
Cada noche, desde la Reserva Ecológica Nuestra Señora Mundo Natural, cerca de Cosalá, Sinaloa, telescopios apuntan al cielo y registran objetos que llevan años o décadas orbitando la Tierra. No son estrellas. Son satélites que dejaron de funcionar, etapas de cohetes y fragmentos de colisiones o explosiones ocurridas en el espacio. En una noche clara pueden aparecer hasta 300 de estos objetos en la órbita geoestacionaria, a 36 mil kilómetros de altura.
Ese trabajo lo sostiene desde 2012 la Maestra en Ciencias Tatiana Nikolaevna Kokina Yurova, responsable del Centro de Astronomía de la Facultad de Ciencias de la Tierra y el Espacio de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Con un equipo reducido y recursos limitados, ha mantenido una vigilancia constante durante más de una década. El observatorio forma parte de la International Scientific Optical Network (ISON). Ha capturado más de dos millones de imágenes, identificado decenas de objetos nuevos y recuperado satélites que se consideraban perdidos. Kokina es la pionera del monitoreo óptico de basura espacial en México. Su labor silenciosa y perseverante ha colocado a Cosalá en el mapa internacional de la conciencia situacional espacial.
El foco del observatorio es la órbita geoestacionaria. Ahí se concentran satélites de telecomunicaciones, radiodifusión y meteorología de alto valor. Un impacto en esa órbita puede inutilizar un activo que cuesta cientos de millones de dólares. Los operadores pagan por información precisa sobre riesgos de colisión. Necesitan saber con anticipación si un objeto inactivo o un fragmento se acerca a su posición. Un servicio que entregue alertas de conjunción, actualizaciones de órbita y reportes de caracterización tiene demanda real y puede ser rentable.
Hoy ese potencial está contenido en un flujo de datos científicos. SpaceAI ofrece la vía para convertirlo en producto. Modelos de visión por computadora y predicción de trayectorias pueden procesar las imágenes de Cosalá a mayor velocidad, detectar cambios sutiles de órbita y generar alertas con mayor frecuencia. Un sistema bien diseñado tomaría el histórico de más de dos millones de fotografías, lo combinaría con observaciones nuevas y produciría reportes comerciales orientados a operadores de satélites. El valor no está en poseer el telescopio. Está en transformar mediciones ópticas en información de riesgo que el cliente está dispuesto a comprar.
Para que ese salto ocurra se requiere inversión en automatización, en infraestructura de procesamiento y en la formación de un equipo que asegure la continuidad del servicio. La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SEHCITI) tiene entre sus prioridades el desarrollo de capacidades espaciales aplicadas y la generación de valor a partir del conocimiento. Un proyecto que parta de una capacidad ya demostrada en Cosalá, la eleve con herramientas de SpaceAI y la oriente a un servicio comercial de evaluación de riesgos en órbita geoestacionaria encaja con esa visión. No se trata de sustituir el trabajo de la Maestra Kokina. Se trata de potenciarlo y de garantizar que la vigilancia que ella construyó durante más de doce años se convierta en una capacidad nacional sostenible y con ingresos propios.
La órbita baja concentra más volumen de basura, pero un servicio competitivo en ese régimen exige redes de radar o una cobertura óptica mucho más densa. Cosalá está especializada en GEO, donde la observación desde tierra es el método estándar y el valor por satélite es alto. Empezar por lo que ya se mide bien es la ruta más sólida.
En Cosalá ya se cuentan los objetos del cielo geoestacionario. La experiencia, los datos y la disciplina operativa existen gracias al trabajo de Tatiana Kokina. Falta la decisión de invertir para convertir esa base en un servicio comercial de evaluación de riesgos. SEHCITI puede ser el actor que haga posible ese paso.
¿Qué se necesita para que los datos de Cosalá se transformen, con apoyo de SEHCITI y técnicas de SpaceAI, en el primer servicio mexicano rentable de evaluación de riesgos en órbita geoestacionaria?
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