
A partir de mañana, 11 de mayo, el reloj de arena acelera su marcha. Estamos exactamente a un mes de que el balón ruede en el Estadio Azteca, ese coloso que el próximo jueves 11 de junio a las 13:00 horas hará historia al convertirse en el primer recinto en albergar la inauguración de tres Copas del Mundo (1970, 1986 y la que va a celebrarse ahora en 2026). Pero antes de que la afición llegue a las gradas, pasará por nuestra verdadera “primera aduana”: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).
Infraestructura: ¿Carrera contra el tiempo o meta alcanzada?
Como especialista en el sector, no puedo evitar observar con ojo crítico el estado de nuestra principal puerta de entrada. A la fecha, las obras de modernización y reacondicionamiento muestran un avance aproximado del 40% al 50% en áreas clave. Esto implica que el aeropuerto llegará al Mundial en proceso de modernización, no con el programa totalmente concluido.
Estuve recientemente en el aeropuerto y por los trabajos de remodelación había lugares de difícil acceso, tuve que ayudar a una señora mayor a bajar por unas escaleras su maleta, ya que no había un elevador disponible hasta la puerta 8. Si bien se han entregado hitos importantes (como la ampliación de estacionamientos en la Terminal 2 y la instalación de los primeros filtros migratorios autónomos o “e-Gates”), la realidad es que el pasajero aún convive con zonas de obra, desvíos y ruidos, lo cual genera bastante estrés.
Sabemos que un aeropuerto es un ente vivo, y que las remodelaciones deben ser bien planificadas para efectos de no “paralizar” el flujo y desarrollo de las operaciones, pero también, debemos entender que una buena planificación para una remodelación, debe tomar en consideración al pasajero y no debería elevar el nivel de estrés, que tienen que estar viendo por donde caminar, sin tener un accidente o lesionarse, saber por dónde subir o bajar, o llegar a su puerta, etc.
Hoy a un mes, el reto es mayúsculo: se espera que México reciba a más de 6 millones de turistas durante la justa mundialista. La gran interrogante técnica es: ¿qué pasa si las obras no se concluyen al 100% para el 11 de junio?
El factor estrés: más allá de la logística
La infraestructura no terminada no solo es un problema de estética o flujo; es un detonante de estrés psicológico.
Desde la perspectiva de experiencia del usuario (customer experience o Passenger experience), es importante señalar:
Las obras inconclusas pueden generar:
- Reducción temporal de espacios.
- Señalización provisional.
- Cambios en flujos internos.
- Mayor percepción de saturación.
Es sabido, que el pasajero promedio ya experimenta una carga de ansiedad natural previa al vuelo (el miedo a perder la conexión, el manejo de equipaje, los controles de seguridad, etc.)
Si a esto le sumamos un entorno de construcción, o remodelación, no encontrar espacios donde sentarte, ruidos, señalización provisional y aglomeraciones atípicas por el Mundial, estamos ante el caldo de cultivo perfecto para “crisis de ansiedad y colapsos nerviosos”.
Y en escenarios de alta densidad (mayor afluencia por el mundial), es más fácil que los pasajeros pueden presentar:
- Crisis de ansiedad.
- Colapsos nerviosos.
- Episodios de pánico.
- Desorientación en pasajeros internacionales.
Un aeropuerto en obra es un entorno hostil para el sistema nervioso; el caos visual y auditivo reduce la capacidad de resiliencia del viajero. La psicología aeroportuaria demuestra que el entorno físico influye directamente en la percepción de control del pasajero. Obras visibles, rutas improvisadas o tiempos prolongados pueden amplificar el estrés.
Capacitación: El capital humano como red de contención
Ante una afluencia masiva, el personal del aeropuerto (desde seguridad hasta servicios comerciales) debe ser nuestra mejor herramienta de gestión de crisis. Y hoy, ya no basta con el dominio del inglés, sino francés, portugués y otros idiomas estratégicos; la emergencia actual exige:
- Primeros Auxilios Psicológicos: Personal capacitado para detectar y canalizar ataques de pánico o colapsos nerviosos en medio de la terminal.
- Gestión de Multitudes (Crowd Management): Equipos que sepan disipar la tensión en cuellos de botella migratorios o bandas de equipaje.
- Empatía Normativa: Personal que pueda explicar los procesos legales y de seguridad sin escalar el conflicto.
- Atención a personas con capacidades diferentes: Un aeropuerto debe contar con personal capacitado para atender a personas con capacidades diferentes, o movilidad reducida, para la cantidad de personas que se va a estar atendiendo. Y un incidente mal manejado con una persona con discapacidad puede viralizarse globalmente en minutos.
En un evento que atraerá millones de visitantes, el AICM no solo necesita capacidad operativa.
Necesita capacidad humana.
Guadalajara y Monterrey: El contraste de las sedes mundialistas
No podemos hablar de la “puerta de entrada” sin mirar hacia Jalisco y Nuevo León. A diferencia de los retos estructurales del AICM, los grupos aeroportuarios privados (GAP y OMA) han pisado el acelerador, aunque con matices importantes:
- Guadalajara (GDL): El Aeropuerto Miguel Hidalgo reporta que sus adecuaciones principales ya están prácticamente listas. Con la modernización operativa y la ampliación de espacios, el aeropuerto se declara preparado para gestionar hasta medio millón de pasajeros adicionales durante el torneo. Sin embargo, el estrés para el pasajero tapatío no vendrá de las salas de espera, sino de la conectividad vial. Obras críticas como la Línea 5 del transporte público y las adecuaciones en la carretera a Chapala están en una carrera contra el tiempo para operar a finales de este mes de mayo. Un pasajero que llega a una terminal moderna, pero queda atrapado en el tráfico exterior sufre el mismo impacto en su experiencia de viaje.
- Monterrey (MTY): OMA está ejecutando una inversión ambiciosa de 8,000 millones de pesos para convertir a Monterrey en el hub más importante del país. Actualmente, se han priorizado tecnologías de autogestión: e-Gates, unidades de documentación de equipaje automatizadas y filtros de migración inteligentes ya están operativos para agilizar el flujo ante el incremento esperado del 20% en el tráfico. No obstante, al igual que en Guadalajara, el “estrés de última milla” es la preocupación; las obras de movilidad urbana en la ciudad presentan retrasos, lo que podría generar una desconexión entre la eficiencia del aeropuerto y la llegada al estadio.
La máxima justa del futbol (Mundial 2026) nos pone frente a un espejo: mientras Monterrey y Guadalajara apuestan por la tecnología y la infraestructura de vanguardia, el AICM lucha por mantener su operatividad básica entre andamios. En los tres casos, la lección es clara: la infraestructura aeroportuaria solo es efectiva si el capital humano está listo para contener el estrés de un país que, por unas semanas, será el centro de atención del mundo.
El Mundial de 2026 es la oportunidad de demostrar que los aeropuertos en el País no son solo cemento y pistas, sino un sistema capaz de cuidar la integridad emocional de quienes nos visitan. La infraestructura puede estar en proceso, pero nuestra capacidad de atención debe estar, desde hoy, en su punto más alto.
¡Hasta el Próximo vuelo!
Era Calderón
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