
En una columna del año 2018 comenté con mis estimados lectores que me parecía sorprendente que la aerolínea conocida como Magnicharters (Grupo Aéreo Monterrey) siguiese operando en el complicado entorno competitivo en el que se desenvolvía caracterizado por presencia en sus mercados de aerolíneas mexicanas que ofrecían no solamente las mismas tarifas (sí es que no mejores), aeronaves más nuevas, mejores horarios y frecuencias y algo muy importante: paquetes hotel-avión.
Todo parece indicar que conforme la aerolínea abruptamente dejó de volar el pasado 11 de abril y anunció un paro de operaciones de dos semanas de duración, por cierto, alegando problemas logísticos, el tiempo me dio la razón y nos ahora virtualmente nos estamos ante la liquidación de una operadora de aerotransporte de pasajeros más que se suma al creciente panteón de líneas aéreas de la historia de la aviación comercial mexicana.
En entrevista con el periódico Reforma unas horas después del anuncio califiqué la suspensión de operaciones de Magnicharters como “crónica de una muerte anunciada”, apuntando a una grave y deteriorada capacidad financiera (demostrada por la publicación unos días después de un manifiesto público por parte de algunos de sus pilotos en el cual hablan de falta de pagos, por ejemplo de viáticos) y criticando a una autoridad aeronáutica incapaz de auditarla, supervisarla correctamente a tiempo y por ende anticipando su desempeño futuro, permitiendo que la situación de Magnicharters se sume a las de otras empresas de la industria que de plano han dejado tirados a sus pasajeros en diversos aeropuertos y desprotegido a su personal.
Y es que aquello que hace que una aerolínea deje de operar, sean dos semanas o más, suele ser tan grave y por ende evidente que cualquier autoridad responsable ya lo debería tener en el radar, como debió tener a los problemas de Magnicharters desde el 19 de diciembre pasado cuando uno de sus pilotos se negó a despegar un vuelo de CDMX a Cancún, reteniendo el avión como protesta por la falta de pago de 5 meses de sueldo y su despido, atrincherándose en la cabina y dando como resultando en la intervención de las autoridades y su posterior detención.
Sobra decir que solidario como siempre he intentado serlo con la industria del aerotransporte mexicano, comenzando por los que trabajan en ella, deseo que Magnicharters retome pronto el vuelo, pero eso sí, en mejores condiciones, producto de una adecuada gestión tanto de los propietarios, administradores e insisto, autoridades. Me temo que no será el caso toda vez que en buena medida entre las autoridades y la propia empresa ya le están cortando las alas, seguramente para siempre. ¡Lamentable!
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







