
La nueva economía espacial global del NewSpace está transformando la forma en que los países participan en las actividades espaciales mediante modelos basados en innovación, emprendimiento, sustentabilidad y creación de valor. En este contexto, México posee una oportunidad histórica para construir un modelo de desarrollo espacial diferenciado que combine los principios de la economía circular y la economía naranja. La reciente Ley General de Economía Circular de México (Enero, 2026) establece un marco normativo orientado a extender la vida útil de productos, minimizar residuos, promover la responsabilidad extendida del productor y fortalecer cadenas de valor sostenibles. Paralelamente, la economía naranja, definida por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como el conjunto de actividades que transforman creatividad, conocimiento y propiedad intelectual en bienes y servicios de valor económico, ofrece mecanismos para generar industrias espaciales de alto valor agregado.
La convergencia de ambos enfoques permite plantear un nuevo paradigma para el desarrollo del sector espacial nacional, donde la innovación tecnológica, la sostenibilidad ambiental, la creatividad cultural y la competitividad internacional se convierten en factores complementarios para fortalecer la cadena de valor espacial nacional. Este artículo, que complementa la colaboración de la semana anterior, analiza cómo dicha integración puede aplicarse al ecosistema espacial mexicano durante el periodo 2026–2035 mediante una hoja de ruta.
La economía espacial mundial atraviesa un proceso de expansión acelerada impulsado por la democratización de acceso al espacio, principalmente debido a la reducción de costos de lanzamiento, la miniaturización de satélites, el crecimiento de los servicios basados en datos espaciales y la creciente participación del sector privado. Esta tendencia, conocida como NewSpace, ha modificado profundamente la estructura tradicional de la actividad espacial, permitiendo que economías emergentes participen en segmentos especializados de la cadena de valor global.
México cuenta con capacidades relevantes en manufactura aeroespacial, ingeniería, telecomunicaciones, análisis geoespacial, desarrollo de software y formación de capital humano. Asimismo, la Agencia Espacial Mexicana (AEM) identifica entre sus objetivos estratégicos el fortalecimiento del desarrollo industrial, comercial y competitivo del sector espacial nacional.
Sin embargo, para competir en la nueva carrera espacial no basta con reproducir modelos tradicionales basados exclusivamente en infraestructura y financiamiento. México requiere construir ventajas competitivas propias que permitan diferenciar su oferta tecnológica y generar nuevas fuentes de demanda interna y externa. En este sentido, la integración de la economía circular y la economía naranja puede constituir una estrategia de desarrollo innovadora y sostenible.
Economía circular y sector espacial
La Ley General de Economía Circular publicada en México establece principios orientados a incrementar la vida útil de productos, minimizar residuos, fomentar la reutilización de materiales y promover la responsabilidad extendida del productor a lo largo del ciclo de vida de los bienes y servicios. Aplicados al sector espacial, estos principios implican repensar toda la cadena de valor, desde el diseño de componentes hasta la operación de infraestructura terrestre y espacial. Los satélites, sensores, estaciones terrenas, sistemas de telecomunicaciones y equipos electrónicos podrían diseñarse bajo criterios de modularidad, reparabilidad, reutilización y reciclabilidad.
La economía circular también puede fortalecer la proveeduría nacional al estimular mercados secundarios para materiales avanzados, componentes electrónicos recuperados y procesos de manufactura sostenible. Esto permitiría reducir costos de producción, disminuir la dependencia externa y aumentar la resiliencia de las cadenas de suministro.
Desde la perspectiva de la economía espacial internacional, la cadena de valor comprende actividades upstream (investigación, desarrollo, manufactura y lanzamiento), midstream (operación de sistemas espaciales y terrestres) y downstream (servicios y aplicaciones basadas en datos espaciales). La circularidad puede incorporarse en cada uno de estos niveles, generando eficiencias productivas y ventajas competitivas sostenibles.
Economía naranja y desarrollo espacial
La economía naranja aporta una dimensión complementaria basada en creatividad, conocimiento, propiedad intelectual y producción de contenidos. Según el BID, las industrias creativas incluyen software, servicios digitales, diseño, medios audiovisuales, producción cultural y nuevas tecnologías de innovación. En el sector espacial mexicano, la economía naranja puede materializarse mediante la generación de servicios y productos derivados de las capacidades espaciales. Entre ellos destacan plataformas geoespaciales, aplicaciones digitales, visualización de datos satelitales, producción audiovisual sobre ciencia y espacio, turismo científico, videojuegos educativos, realidad virtual, robótica educativa y contenidos de divulgación.
La importancia estratégica de este enfoque radica en que el valor económico del sector espacial ya no se concentra únicamente en la fabricación de satélites o sistemas orbitales, sino en la explotación inteligente del conocimiento generado por dichas infraestructuras. Actualmente, gran parte del valor agregado de la economía espacial global se encuentra en los servicios downstream y en las aplicaciones derivadas de los datos espaciales. Por ello, la creatividad mexicana puede convertirse en un activo estratégico para desarrollar propiedad intelectual exportable y construir una identidad propia dentro del ecosistema NewSpace internacional.
Aplicación al ecosistema espacial mexicano
El ecosistema espacial nacional está integrado por instituciones gubernamentales, universidades, centros de investigación, empresas aeroespaciales, startups tecnológicas, integradores de sistemas, industrias manufactureras y usuarios finales de servicios espaciales. La combinación de economía circular y economía naranja permite articular estos actores mediante una lógica de innovación sistémica a través de un Sistema Nacional de Innovación Espacial (SNIE). Las universidades pueden generar conocimiento interdisciplinario; los centros de investigación desarrollar tecnologías sostenibles; las empresas implementar procesos circulares; las industrias creativas transformar datos espaciales en productos comercializables; y el gobierno establecer incentivos regulatorios, fiscales y financieros.
Los clústeres aeroespaciales de Querétaro, Baja California, Chihuahua y Metropolitano podrían evolucionar -a través del SNIE- hacia ecosistemas de innovación espacial circular-creativa donde converjan manufactura avanzada, inteligencia artificial, diseño digital, economía creativa y sostenibilidad ambiental. Esta convergencia favorecería la creación de nuevas empresas tecnológicas y el fortalecimiento de cadenas de proveeduría nacionales.
Generación de mercados y oferta exportable
Uno de los principales desafíos del sector espacial mexicano consiste en construir una demanda suficientemente robusta para sostener capacidades industriales nacionales. La integración de los modelos circular y naranja permite atender simultáneamente la demanda interna y externa. En el mercado interno, los servicios satelitales pueden contribuir a resolver problemas nacionales relacionados con agricultura y pesca de precisión, monitoreo ambiental, gestión hídrica, protección civil, seguridad, infraestructura crítica y conectividad digital. Estas aplicaciones incrementan la productividad de múltiples sectores económicos y justifican nuevas inversiones espaciales.
Por otra parte, la oferta exportable puede construirse sobre servicios de observación terrestre (EO), análisis geoespacial, software espacial, soluciones de inteligencia artificial, contenidos educativos, productos audiovisuales y plataformas digitales basadas en datos satelitales. La combinación de sostenibilidad y creatividad generaría una propuesta de valor diferenciada para América Latina y otros mercados emergentes. Asimismo, la creciente relevancia de criterios ESG (Environmental, Social and Governance) en los mercados internacionales favorece a empresas capaces de demostrar procesos productivos circulares y sostenibles, fortaleciendo así la competitividad internacional del sector espacial mexicano.
Hoja de ruta estratégica espacial de México 2026–2035
La primera etapa (2026–2028), fundamentos y regulación, debe enfocarse en la implementación de la Ley General de Economía Circular aplicada al sector espacial en consonancia con el Programa Espacial Mexicano (PEM) 2026-2030 (gestión de residuos tecnológicos, energías limpias en estaciones terrestres); la creación de clústeres especializados (polos de innovación aeroespacial en Querétaro, CDMX, Chihuahua y Baja California); el impulso a programas educativos interdisciplinarios y el desarrollo de proyectos piloto que incorporen componentes reutilizables y estrategias de apropiación social del espacio (misiones satelitales con componentes reciclables y campañas culturales de apropiación social del espacio).
La segunda etapa (2029–2031), expansión y oferta exportable, debe orientarse hacia la consolidación de mercados internos de servicios satelitales para agricultura, transporte y seguridad nacional; la construcción de una oferta exportable regional basada en aplicaciones geoespaciales, comercialización de servicios de observación terrestre (EO), telecomunicaciones y contenidos digitales en América Latina; el fortalecimiento de industrias creativas espaciales, producción audiovisual, turismo científico y contenidos digitales que vinculen cultura y espacio; y posicionar a México como referente regional en sostenibilidad espacial y cooperación cultural (diplomacia espacial y científica).
Finalmente, la tercera etapa (2032–2035) debe buscar la integración plena de la manufactura circular, tecnologías reutilizables, transferencia tecnológica y mercados globales de contenidos espaciales, con el objetivo de posicionar a México como referente latinoamericano en sostenibilidad espacial e innovación creativa, a partir de:
-Competitividad sostenible: integración de lanzadores reutilizables y manufactura circular en la cadena de valor espacial.-Mercados creativos globales: exportación de contenidos culturales y educativos sobre espacio, fortaleciendo la economía naranja.-Innovación tecnológica: desarrollo de software, sensores y robótica derivados de la transferencia tecnológica espacial.-ODS integrados: contribución directa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, mediante proyectos espaciales circulares y creativos.
Impacto estratégico
El impacto estratégico de la implementación de esta hoja de ruta que integra las economías circular y naranja se reflejaría en los siguientes ejes clave:
Demanda interna: servicios satelitales y proyectos culturales que fortalecen la resiliencia y cohesión social de los mercados sostenibles.Demanda externa: oferta exportable diferenciada en servicios y contenidos, por sostenibilidad y creatividad, posicionando a México en el mercado global del NewSpace.Competitividad: reducción de costos por circularidad, valor agregado y creatividad, generando un ecosistema espacial robusto, basado en innovación tecnológica y sustentabilidad como ventaja estratégica.
La convergencia entre economía circular y economía naranja ofrece una alternativa estratégica para el desarrollo espacial de México durante la próxima década. Más que un modelo sectorial, representa un nuevo paradigma capaz de articular sostenibilidad, creatividad, innovación tecnológica y competitividad internacional. El “¿por qué?” de esta estrategia radica en la necesidad de construir ventajas competitivas propias dentro de una economía espacial global cada vez más dinámica y competitiva. El “¿para qué?” consiste en generar capacidades nacionales que permitan transformar al sector espacial en un motor de crecimiento económico, innovación industrial, desarrollo regional y proyección internacional.
En el contexto del NewSpace, México puede aprovechar sus fortalezas industriales, creativas y científicas para construir un ecosistema espacial resiliente, sostenible y exportador. La combinación de economía circular y economía naranja no sólo contribuiría al cumplimiento de la nueva legislación ambiental y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y la Agenda Espacio 2030, de las Naciones Unidas, sino que también permitiría convertir al espacio en una plataforma para impulsar el desarrollo económico basado en conocimiento, creatividad e innovación durante el periodo 2026–2035, partiendo de la adecuada implementación del PEM 2026-2030.
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