
La pregunta es obligada:
¿Cómo se me ocurre plantear ante los lectores de un medio aeronáutico tan importante como A21 el cuestionamiento de porqué vuela un avión?
De hecho, cuando tengo el privilegio de estar frente a un grupo de personas para tratar con ellos conceptos básicos del quehacer del aerotransporte, suelo hacerles la misma pregunta. De la misma manera en la que estoy seguro los avezados seguidores de este medio reaccionarán, por cierto, con cierto grado de sorpresa ante el desafío, recurriendo a cualesquiera sean sus niveles de conocimiento de las artes del vuelo, sin duda en muchos casos altísimos, mis alumnos o audiencias no tardan con justicia en tratar de elaborar conceptos de física, concretamente de aerodinámica para responderme.
Pocos, realmente pocos comprenden el verdadero sentido del reto que les propongo cuando comienzo de esta manera alguna disertación y terminan por darme la respuesta que busco, misma que va más allá de válidas consideraciones técnicas propias de la ingeniería aeronáutica hacia una que refiere que un avión vuela porque alguien paga para que algo o alguien vuele, lo cual aplica tanto para operaciones civiles o militares.
De esta forma quizás podemos valorar la importancia que tiene el dinero en todo aquello relacionado con la aviación. Estoy hablando del dinero público y del privado; el primero para financiar las operaciones aéreas que el estado requiere para su seguridad, defensa, administración o desarrollo integral del país. El segundo para cubrir por ejemplo el costo de hacer negocios, de estudiar, de curarse, de sanarse, de pasear, de migrar, de ejercer una profesión o de visitar amigos o familiares.
Luego entonces, enfocándome en esto último, creo que es oportuno volver a resaltar la importancia que tiene la conservación de la fidelidad y por ende de los ingresos por venta de asientos o espacios en compartimentos de carga o equipaje en la salud de las proveedoras de servicios de aerotransporte, llámese aerolíneas.
Otro tema que he expresado una y otra vez en mis textos es la imperiosa necesidad de comprender que para que se justifique la existencia de una oferta de aerotransporte (incluyendo aeroportuaria) debe haber una demanda demostrada que lo requiere, sin la cual no habrá quien la emplee y menos pagando por ella.
Dicho de otra manera, la aviación comercial vive, y por ende sus aviones vuelan, cuando obtiene dinero, cuya fuente principal son las ventas de boletos de avión, contratos de fletamento o expedición de guías de carga, a menos que se trate de una operación altamente subsidiada por el estado o por una organización, algo que no siempre es totalmente malo, especialmente cuando hablamos de proporcionar conectividad social o empresarialmente justificada.
Me parece entonces totalmente justificado reconocer al billete o moneda (física o electrónica) como la verdadera razón por la que vuela un avión, claro está, siempre contando con la mejor ingeniería, la cual por cierto requiere también de recursos financieros para desarrollarse.
¿Respondí la duda estimado lector?
“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”







