
La Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) pidió abrir una investigación urgente sobre el uso del nuevo aceite Turbo Oil 2330, desarrollado por Eastman Chemical Company, debido a que su formulación busca reducir considerablemente el olor que produce cuando se vaporiza y entra al sistema de aire acondicionado de una aeronave.
El sindicato considera que esta característica podría dificultar la detección temprana de contaminación del aire por parte de pilotos y tripulantes de cabina.
Turbo Oil 2330 fue desarrollado para utilizarse principalmente en la Unidad de Potencia Auxiliar (APU), un pequeño motor instalado generalmente en la parte trasera de los aviones comerciales que suministra electricidad y aire acondicionado cuando los motores principales están apagados, además de ayudar en el arranque de éstos.
En determinadas circunstancias, una fuga de aceite puede exponerse a altas temperaturas, vaporizarse y ser absorbida por las entradas del sistema de ventilación, contaminando posteriormente las cabinas de pasajeros y de mando.
Los episodios de este tipo suelen ser identificados por un olor intenso que puede asemejarse al de calcetines sudados o un perro mojado y que, además de alertar a la tripulación, puede ir acompañado de irritación de ojos y garganta, dolor de cabeza, náuseas y otros síntomas.
Aunque la industria suele referirse a estos casos como “eventos de olor”, organizaciones de trabajadores y grupos de afectados los describen como episodios de humos tóxicos debido a la posible presencia de productos derivados del aceite degradado.
Eastman sostiene que su nuevo producto permitirá mejorar la eficiencia y utilización de las aeronaves al reducir las interrupciones asociadas con investigaciones de olores en cabina. Sin embargo, la ITF cuestionó este planteamiento al señalar que disminuir el olor no elimina necesariamente la presencia de contaminantes. “Si el aceite o sus productos calentados o degradados entran al aire de la cabina, la tripulación debe poder reconocer y reportar el evento”, señaló la federación.
“La introducción de ETO 2330 no debe resultar en menos eventos reportados simplemente porque sean más difíciles de oler”, advirtió la ITF, que exigió una revisión específica sobre las consecuencias que podría tener una menor detectabilidad.
La organización pidió que cualquier evaluación del producto considere tanto la seguridad operacional como la salud ocupacional de las tripulaciones y la capacidad de reconocer, documentar e investigar posibles casos de contaminación del aire.
El debate ocurre en momentos en que fabricantes de aeronaves enfrentan litigios relacionados con presuntos daños a la salud ocasionados por exposición a vapores de aceite. Airbus, por ejemplo, enfrenta demandas de tripulantes que aseguran haber desarrollado problemas médicos de largo plazo después de episodios de contaminación del aire en cabina, particularmente en aeronaves de la familia A320.
La campaña de la ITF cuenta con el respaldo de la Association of Flight Attendants-CWA, uno de los principales sindicatos de tripulantes de cabina de Estados Unidos, que desde hace años impulsa mayores controles sobre la calidad del aire a bordo.
La controversia en torno a Turbo Oil 2330 podría intensificar el debate regulatorio sobre si la reducción del olor representa una mejora operativa o, por el contrario, elimina una señal de alerta que actualmente permite a las tripulaciones identificar con rapidez posibles episodios de contaminación.







