
Tuve el privilegio de asistir a la edición 2026 de la feria comercial y conferencia denominada MRO Americas es el evento más grande del mundo para la comunidad aeronáutica en el segmento del mantenimiento, reparación y revisión (MRO) de aeronaves, en esta ocasión celebrada en Orlando, Florida los días 21 al 23 de abril, celebrando su treintava edición.
Quiero pensar que habiendo participado en diversas capacidades que van desde un simple visitante, periodista, expositor, comprador, conferenciante o hasta integrando el comité organizador en eventos aeronáuticos dentro y fuera de México de diversa talla que van desde un humilde Festival del Aire en el Aeropuerto de Atizapán, Estado de México, hasta esa epítome de la arrogancia a la que se puede llegar en lo aeronáutica que es el Salón Internacional de la Aeronáutica y el Espacio de París, pasando por ediciones de la HELI-EXPO hoy día VERTICON de la Helicopter Association International (HAI), de la Convención y Exhibición de Aviación Ejecutiva de la National Business Aviation Association de los Estados Unidos (NBAA-BACE), el Foro de Líderes de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA) y decenas de simposios de corte cultural aeronáutico, sumando a ello centenares de ferias comerciales de industrias fuera del ámbito de lo aéreo, como son las de los muebles de oficina, el turismo (incluyendo el Tianguis Turístico en México), metalmecánica, plásticos, transporte, seguridad, artes gráficas, mercancías en general, y automotriz, por citar algunos rubros, estoy en condiciones de comentar con mis estimados lectores sobre aquello que percibí al acudir a un evento tan importante como es el MRO AMERICAS.
Pero volvamos al evento que da origen a esta entrega:
De acuerdo a cifras de los organizadores, caso notable de la importantísima revista especializada en aviación “Aviation Week”, asistimos más de 17,000 personas y mil expositores procedentes de 93 países. Y ahí estaba este columnista haciendo además alguna labor profesional, eso sí, como siempre con ojos abiertos y oídos destapados para hacer lo suyo.
Creo que es importante destacar que MRO AMERICAS es un evento realmente profesional al que solamente pueden y deben asistir verdaderos integrantes de la especialidad con el objetivo de hacer negocios, socializar o actualizarse. A MRO AMERICAS no se va a ver aviones o a coleccionar artículos promocionales sino a interactuar con bases con expertos y líderes de la industria. Claro está que se vale invocar en los encuentros a la cultura aeronáutica como esa parte esencial de la actividad, algo que como siempre procuro hacer aun en los foros de más alto nivel, toda vez que me otorga un a veces muy valioso y oportuno diferenciador que me permite abrir ciertas puertas.
La organización me sorprendió gratamente, algo que es propio de este tipo de eventos en los Estados Unidos. Percibí un ambiente neutral respecto al presente y futuro de las actividades MRO globales con algunas empresas manteniendo una visión positiva del negocio mientras que algunas otras comienzan a preocuparse de las consecuencias del entorno militar y económico en la demanda de vuelos y por ende de sus servicios, lo anterior con la siempre presente amenaza a la seguridad que suponen los componentes y refacciones falsas o caducas que bien sabido son el centro de un cuantioso mercado negro de alcance mundial.
Respecto a la participación de actores latinoamericanos, especialmente mexicanos puedo comentar que me encontré con stands de gobiernos estatales (Chihuahua), organismo del gremio (FEMIA), alguna empresa mexiquense de ingeniería y talleres, caso notable del de Mexicana MRO que me da gusto verlo aun peleando en el mercado.
Sobra decir que tal y como le “debe” ocurrir a cualquier asistente a un evento de este calibre, sea en calidad de lo que sea, terminé exhausto y más a mis casi 65 años de edad. Y digo “debe” toda vez que quien no termine extremadamente cansado luego de participar en él, o no hizo bien su trabajo o no lo recorrió como se merece. Aun así no tengo dudas que el esfuerzo de asistir valió la pena y por ende lo recomiendo a mis lectores para una futura edición.
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