
Mientras medio mundo anda distraído viendo si los ovnis del Pentágono finalmente traen marcianos o políticos interplanetarios, la aviación mundial enfrenta un problema mucho más terrenal: la turbosina.
Sí… el combustible.
Ese líquido milagroso que convierte un avión de 90 toneladas en un pájaro elegante… Y que hoy tiene a más de un directivo aeronáutico haciendo cuentas como si estuviera jugando poker en Las Vegas.
La crisis en Medio Oriente ya comenzó a pegarle al sector aéreo como turbulencia en aproximación nocturna.
Irán aprieta el Estrecho de Ormuz, Europa entra en modo alerta, Israel ya habla de enviar combustible de aviación a Alemania y las aerolíneas empiezan a admitir lo que siempre intentan esconder detrás de campañas de “viaja feliz”: cuando sube la turbosina… El pasajero paga.
Aeroméxico, la empresa al mando de ANDRÉS CONESA LABASTIDA ya reconoció ante autoridades de Estados Unidos que ha tenido que aplicar recargos y aumentar tarifas en algunas rutas.
Traducido al español de mostrador: prepárese para boletos más caros… Aunque le sonrían bonito en el check-in.
Y mientras eso ocurre, organismos internacionales ya analizan medidas de emergencia dignas de épocas de guerra: rodar aviones con un solo motor, bajar velocidades, modificar descensos y hasta flexibilizar el uso de combustibles Jet A y Jet A-1 para evitar desabasto.
Pero en México, como siempre, vivimos en una dimensión paralela donde todo “va muy bien”.
El AICM donde JUAN JOSÉ PADILLA OLMOS, hace malabares previos al mundial, recibió autorización para pasar de 44 a 46 operaciones por hora.
Dos vuelos más… Dos… Y casi faltó mariachi en el Diario Oficial.
La realidad es otra: el aeropuerto capitalino sigue operando como una terminal que intenta correr un maratón con los zapatos amarrados.
Mientras tanto, el AIFA de ISIDORO PASTOR ROMÁN presume ya ser el tercer aeropuerto de carga más importante de América Latina.
Y ahí sí hay que decirlo con seriedad: en carga, el AIFA comenzó a encontrar su verdadera pista.
Porque mientras muchos siguen obsesionados con las selfies en la terminal vacía o las filas kilométricas para llegar desde la Ciudad de México, la carga aérea sí empezó a darle sentido operativo al proyecto.
El problema es que una cosa son pallets… y otra pasajeros.
Y eso todavía no termina de despegar.
En paralelo, los aeropuertos turísticos empiezan a encender focos amarillos.
Puerto Vallarta cayó 17 por ciento en pasajeros.
Tijuana retrocedió 7.7 por ciento. Los Cabos también perdió tráfico.
Pero claro… luego aparecen los genios del escritorio diciendo que “el turismo va excelente”.
Sí. Tan excelente que las aerolíneas ya empiezan a mover tarifas como quien acomoda costales de arena antes del huracán.
Y mientras unos caen, otros buscan sobrevivir regalando incentivos.
Puebla ya ofrece descuentos del 40 por ciento en la TUA para nuevas rutas.
Eso confirma algo: hoy los aeropuertos mexicanos están peleando pasajeros como aerolíneas low cost peleando equipaje de mano.
En medio del caos aparece otro tema delicadísimo: la posible alianza Volaris-Viva.
Setenta y tres por ciento del mercado doméstico concentrado entre dos gigantes.
También suena peligrosamente parecido a esas historias donde primero prometen tarifas bajas… y luego terminan cobrando hasta por respirar cerca de la ventanilla.
Los demás solo sobrevuelan la tormenta rezando para que no se encienda la luz de “low fuel”.
¡Queda Dicho!
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







