
Hay quiebras que se anuncian en balances contables y hay suspensiones que se escuchan en silencio.
Un piloto guardando su uniforme. Una sobrecargo bajando por última vez del avión. Un mecánico que se queda mirando un hangar vacío. O el agente de tráfico que deja de escuchar el llamado de abordaje…
En la aviación, cuando una empresa cae, no sólo se apagan motores: se sacuden miles de vidas. El de la letra lo ha vivido…
El 13 de abril de 1988 comenzó la huelga en Aeronaves de México o mejor dicho, Aeroméxico, que en esos años era dirigida por ROGELIO GASCA NERI.
La interrupción de actividades, fue promovida por el sindicato de tierra, por supuestas violaciones al contrato colectivo.
Más de 400 vuelos quedaron suspendidos y cerca de 10 mil trabajadores entraron en una espiral de incertidumbre.
Días después, el 18 de abril, vino la quiebra de la paraestatal. Lo que siguió no cabe en una estadística: hipotecas sin pagar, hijos cambiando de escuela, matrimonios tensados por la angustia y carreras enteras obligadas a empezar de cero.
Muchos nombres nunca salieron en los periódicos. El comandante con 20 años de servicio. La sobrecargo que criaba sola a sus hijos. El técnico especialista que sabía escuchar una falla en un motor antes que cualquier computadora. Ellos fueron el verdadero costo de la crisis…
Gasca Neri, años después, fue premiado con la Dirección de la Comisión Federal de Electricidad…
Y como si el calendario tuviera memoria cruel, 38 años después, exactamente el mismo día, hace una semana, suspendió operaciones Magnicharters.
La decisión, derivada de observaciones financieras y la suspensión de su Certificado de Operador Aéreo por parte de la AFAC, dejó pasajeros varados, agencias de viaje en riesgo y trabajadores otra vez mirando al vacío.
La empresa fundada por AUGUSTO BOJÓRQUEZ y LUIS BOJÓRQUEZ MAZA, bajo la razón social Grupo Aéreo Monterrey, no sólo detuvo vuelos: dejó una estela de adeudos.
Según el sector turístico, las agencias de viaje enfrentan pasivos por más de 150 millones de pesos…
Pero el problema no empieza ni termina ahí.
En las últimas décadas desaparecieron, entre otras: Aviacsa, AeroCalifornia, Alma, Mexicana de Aviación, TAESA, Interjet y Aeromar.
Cada una dejó su propio cementerio laboral:
Mexicana arrastró a más de ocho mil empleados directos y afectó a miles más de forma indirecta.
Interjet colapsó con alrededor de cinco mil trabajadores entre pilotos, sobrecargos y personal operativo.
Aeromar impactó a cientos de familias especializadas en aviación regional.
TAESA, en su momento, dejó a una generación completa fuera del mapa laboral aéreo.
Y aquí viene la pregunta incómoda de cabina
¿Cuántas veces más vamos a repetir la misma ruta?
Porque siempre aparecen las mismas señales previas: deuda creciente, decisiones erráticas, expansión sin respaldo, autoridad tardía y empleados usados como fusible corporativo.
Se cortan listones, se inauguran terminales, se presume conectividad y se venden grandes planes sexenales. Pero ninguna pista nueva sustituye una administración responsable. Ningún discurso paga nóminas. Ningún boletín rescata pensiones.
El 13 de abril no debería ser sólo una efeméride amarga. Debería ser una alerta permanente para empresarios, sindicatos y gobierno.
Porque cuando una aerolínea quiebra, el titular dura un día… Pero la herida laboral dura años.
Los aviones pueden volver a volar…
Los empleos perdidos no despegan tan fácil….
¡Queda Dicho!
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