
Desde el miércoles pasado, cuatro astronautas despegaron desde Florida en la misión Artemis II de la NASA, un viaje de alto riesgo alrededor de la Luna que representa el paso más audaz de Estados Unidos hasta ahora para devolver a los humanos a la superficie lunar más adelante en esta década.
El cohete Space Launch System (SLS) de la NASA, coronado por la cápsula tripulada Orion, despegó poco antes del atardecer en el Centro Espacial Kennedy, llevando a su primera tripulación —tres astronautas estadounidenses y uno canadiense— a la órbita terrestre. El vehículo espacial, de 32 pisos de altura, ascendió hacia un cielo despejado dejando una enorme columna de vapor blanco.
Jared Isaacman, administrador de la NASA, señaló que el lanzamiento es el inicio de misiones posteriores que incluirán la construcción de una base lunar para sostener “la presencia duradera que estamos tratando de crear en la superficie”.
Si la misión avanza según lo previsto, la tripulación volará alrededor de la Luna y regresará a la Tierra en una expedición de casi 10 días, llevando la nave a sus límites mientras se aventuran más lejos en el espacio que cualquier ser humano en la historia.
La misión es el primer vuelo de prueba tripulado del programa Artemis, sucesor del programa Apolo de la Guerra Fría, y el primero en 53 años en enviar astronautas más allá de la órbita terrestre hacia las inmediaciones de la Luna.
Funciona como un ensayo general clave para el objetivo de la NASA de alunizar más adelante esta década, tras una misión adicional alrededor de la Luna. La agencia apunta a 2028 para Artemis IV, que buscaría realizar el primer alunizaje en el polo sur lunar, intentando adelantarse a China, que planea una misión tripulada a esa misma región alrededor de 2030.
Minutos antes del despegue, el astronauta canadiense Jeremy Hansen, desde el interior de la cápsula Orion, declaró al control de misión en Houston: “Aquí Jeremy, vamos por toda la humanidad”.
La directora de lanzamiento, Charlie Blackwell-Thompson, expresó: “Reid, Victor, Christina y Jeremy, en esta misión histórica llevan con ustedes el corazón del equipo Artemis, el espíritu audaz del pueblo estadounidense y de nuestros socios en todo el mundo, así como las esperanzas y sueños de una nueva generación”.
Horas después del despegue, la etapa superior del cohete SLS se separó con éxito de la cápsula Orion, fabricada por Lockheed Martin, y su módulo de propulsión. Posteriormente, la tripulación comenzó uno de los primeros objetivos de prueba: maniobrar manualmente la nave alrededor de la etapa superior para demostrar su capacidad de control en caso de falla de los sistemas automáticos.
El lanzamiento representa un hito tras más de una década de desarrollo del SLS, validando el trabajo de sus principales contratistas, Boeing y Northrop Grumman, y demostrando que el sistema es capaz de transportar humanos de forma segura al espacio. No obstante, la NASA ha recurrido cada vez más a cohetes más económicos como los de SpaceX para misiones en órbita baja.
La misión Artemis II enviará a su tripulación a aproximadamente 252,000 millas (406,000 kilómetros) de la Tierra, la mayor distancia jamás alcanzada por humanos.
El récord actual, de aproximadamente 248,000 millas, pertenece a la misión Apollo 13 en 1970.
La NASA ya había lanzado Artemis I sin tripulación en 2022, enviando la nave Orion en una trayectoria similar alrededor de la Luna.
Tras alcanzar el espacio, Orion desplegó sus paneles solares y comenzó la transición a operaciones de vuelo. Aproximadamente 49 minutos después del despegue, la etapa superior del cohete ejecutó una maniobra para colocar a la nave en órbita elíptica, seguida de un segundo encendido que la llevó a una órbita alta de hasta 46,000 millas de la Tierra. Posteriormente, la nave se separó y continuó su trayectoria de forma autónoma.
En paralelo, se desplegaron cuatro CubeSats internacionales destinados a experimentos científicos y demostraciones tecnológicas, lo que refuerza el carácter colaborativo de la misión. Durante esta fase inicial, la tripulación también inició verificaciones de sistemas, incluyendo pruebas del sanitario a bordo, donde se reportó una luz de falla que está siendo evaluada por equipos en tierra.
La misión Artemis II continuó avanzando conforme al plan tras completar con éxito su maniobra de inserción translunar el 2 de abril de 2026. El encendido del motor principal de la nave Orion spacecraft, con una duración de cinco minutos y 49 segundos, fue autorizado tras el “Go” emitido por los directores de vuelo en el Centro de Control de Misiones en Houston, marcando el punto en el que la tripulación abandonó definitivamente la órbita terrestre.
Tras un periodo de descanso de aproximadamente ocho horas, el tercer día de vuelo marcó el inicio de operaciones más complejas en espacio profundo. Al despertar, la nave se encontraba a cerca de 99,900 millas de la Tierra, avanzando hacia la Luna. Entre las actividades programadas destacó la preparación para la primera maniobra de corrección de trayectoria (OTC), un encendido breve de aproximadamente ocho segundos diseñado para ajustar con precisión la velocidad y trayectoria de la nave mediante sus propulsores.
En paralelo, los equipos científicos comenzaron a definir los objetivos geológicos que la tripulación observará durante el sobrevuelo lunar, incluyendo regiones de la cara oculta como la cuenca Orientale y cráteres poco estudiados desde la Tierra.
Para el cuarto día de vuelo, la nave se encontraba a aproximadamente 169,000 millas de la Tierra. La jornada incluyó una demostración de control manual por parte de Glover, con el objetivo de evaluar el comportamiento de la nave en condiciones de espacio profundo. Asimismo, se realizó una prueba acústica de 24 horas para caracterizar el entorno sonoro dentro de la cápsula, información clave para futuras misiones de larga duración.
Durante esta fase, la tripulación también avanzó en la preparación del sobrevuelo lunar de este 6 de abril, que incluirá un periodo de seis horas de observación científica. Desde una distancia aproximada de 4,066 millas de la superficie lunar en su punto más cercano, los astronautas podrán observar el disco completo de la Luna, incluyendo regiones cercanas a los polos y parte de la cara oculta.
Además, se prevé la observación de un eclipse solar desde la perspectiva de Orion, cuando el Sol quede oculto detrás de la Luna durante aproximadamente una hora.
En paralelo, los astronautas han llevado a cabo simulaciones de preparación de cabina, configurando cámaras con lentes especializados y ensayando movimientos en microgravedad dentro de un espacio equivalente al de dos minivans, lo que subraya los desafíos operativos de la misión.
El quinto día de vuelo estuvo marcado por la evaluación del traje Orion Crew Survival System, diseñado para proteger a la tripulación en escenarios de despresurización y durante fases críticas como el amerizaje. Las pruebas incluyeron presurización, verificación de fugas, movilidad y capacidad de alimentación en microgravedad, elementos clave para validar su desempeño en misiones prolongadas.
Adicionalmente, la tripulación realizó demostraciones médicas como procedimientos de reanimación cardiopulmonar y respuesta ante asfixia, mientras se monitorean indicadores de salud mediante sensores portátiles. Estas actividades forman parte de un conjunto de experimentos orientados a comprender los efectos del entorno de espacio profundo en el cuerpo humano.
En el ámbito tecnológico, la misión también ha validado avances en comunicaciones ópticas. El sistema de transmisión láser de Orion superó los 100 gigabytes de datos enviados a la Tierra, incluyendo video de alta definición, lo que representa un paso significativo hacia futuras misiones con mayor demanda de transferencia de información, particularmente en escenarios de exploración lunar sostenida y misiones tripuladas a Marte.
La progresión de Artemis II entre sus días 2 y 5 refleja una misión que, más allá de su carácter simbólico como el regreso humano al entorno lunar, funciona como una plataforma crítica de validación operativa.
Desde navegación y comunicaciones hasta habitabilidad y desempeño humano, cada fase aporta datos esenciales para el siguiente gran objetivo del programa: restablecer una presencia sostenida en la Luna y sentar las bases de la exploración de espacio profundo en las próximas décadas.







