
En aviación existe una regla elemental: se puede economizar combustible, optimizar rutas, reducir peso y hasta ajustar el servicio, pero jamás se recorta aquello que mantiene al avión volando con seguridad.
Parece que la llamada AUSTERIDAD REPUBLICANA todavía no termina de entenderlo.
El Proyecto de Presupuesto de Egresos 2027 plantea apenas 175.45 millones de pesos para la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), a cargo de EMILIO AVENDAÑO GARCÍA, frente a los 657.5 millones aprobados para 2026.
Hablamos de un tijeretazo cercano al 73.3 por ciento.
No es turbulencia ligera. Es meter deliberadamente la autoridad aeronáutica en barrena y después preguntarse por qué suena la alarma de pérdida.
La AFAC es responsable de certificar, inspeccionar, vigilar y supervisar técnicamente una industria que mueve millones de pasajeros, cientos de miles de operaciones y miles de millones de pesos.
ASPA, bajo la dirigencia de JESÚS ORTIZ ÁLVAREZ así como la IATA y el Colegio de Pilotos Aviadores de México ya encendieron las luces de advertencia.
Y tienen razón.
Porque los inspectores no se pagan con discursos, las verificaciones no vuelan con austeridad y las certificaciones internacionales no se solventan diciendo que “primero los pobres”.
En aviación, primero la seguridad.
La AFAC asegura que Hacienda, dónde manda ÉDGAR AMADOR ZAMORA, proporcionará recursos adicionales durante 2027. Magnífico.
Pero una autoridad aeronáutica seria necesita presupuesto, personal, capacitación y certidumbre desde el plan de vuelo, no pasar la charola cuando ya está en aproximación final.
Y aquí aparece una paradoja digna de cabina presurizada.
Mientras para vigilar toda la aviación mexicana se proyectan 175.45 millones de pesos, para Mexicana de Aviación, al mando de LEOBARDO ÁVILA BOJORQUEZ se contemplan alrededor de 881.9 millones en subsidios y apoyos fiscales.
Cinco veces más.
La aerolínea del Estado necesita recursos para crecer, incorporar sus Embraer E190-E2 y E195-E2 y construir mercado. De acuerdo.
Pero financiar generosamente al operador mientras adelgazamos al regulador es como comprar más aviones y despedir a los mecánicos.
La austeridad republicana puede funcionar para escritorios, viáticos, camionetas y ceremonias.
Aplicada indiscriminadamente a la seguridad operacional se convierte en una peligrosa ocurrencia administrativa.
Y mientras Hacienda saca las tijeras, la aviación comercial mexicana mete potencia.
Aeroméxico, bajo la dirección de ANDRÉS CONESA LABASTIDA, prepara Guadalajara-París con Boeing 787; Volaris de ENRIQUE BELTRANENA, suma desde Guadalajara rutas hacia Boston, Nashville y Raleigh-Durham; Por su parte Viva, de JUAN CARLOS ZUAZUA, fortalece Tamaulipas, donde gobierna AMÉRICO VILLARREAL ANAYA, conectando Nuevo Laredo con Tampico y Cancún; Tijuana finalmente entra al terreno del ILS categoría II.
Es decir: crecen rutas, flotas, pasajeros y exigencias técnicas.
Pero quieren una AFAC más barata.
Extraña manera de administrar un espacio aéreo.
México ya conoce el costo de perder credibilidad aeronáutica internacional.
No necesitamos otra aproximación a Categoría 2 para recordar que recuperar confianza cuesta muchísimo más que mantenerla.
La austeridad es una virtud cuando elimina grasa.
Cuando empieza a cortar músculo, deja de ser austeridad.
Y cuando alcanza la seguridad aérea, señores, ya no es ahorro.
Es volar por debajo de mínimos.
¡Queda Dicho!
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