
La adopción de la inteligencia artificial (IA) en la aviación comercial se consolida como una de las principales líneas de inversión tecnológica.
Según el informe El estado de la aviación: Perspectivas de TI para el transporte aéreo en 2025 de SITA, el 79% de las aerolíneas considera la IA generativa y los modelos de lenguaje como prioridad.
Sin embargo, expertos del sector subrayan que su implementación debe responder a necesidades operativas específicas y no a modas tecnológicas.
Alexandre Decombaz, director de tecnología de SITA for Aircraft, explicó que la industria enfrenta el reto de integrar infraestructura heredada con nuevas soluciones digitales.
En este contexto, enfatizó que la IA debe demostrar su utilidad en entornos donde cada decisión impacta directamente en la operación.
El directivo advirtió que uno de los errores más comunes es asumir que la IA representa la transformación en sí misma.
“Muchos siguen considerándola como la transformación, cuando en realidad solo es valiosa si resuelve una necesidad real”, señaló.
Decombaz insistió en que la implementación debe partir de un problema concreto, evaluar si la IA aporta valor y, después, diseñar la solución.
Reconoció que herramientas como los chatbots han mostrado avances en la interacción con usuarios, pero subrayó que la industria requiere aplicaciones enfocadas en retos operativos: optimización de combustible, gestión de interrupciones y apoyo a la toma de decisiones.
“La IA debe resolver problemas operativos reales”, puntualizó.
El especialista recalcó que la IA es una herramienta y no un fin en sí mismo. Explicó que el desarrollo de modelos implica procesos más extensos que el software tradicional, con meses de entrenamiento y sin resultados inmediatos.
También distinguió entre el uso interno de la IA —para mejorar procesos de desarrollo— y su integración en sistemas operativos utilizados por personal de vuelo y control, donde los riesgos son mayores.
En operaciones de vuelo, la seguridad exige resultados deterministas: ante las mismas condiciones, el sistema debe generar respuestas consistentes.
Decombaz citó el caso de SITA OptiFlight, donde la IA analiza trayectorias y optimiza el consumo de combustible dentro de parámetros definidos. Aclaró, sin embargo, que datos críticos como el combustible a bordo deben provenir directamente de la aeronave y no de estimaciones basadas en IA.
“Si una recomendación se sale de esos límites, se bloquea. Eso no es negociable”, afirmó.
El directivo identificó al Centro de Control de Operaciones (OCC) como uno de los espacios donde la IA ya aporta valor. En estos centros, los equipos toman decisiones bajo presión y con información limitada. Allí, la IA puede analizar eventos previos y proponer alternativas.
Finalmente, advirtió que la adopción de IA implica retos en ciberseguridad y gestión de datos. El uso cotidiano de herramientas digitales por parte de los empleados introduce nuevos riesgos.
Concluyó que las aerolíneas deben abordar la IA, la ciberseguridad y la nube como parte de una misma estrategia, con énfasis en la capacitación del personal y en la definición de objetivos claros para su implementación.







