
Pretendo seguir publicando, tan frecuentemente como sea posible, textos que hablen bonito de algo tan hermoso como es la aviación, olvidándome, por lo menos un rato de lo feo, que sin duda, a veces tiene.
La idea de redactar esta entrega en particular con ese talante tiene mucho que ver con el hecho de que mi admirado amigo el aeronáutico e historiador Fernando Morlett invariablemente agrega alguna efeméride relacionada con la música, en particular la clásica, a ese su cotidiano “Periodiquito” que tanto aporta a la cultura aeronáutica, comenzando por la mexicana, a cuya preservación sin duda contribuye.
¿Música y aeronáutica? ¡Notas en el aire!
Recuerdo el título “Volar es un arte” de una magnífica exposición de arte pictórico que se presentó hace ya varios años en la Torre Mexicana, esa la de Xola 535 en la Ciudad de México, que para muchos de nosotros alguna vez fue nuestra casa.
Sigo pensando que, como la música, volar es un arte, de ahí que, insisto, inspirado en la labor de Morlett, me voy a dar el lujo elaborar sobre el vínculo que percibo existe entre el arte de volar y el arte de componer y ejecutar piezas musicales, comenzando por intentar recuperar la labor del maestro Candelario Castañeda, reconocido pintor mexicano contemporáneo con una fuerte veta musical que se ha distinguido por integrar a sus series pictóricas partituras musicales e imágenes de aeronaves o aviadores honrando la historia y la cultura aeronáutica, particularmente la mexicana.Si bien lo musical y lo aeronáutico convergen de varias maneras, caso por ejemplo del ambiente a bordo de las aeronaves comerciales en las que la música es empleada para calmar los nervios de algunos pasajeros “temerosos” y por ahí crear además una experiencia agradable, y del empleo de la aviación para facilitar las giras por el mundo de los grandes músicos, lo que me interesa del vínculo entre la pauta musical y un plan de vuelo para efectos esta columna se refiere a la inspiración que algunos artistas obtienen provenientes del espacio aéreo.
Entre los músicos que se han inspirado por la conjunción del vuelo y la aviación se encuentran David Gilmour de la banda Pink Floyd que compuso “Learning to Fly” reflejando su pasión personal por pilotar aeronaves y como metáfora de un nuevo comienzo en la vida; Bruce Dickinson de Iron Maiden, quien también es piloto comercial y escribió “Aces High”, inspirada en los pilotos de combate de la Batalla de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial; Lenny Kravitz y su “Fly Away”, que utiliza la sensación física y espiritual de volar como símbolo de libertad absoluta, y hasta los Beatles que grabaron una canción instrumental de la autoría de sus cuatro integrantes, llamada “Flying” para su álbum y película Magical Mystery Tour, explorando paisajes sonoros oníricos de vuelo.
En lo personal me encanta “Concorde”, composición instrumental creada en 1975 por el director de orquesta francés Franck Pourcel a pedido de Air France con motivo del vuelo inaugural del legendario avión supersónico de pasajeros en los colores de esa aerolínea.
Imposible olvidar al actor e interprete sinaloense Pedro Infante, apasionado piloto aviador que se afirma acumuló casi 3,000 horas de vuelo antes de su fatídico accidente aéreo en Mérida, Yucatán el 15 de abril del año 1957, operación en la que actuó como uno de los pilotos. Su amor por la aviación quedó grabado en su repertorio musical como intérprete de canciones que mencionan aviones, vuelos y naves espaciales, tales como “Doscientas horas de vuelo” que emplea la métrica del tiempo de vuelo como metáfora del esfuerzo realizado para volver a ver a una mujer; “El volador” cuya letra menciona textualmente volar en un platillo volador de propulsión a chorro, mezclando conceptos de la aviación moderna de la época y la ciencia ficción y “El Aeroplano”, pieza instrumental que hace alusión directa a las aeronaves de la época.
Otro grande cuya música e interpretación admiro, y que también perdió la vida en un accidente aéreo, en este caso el 12 de octubre de 1997, en Monterrey, California, piloteando en 1997 su Rutan Long EZ, fue el norteamericano John Denver, cuya música celebra la aviación, la pasión por navegar en el cielo y su identidad como piloto. Yo no sé qué opine a usted, pero su canción “Leaving on a Jet Plane” me parece fantástica, como me parece es y de hecho me emociona escuchar su “Flying for Me” escrita como un tributo a la tripulación del transbordador espacial “Challenger” que explotó al despegar de Cabo Kennedy el 28 de enero de 1986. Un dato que la verdad ignoraba era que Denver había aplicado para esa misión y así poder convertirse en el primer civil privado en un vuelo espacial.
¿Qué opina del tema que desarrollé en esta entrega, estimado lector?
Creo que en medio de tanta mala noticia, en especial relacionadas con la política, la inseguridad de los ciudadanos, la guerra y el deterioro del medio ambiente, los textos en columnas como la que me honro firmar a veces nos deben llevar a pensar en cosas agradables, aun cuando a veces refieran a ciertas desgracias, caso de las de Pedro Infante y John Denver al mando de los controles de un avión, pero cuyo amor y legado aeronáuticos más que opacar el maravilloso lazo entre la nota musical y el vuelo, lo exaltan.
Esa es mi intención con este texto: celebrar a los creadores que aman lo aéreo, algo que realizan otros aeronáuticos mexicanos, caso de un Fernando Morlett que no se cansa de hacerlo por medio de su magnífico material de divulgación histórica y para quien el tema principal de la película Aeropuerto ’79, compuesto por Lalo Schifrin, es todo un referente.Y para usted, ¿cuál es?
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