
Hay momentos en la aviación donde el discurso entra en ascenso… Y otros donde conviene revisar los instrumentos.
Lo que vimos esta Semana Santa en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), fue, sin duda, una postal potente: ocupación al cien por ciento, salas llenas y narrativa en modo “todo va viento en cola”.
La propia presidenta CLAUDIA SHEINBAUM, salió de los días de descanso y no dudó en subrayarlo: el AIFA “va muy bien”, igual que Mexicana de Aviación. Y los números, hay que decirlo, empiezan a tomar forma: 18.6 millones de pasajeros acumulados, siete millones en lo que va de 2026, más de un millón 136 mil toneladas de carga y —dato clave— punto de equilibrio financiero alcanzado desde el primer trimestre de 2024, según su director, ISIDORO PASTOR ROMÁN.
En paralelo, la nueva Mexicana —bajo la conducción de LEOBARDO ÁVILA BOJÓRQUEZ— presume más de un millón 22 mil boletos vendidos, 19 mil 900 horas de vuelo y una satisfacción del 95 por ciento.
Incluso ya tiene en ruta su plan de flota con Embraer y expansión a destinos como Acapulco y Hermosillo.
Hasta aquí, la cabina suena estable.
Pero vayamos a lo que no se dice en la “mañanera”: el costo real de volar en México.
El famoso TUA —Tarifa de Uso de Aeropuerto— se ha convertido en el pasajero incómodo de esta historia.
Hoy, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el TUA ronda aproximadamente los 30 dólares en vuelos nacionales y más de 60 dólares en internacionales, lo que en términos de mercado lo coloca entre los más altos de América Latina.
En contraste, el AIFA ha buscado jugar la carta de competitividad con un TUA más bajo, cercano a los 20 dólares en vuelos nacionales, como incentivo para aerolíneas y usuarios.
Estrategia válida… pero incompleta.Porque aquí viene la turbulencia: el pasajero no compra TUA, compra experiencia total.
Y en esa ecuación, el AIFA sigue cargando un lastre operativo: el costo de acceso es un verdadero Viacrucis.
Más de 800 pesos desde el centro de la ciudad. Restricciones al transporte por aplicación. Tiempos logísticos que no siempre juegan a favor.
Es decir, lo que ahorras en TUA, lo terminas pagando en traslado.
Entonces, ¿dónde está realmente la ventaja competitiva?
Hoy el Sistema Aeroportuario Mexicano está volando con lógica fragmentada: un AICM caro pero eficiente, saturado pero indispensable; y un AIFA más accesible en tarifa, pero aún en fase de maduración en conectividad integral.
Y mientras tanto, el usuario —ese que no sale en la foto oficial— hace cuentas.
Porque la aviación, más allá de cifras acumuladas y discursos de crecimiento de doble dígito, se define en una sola variable: decisión de compra.
El AIFA empieza a generar masa crítica, sí. Mexicana empieza a construir narrativa, también.
Pero el mercado no se conquista con ocupaciones de Semana Santa ni con métricas aisladas.
Se conquista con competitividad real.
Hoy México tiene infraestructura, tiene aerolínea estatal, tiene demanda… Pero aún le falta algo esencial: sincronización estratégica.
Porque en aviación, como en la vida, no basta con despegar.
Hay que saber mantener el plan de vuelo.
¡Queda Dicho!
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







