mientras que la creatividad impulsa la innovación cultural y la apropiación social del espacio. La combinación de ambos paradigmas fortalece la productividad y competitividad del ecosistema espacial mexicano, generando mercados internos y una oferta exportable capaz de posicionar al país en la nueva carrera espacial. Además, responde a la necesidad de construir un modelo de desarrollo que sea ambientalmente responsable, socialmente inclusivo y culturalmente innovador.
Generación de mercados
Para generar mercados y fortalecer la demanda interna y externa en el sector espacial mexicano mediante la combinación de economía circular y economía naranja, es necesario articular un modelo productivo que integre sostenibilidad, creatividad e innovación en toda la cadena de valor espacial. Esto no solo incrementa la productividad y competitividad del ecosistema nacional, sino que también posiciona a México en el contexto del NewSpace como un actor diferenciado.
-Aplicaciones satelitales: servicios de conectividad, monitoreo ambiental y gestión de desastres que atienden necesidades locales en agricultura, transporte y seguridad.
-Ecosistema creativo: producción audiovisual, contenidos digitales y experiencias culturales vinculadas al espacio que generan demanda en educación, turismo y entretenimiento.
-Circularidad tecnológica: programas de reacondicionamiento de equipos y reutilización de materiales que reducen costos y fomentan la innovación nacional.
Estos mercados internos fortalecen la resiliencia y crean un círculo virtuoso entre sostenibilidad ambiental y apropiación social del espacio.
La expansión hacia los mercados externos
-Oferta exportable: servicios de observación terrestre, telecomunicaciones y aplicaciones de navegación que pueden ser comercializados en América Latina y otros mercados emergentes.
-Industrias creativas globales: contenidos culturales y educativos sobre el espacio que posicionan a México como un referente en diplomacia científica y cultural.
-Competitividad sostenible: diferenciación frente a otros países al integrar principios de economía circular en la manufactura y operación espacial.
La combinación de circularidad y creatividad permite que México no solo exporte tecnología, sino también cultura e innovación asociada al espacio.
Estrategias proactivas para la productividad y competitividad del sector espacial
- Clústeres aeroespaciales, vincular industria, academia y gobierno en proyectos espaciales de innovación sostenible.
- Diplomacia y gobernanza espacial, posicionar a México como mediador regional en sostenibilidad espacial y cooperación cultural internacional.
- Educación y formación, programas académicos que integren ciencia, arte y tecnología para crear capital humano especializado a través de un Plan Nacional de Formación Espacial (PNFE).
- Políticas públicas integradas, aplicar la Ley de Economía Circular y marcos culturales para impulsar proyectos espaciales con impacto social.
La combinación de economía circular y economía naranja permite a México generar mercados internos sostenibles y expandirse hacia mercados externos con una oferta diferenciada. Este modelo fortalece la productividad y competitividad del ecosistema espacial nacional, al tiempo que responde al ¿por qué? (necesidad de sostenibilidad y diferenciación) y al ¿para qué? (desarrollo económico, cohesión social y posicionamiento internacional) de impulsar este paradigma en la nueva carrera espacial y el NewSpace. En suma, la economía circular y la economía naranja ofrecen a México un marco integral para transformar su sector espacial en un motor de sostenibilidad, creatividad y competitividad global. En la siguiente colaboración plantearé la hoja de ruta estratégica para implementar esta estrategia de desarrollo espacial.
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