
Esto ya no es una metáfora suave. Es un jalón seco.
La aviación mexicana está montada en un sube y baja, similar al de los parques infantiles… Pero el equilibrio se rompió. Y los primeros en tocar suelo ya tienen nombre: Cancún y Tijuana.
Dos plazas clave, dos motores distintos… y el mismo síntoma: menos pasajeros.
Cuando el principal destino turístico del país pierde ritmo y la frontera más dinámica empieza a aflojar, no estamos hablando de estacionalidad.
Estamos hablando de un mercado que empieza a resentir el golpe.
Y el golpe viene desde arriba… literalmente.La turbosina se disparó y se convirtió en el factor dominante del negocio.
Ya no es un componente más de la ecuación, es la ecuación completa. Y detrás de esa escalada no hay misterio: tensión global, ruido geopolítico y decisiones de presión internacional encabezadas por DONALD TRUMP que han metido incertidumbre en el suministro energético.
Resultado: combustible caro… y boletos más caros.
Y aquí es donde el sube y baja se vuelve brutal. Sube el costo… Baja el pasajero. Sube la tarifa… Cae la ocupación.
No hay narrativa que lo maquille.Pero mientras unos se quejan del movimiento, otros ya están cambiando la jugada.
Volaris, bajo la dirección de ENRIQUE BELTRANENA MEJICANO, no está esperando a que el mercado se acomode.
Está moviendo fichas. La apuesta es clara: abrir rutas donde otros no están mirando.
Ahí entra el vuelo AIFA–Saltillo, una jugada quirúrgica.
Conectar el centro con el norte industrial, capturar flujo corporativo y posicionarse donde la competencia aún no se instala con fuerza.
Del otro lado, Viva Aerobus, comandada por JUAN CARLOS ZUAZUA, también está en modo ofensivo. Su lógica es la misma: volumen, eficiencia y expansión inteligente en mercados sensibles al precio.
Y en medio de este tablero aparece el movimiento institucional: el AIFA–Ixtepec.Una ruta que, en frío, podría parecer menor… Pero que en realidad responde a una estrategia más amplia: construir conectividad regional desde cero.
No es glamour, es músculo territorial.Cinco frecuencias semanales, incremento de asientos y una apuesta por movilidad institucional, turismo de negocios y tráfico familiar. Es decir, demanda real, no aspiracional.
Pero aquí viene el punto incómodo.Mientras las aerolíneas están saliendo a cazar mercado, del otro lado hay decisiones que juegan en contra.
Monterrey, por ejemplo, elevando la TUA a niveles que simplemente encarecen el acceso al avión.
En un entorno donde el pasajero ya está más sensible al precio, subirle más peso al boleto es, en términos simples, empujarlo fuera del sube y baja.
Y el pasajero no discute… Se va.
Hoy la aviación mexicana no está en crisis, pero sí en un momento donde se están definiendo ganadores y rezagados.
Los que entiendan que esto ya no es crecimiento automático, sino ejecución estratégica, van a sostenerse arriba.
Los que no… van a empezar a sentir cómo el juego se inclina.
Porque este sube y baja ya no es de niños.Aquí, el que no se mueve… Se cae.
¡Queda Dicho!
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