En aviación existe una regla elemental: cuando el avión aterriza, el viaje todavía no termina.
Falta el último tramo, ese pequeño pero decisivo trayecto entre la terminal y el destino final del pasajero.
En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), bajo el almirantazgo de JUAN JOSÉ PADILLA OLMOS, esa fase del viaje se convirtió esta semana que concluyó, en términos navales una verdadera zona de vientos huracanados.
El conflicto entre taxis concesionados y plataformas como Uber y DiDi volvió a estallar, y lo hizo en el peor momento posible.
Bloqueos, operativos de la Guardia Nacional, advertencias contradictorias y miles de pasajeros atrapados en un aeropuerto que, por momentos, parecía más una terminal improvisada que el principal hub aéreo del país.
En cabina diríamos que el problema no es meteorológico, sino de navegación. La autoridad desplegó uniformes, pero no soluciones.
Se habilitaron estacionamientos, se anunciaron operativos y se emitieron advertencias… Pero el pasajero siguió caminando con maletas bajo el brazo, pagando tarifas infladas o buscando a ciegas cómo salir del aeropuerto.
Y ahí está la señal de alarma.
Administrar un aeropuerto no es colocar conos naranjas ni patrullas en los accesos.
Es anticipar conflictos, ordenar servicios, equilibrar intereses y, sobre todo, proteger la experiencia del usuario.
Cuando el sistema entra en crisis por un pleito entre taxistas y aplicaciones, el problema ya no es de movilidad terrestre: es de gobernanza aeroportuaria.
La escena deja otra lectura inevitable. La administración del AICM bajo mando naval ha demostrado capacidad para el control operativo, pero no necesariamente para la resolución estratégica de conflictos comerciales y de servicio público.
Y eso es distinto. Muy distinto.
Los aeropuertos son ecosistemas complejos donde conviven aerolíneas, concesionarios, pasajeros, servicios de transporte, comercio y logística.
Resolver fricciones en ese entorno requiere habilidades regulatorias, negociación económica y sobretodo visión de servicio.
Terreno donde las administraciones civiles, históricamente, han tenido mayor experiencia.
Mientras tanto, en otra parte del radar aeronáutico, Volaris al mando de ENRIQUE BRLTRANENA MEJICANO, celebró 20 años de operación.
Dos décadas después de despegar con apenas unos cuantos aviones, la aerolínea se consolidó como uno de los pilares del modelo de bajo costo en México.
Hoy opera más de 150 aeronaves y una red que conecta al país con decenas de destinos nacionales e internacionales.
La lección es clara: cuando hay disciplina operativa, visión empresarial y lectura correcta del mercado, la aviación mexicana sí puede ser rentable y competitiva.
El contraste no podría ser más evidente.
En el aire, una empresa privada cumple 20 años demostrando que el modelo funciona.
En tierra, el principal aeropuerto del país no logra resolver cómo sale un pasajero de la terminal sin enfrentar caos, sobreprecio o incertidumbre.
En términos aeronáuticos, el sistema sigue volando… Pero con un serio problema en el rodaje…
¡Queda Dicho!
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