
Un hito histórico y el espejo de nuestras deudas pendientes.
Hay noticias que una espera durante años y que, cuando por fin llegan, se sienten como un vuelo largamente demorado que por fin recibe autorización para despegar.
El anuncio del nombramiento de Saadia Zahidi como nueva Directora General de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) es, sin duda, una noticia que marca un punto de inflexión sin precedentes para la aviación global.
Al asumir sus funciones el 1 de noviembre de 2026, Zahidi se convertirá en la novena persona, y “la primera mujer en toda la historia, en encabezar el organismo internacional”. Zahidi, sustituirá a Willie Walsh tras su mandato que termina el próximo 31 de julio de este año, y que resulta especialmente relevante destacar, que la transición va a quedar a cargo de otra mujer, Sandrine Le Borgne, como directora general interina. Todo lo que está sucediendo en este relevo, es digno de subrayarse.
Saadia cuenta con más de dos décadas de trayectoria en el Foro Económico Mundial (WEF), donde ha ejercido como Directora Gerente, fundadora del Centro para la Nueva Economía y Sociedad. Ha sido creadora y coautora de informes de referencia mundial como el “Future of Jobs” y el “Global Gender Gap Report”, integró además el panel del Secretario General de la ONU sobre el Fortalecimiento Económico de la Mujer, y es autora de Fifty Million Rising, un libro sobre el auge de las mujeres trabajadoras en el mundo musulmán. Su formación académica en Smith College, el Graduate Institute de Ginebra y la Universidad de Harvard, sumada a su trabajo pionero en equidad de género, promete enriquecer a la IATA con una perspectiva fresca, una visión estratégica y multidisciplinaria en un entorno marcado por desafíos geopolíticos, tecnológicos y de sostenibilidad.
Pero además de esa experiencia innegable, su llegada trae consigo algo que el sector necesita con urgencia, “perspectiva de género en el nivel más alto de decisión”.
Esta trascendental designación no ocurre de forma aislada; para mí resuena con fuerza como una sinergia global, en la agenda multilateral de la aviación. Apenas del 21 al 23 de julio de 2026, la Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO) celebró en Luanda, Angola, la III Cumbre Mundial de Género en la Aviación, bajo el lema emblemático “Impulsando la aviación mediante el empoderamiento de las mujeres”.
Durante este foro internacional, el Secretario General de la OACI, Juan Carlos Salazar, enfatizó la necesidad urgente de adoptar acciones concretas e inmediatas para acelerar la participación femenina en la aviación civil mundial.
Además, Salazar advirtió que “las mujeres aún enfrentan barreras estructurales complejas que limitan sus oportunidades para ingresar, permanecer y prosperar en el sector”. ¿Y qué acción más concreta que poner a una mujer al frente de la asociación que representa a unas 370 aerolíneas y el 85% del tráfico aéreo global? Para mí, la coincidencia resulta casi poética, mientras en Luanda se hablaba de empoderamiento a la mujer, en Ginebra se anunciaba un nombramiento histórico.
El nombramiento de Zahidi fortalece directamente los objetivos institucionales planteados por la IATA a través de su iniciativa 25by2025, la cual buscaba elevar la representación de las mujeres en puestos directivos y áreas subrepresentadas al 25% para el año 2025. Si bien los estragos de la pandemia del COVID-19 afectaron severamente los ritmos de implementación a escala global e impidieron alcanzar plenamente esa meta en los plazos previstos, la llegada de Zahidi revitaliza el compromiso de la industria con la equidad de género y la inclusión efectiva.
La amarga realidad: Sexismo y edadismo en pleno 2026.
Sin embargo, la satisfacción que nos produce este avance histórico, se ve empañada por la persistencia de prejuicios culturales profundamente arraigados en nuestro propio entorno. Y no necesito ir a las estadísticas para comprobarlo, me bastó con leer las reacciones de algunos compañeros de un grupo de aviación del que formo parte, cuando se compartió la noticia de la designación de Saadia. “Se ve muy joven y no creo que sepa lo necesario para ser responsable de ese puesto”, escribió alguno de ellos, en el grupo.
Confieso que me dio tristeza leerlo para ser testigo, en pleno 2026. Tengo la absoluta certeza de que, si la persona designada hubiese sido un hombre con la misma edad, trayectoria directiva en el WEF y credenciales académicas en Harvard, jamás habrían surgido cuestionamientos sobre su capacidad.
Lo que atestigüé, no es más que la manifestación tangible del sesgo de género y el edadismo articulado en una misma expresión descalificadora. Estos comentarios reafirman la cruda de las palabras hechas por el Secretario General de la OACI, Juan Carlos Salazar en Luanda. “Las barreras más difíciles que enfrentan las mujeres no son únicamente normativas o institucionales; son, sobre todo, culturales”.
Cuando el cuestionamiento a la idoneidad profesional de una líder de talla internacional se enmascara bajo la crítica a su apariencia o juventud, presenciamos la intersección de múltiples formas de discriminación. Este tipo de juicios, lejos de aportar al debate técnico o corporativo, solo ponen de manifiesto un claro desconocimiento de su trayectoria y perpetúan las brechas que el sector urge cerrar.
Lo que esta noticia significa para mí.
Permítanme, por esta vez, dejar a un lado el análisis y hablar desde el corazón.
Quien me conoce, sabe que el impulso a las mujeres en la aviación, es para mí una causa personal, profesional y académica. A nivel personal, me siento sumamente feliz y profundamente orgullosa de lo que esta designación a nivel mundial representa. Porque soy mujer. Porque he sufrido en carne propia esos mismos sesgos que hoy señalo en estas líneas, esas barreras e incredulidades que intentan restar valor a nuestro criterio o a la capacidad profesional.
Por ello, ver a Saadia Zahidi alcanzar esta cima resuena con una fuerza especial en mi vocación. Tanto en mi rol como directora universitaria y académica, donde impulsamos la formación de las futuras generaciones de la aviación, como desde el micrófono de mi podcast, donde mantengo el compromiso firme de visibilizar y respaldar el talento femenino en el sector aeronáutico. Cuando una dedica parte de su vida a abrir puertas para otras, logros como este, se sienten como una victoria compartida.
Comprobar que paso a paso vamos conquistando más espacios de decisión, nos demuestra que el esfuerzo constante rinde frutos y nos recuerda que esta no es una batalla aislada. Pero quiero decirlo con toda claridad, “esta lucha no es solo de las mujeres, es de todos”. Necesitamos a los hombres del sector como aliados, celebrando estos logros en lugar de cuestionarlos por prejuicio.
Hacia un liderazgo inclusivo y resiliente.
La llegada de Saadia Zahidi a la IATA representa mucho más que un cambio de estafeta institucional, es un testimonio de capacidad, preparación y visión de futuro.
La propia Zahidi lo expresó con claridad al aceptar el cargo, “la aviación es infraestructura fundamental para el crecimiento económico, el comercio, el turismo, el empleo y las oportunidades, y su máxima prioridad será construir, junto con todo el sector, el futuro de la aviación”.
Yo agregaría que, con su sola presencia en ese despacho de Ginebra, Saadia ya está construyendo algo más: la certeza, para miles de niñas y jóvenes que hoy sueñan con ser pilotos, ingenieras, controladoras, abogadas aeronáuticas, en aeropuertos, cabinas, talleres, aulas y salas de consejo de todo el mundo, demostrando que no hay espacio en el cielo que nos esté vedado.
Desde esta columna, celebro con entusiasmo y convicción este hito histórico. La aviación del siglo XXI exige apertura, diversidad y los mejores talentos al frente de sus instituciones.
El techo de cristal de la IATA tardó ochenta y un años en romperse. Que esos fragmentos nos sirvan de pista de despegue para impulsar el vuelo.
¡Hasta el Próximo Vuelo!
Era Calderón.
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