
La aviación mexicana mantiene el morro arriba, pero la cabina ya recibe las primeras alertas de una turbulencia que sigue impactando directamente el bolsillo de los pasajeros.
La turbosina alcanzó los 149.40 dólares por barril, después de aumentar casi 18 por ciento en una semana, tras otro incremento previo de siete por ciento.
En aviación no existen milagros: cuando el combustible entra en ascenso, las tarifas tarde o temprano siguen la misma trayectoria.
Las aerolíneas podrán afinar procedimientos, optimizar rutas y exprimir cada kilogramo de combustible, pero la matemática aeronáutica no perdona.
En Aeroméxico, ANDRÉS CONESA LABASTIDA continúa moviendo la palanca correcta al convertir la ruta París-Monterrey en un servicio permanente y al incorporar en toda la flota Boeing 737 la tecnología Honeywell SURF-A, capaz de alertar a las tripulaciones sobre posibles colisiones en pista entre 15 y 30 segundos antes de un impacto.
La seguridad operacional nunca debe negociarse.
Por su parte, ENRIQUE BELTRANENA, en Volaris, entiende perfectamente que el negocio ya no consiste únicamente en vender un asiento.
La alianza con Budget, ahora de la mano de MOISÉS BEHAR, para integrar la renta de automóviles confirma que las aerolíneas buscan generar ingresos en cada etapa del viaje.
Hoy el pasajero compra un boleto… y termina adquiriendo todo un ecosistema de servicios.
Mientras tanto, la infraestructura aeroportuaria sigue operando con luces amarillas.
Cancún reportó 31 vuelos próximos con demora; Puerto Vallarta acumuló 27 retrasos; Los Cabos 24; Guadalajara registró 10 operaciones demoradas y Monterrey sumó retrasos y cancelaciones.
La demora dejó de ser una eventualidad para convertirse en parte del itinerario nacional.
Pareciera que la puntualidad ya forma parte de los servicios opcionales.
El AICM, con su política naval, de JUAN JOSÉ PADILLA OLMOS, que movilizó 44.5 millones de pasajeros durante 2025, decidió incorporar carriles rápidos de seguridad mediante pago.
La idea puede representar un buen modelo comercial, pero también exhibe una realidad incómoda: en lugar de eliminar las filas, ahora existe la posibilidad de pagar para evitarlas.
La eficiencia aeroportuaria no debería venderse como un beneficio adicional.
Y mientras Canadá, con la política de MARK CARNEY, invierte millones en Combustible Sostenible de Aviación, Europa acelera la descarbonización y fabricantes como Airbus preparan la siguiente generación tecnológica, México continúa observando el SAF desde la sala de espera.
La transición energética de la aviación ya despegó… y corremos el riesgo de llegar tarde al abordaje.
No todo son nubes de tormenta.
Monterrey busca capitalizar una derrama superior a 10 mil millones de pesos generada por el Mundial para atraer nuevas rutas internacionales; OMA, bajo la dirección de RICARDO DUEÑAS ESPRIU, impulsa una estrategia ambiental para sus aeropuertos y más de 28 millones de pasajeros; Chihuahua y Querétaro siguen consolidándose como polos de la industria aeroespacial.
México tiene una ubicación privilegiada, talento, demanda y mercado.
Lo que sigue faltando es un verdadero plan de vuelo nacional que alinee aerolíneas, aeropuertos, industria, combustibles sostenibles y autoridad aeronáutica.
Porque una cabina llena no garantiza un vuelo exitoso.
En aviación, como en la política pública, el verdadero problema no aparece durante el despegue… sino cuando llega el momento de presentar la factura.
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