
Como una “doble derrota”, así calificó Thomas Reynaert, vicepresidente senior de asuntos externos de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) la reforma al reglamento EU261 que se hizo recientemente en Europa.
Algunos temas que se tocaron durante la reforma fueron los cargos por vuelos retrasados o cancelados, cobros por equipaje en cabina, mostrar el precio final por un boleto desde el inicio del proceso de compra y la prohibición de cobrar extra por sentar juntos a niños y personas dependientes con sus familiares.
“La regulación revisada perdió la oportunidad de ayudar mejor a los pasajeros afectados por interrupciones en sus viajes. Además, no logró responder al desafío planteado por el Informe Draghi de revitalizar la competitividad europea mediante la reducción de regulaciones costosas e ineficientes”, explicó Reynaert en un artículo publicado donde menciona lo bueno, malo y feo de esta reforma.
Dentro de lo malo, a juicio del directivo, está que no se haya ampliado el umbral temporal de compensación por un retraso de tres a cinco horas.
“Las compañías han argumentado reiteradamente que tres horas no son suficientes para movilizar una aeronave de reemplazo y transportar a los pasajeros a su destino”, comentó.
Esta situación hace que las aerolíneas tengan que cancelar el vuelo y pagar la compensación para evitar que los costos derivados de retrasos más prolongados sigan aumentando.
Reynaert calificó como “lo feo” la incapacidad para comprender el verdadero propósito de un sistema de compensación a pasajeros: si funciona correctamente, debería incentivar un desempeño tan eficiente que los pagos de compensación sean excepcionales.
Sostuvo que las aerolíneas ya tienen fuertes incentivos para transportar a los pasajeros puntualmente ya sea por no perder clientes y para no tener retrasos que desajusten sus operaciones.
“Por ello, menos del 1% de los pasajeros al año terminan beneficiándose del EU261”, expuso.
Agregó que la reforma ignoró que el principal obstáculo para reducir los retrasos en Europa es el control del tráfico aéreo, el cual durante la última década ha duplicado las demoras atribuibles por su desempeño.







