
El PERTE Aeroespacial, uno de los grandes proyectos industriales impulsados por el Gobierno español con fondos europeos Next Generation, afronta en 2026 un momento clave. Tras cuatro años de inversiones, convocatorias y anuncios estratégicos, el programa entra ahora en una fase decisiva en la que el desafío ya no es únicamente movilizar fondos, sino convertir las ayudas en industria, empleo y capacidad tecnológica real.
El Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica del sector aeroespacial fue lanzado oficialmente en 2022 con el objetivo de reforzar la posición de España en una industria considerada estratégica para Europa. El plan prevé movilizar más de 4,500 millones de euros entre inversión pública y privada, con actuaciones centradas en aviación sostenible, satélites, drones, digitalización y nuevas tecnologías espaciales.
La iniciativa se articula en tres grandes pilares: aeronáutico, espacial y transversal. Entre los proyectos más relevantes destacan el desarrollo de aviones cero emisiones, sistemas no tripulados, comunicaciones cuánticas vía satélite y la creación de nuevas capacidades industriales vinculadas al espacio.
También ha sido clave la puesta en marcha de la Agencia Espacial Española, creada para coordinar la política espacial nacional y dar mayor peso internacional al sector español.
En 2026, el PERTE muestra avances visibles. Empresas emergentes como PLD Space se han convertido en símbolo del nuevo impulso espacial español. La compañía ilicitana prepara el lanzamiento del cohete Miura 5, previsto para este año desde la Guayana Francesa, un paso considerado histórico para la capacidad europea de acceso al espacio.
También destacan proyectos tecnológicos desarrollados por startups nacionales como IENAI Space, ubicada en Leganés, que ha logrado desarrollar sistemas de propulsión satelital íntegramente españoles gracias, en parte, a financiación vinculada al PERTE.
Sin embargo, el balance no está exento de dudas. Parte del sector reconoce que muchas ayudas han tardado más de lo previsto en llegar y que la burocracia sigue siendo uno de los principales obstáculos. Algunas empresas, especialmente pymes tecnológicas, advierten de dificultades para transformar proyectos experimentales en negocios rentables y competitivos a escala internacional.
Otro desafío importante es la dependencia de los fondos europeos. Expertos en innovación alertan de que buena parte del crecimiento actual de la I+D española está sostenido por recursos temporales procedentes del programa Next Generation, cuyo ciclo de ejecución finaliza en los próximos años. El temor en la industria es que se produzca un frenazo inversor a partir de 2027 si no existe continuidad presupuestaria.
A ello se suma la competencia internacional. Mientras España intenta consolidar su ecosistema aeroespacial, potencias como Estados Unidos o China continúan ampliando su ventaja tecnológica y financiera. Incluso dentro de la Unión Europea, países como Francia y Alemania mantienen una posición dominante en el sector.
Pese a ello, el clima general en la industria española es de moderado optimismo. El PERTE ha permitido aumentar inversiones, atraer talento y generar un ecosistema más dinámico alrededor del espacio, los drones y las nuevas tecnologías aeronáuticas. Comunidades autónomas como Valencia, Madrid o Andalucía compiten ya por convertirse en polos aeroespaciales de referencia.
En 2026, el PERTE Aeroespacial representa algo más que un programa de ayudas públicas. Para España, supone una oportunidad de ganar peso en una industria estratégica donde se juegan la innovación, la soberanía tecnológica y la capacidad industrial. El reto ahora será demostrar que la apuesta puede mantenerse cuando desaparezca el impulso extraordinario de los fondos europeos.
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