
A pesar de los grandes esfuerzos por estabilizar a la aerolínea norteamericana de ultra bajo costo Spirit Airlines, finalmente la sentencia se cumplió y fue a la quiebra definitiva, dejando atrás a más de 15,000 empleados sin trabajo.
Intentaron todo: dos entradas al Capítulo 11, profundas reestructuraciones estratégicas y drásticos recortes de flota y horarios, dejando únicamente los que más coadyuvaban con la empresa y su situación. Lo último fue un intento gubernamental por no dejarla morir; este asunto ya está transformando el mercado de las aerolíneas estadounidenses. El último vuelo de la aerolínea fue de Detroit a Dallas.
Esta línea, con sede en Florida, culminó 34 años de operaciones con vuelos económicos por Estados Unidos y destinos internacionales en Latinoamérica. Intentaron reducir su tamaño en el corto plazo para posteriormente retomar el crecimiento. El plan consistía en generar efectivo a partir de sus operaciones para octubre y obtener un modesto beneficio para todo 2027.
Como en todos estos casos, varios fueron los factores que contribuyeron a la desaparición de Spirit, siendo la puntilla el creciente aumento de los precios del combustible, justo cuando intentaban salir de su segunda entrada al Capítulo 11.
El cese de operaciones se produjo tras los amplios y exhaustivos esfuerzos de la compañía por reestructurar el negocio, buscando transacciones para fortalecer la posición financiera y crear un camino sostenible hacia el futuro, afirmaron en la línea. A pesar de todos los esfuerzos, el reciente aumento sustancial de los precios del petróleo y otras presiones sobre el negocio afectaron significativamente las perspectivas financieras de Spirit.
Hubo arreglos con los tenedores de bonos en marzo, lo que le había permitido continuar operando como una empresa independiente; sin embargo, el repentino y sostenido aumento de los precios del petróleo no dejó otra alternativa que liquidar ordenadamente la empresa. La red de Spirit cubría aproximadamente el 5 % del mercado aéreo norteamericano y, al año, esta participación se redujo a 3.9 %, números que reflejan su debilitada posición tras los recortes de capacidad.
Lo que son las cosas: en 2010, Spirit y Frontier Airlines, su principal competidora, eran las líneas con mayor crecimiento en el país. Estas aerolíneas ampliaron rápidamente sus flotas de Airbus de un solo pasillo, sobre todo mediante acuerdos de venta y arrendamiento posterior. El viajero al que iban dirigidas las ofertas era el pasajero más sensible al precio de los boletos, ofreciendo productos básicos y servicios adicionales con cargo extra. Además, esta estrategia sirvió para que las grandes aerolíneas redujeran significativamente las tarifas aéreas y, con ello, surgiera una creciente competencia en el mercado.
Ahora bien, el colapso importante se debe al COVID-19, es decir, al cambio en la percepción de los consumidores tras la pandemia, en la que los pasajeros se alejaron de los boletos de avión de bajo costo. Spirit, al igual que la mayor parte de la industria, siguió la tendencia general de introducir productos más selectos para atraer clientes de alto poder adquisitivo; sin embargo, el esfuerzo, consideran los especialistas, fue insuficiente y tardío.
La propia historia de las aerolíneas de bajo costo y su servicio ayudaron a que los viajeros de negocios o de ocio de alto nivel fueran en contra de ellas mismas. En realidad, sí aumentaron los índices de ocupación, pero los ingresos fueron insuficientes.
Por otro lado, en Spirit calcularon mal: seguían operando grandes aviones Airbus de un solo pasillo en las principales áreas metropolitanas de Estados Unidos, compitiendo directamente con grandes aerolíneas como American Airlines, Delta Air Lines y United Airlines, estrategia que no les trajo buenos resultados debido a que los gigantes del sector desarrollaron sus propios productos de bajo costo, pero con la calidad y el servicio de las grandes empresas. Esto significó una gran presión sobre las aerolíneas de ultra bajo costo. Para acabarla de amolar vino el grave problema de los motores turbofan Pratt & Whitney (GTF) PW1100G de los A320neo, que provocó suspensiones de servicio para revisión. Spirit mantuvo decenas de aviones en tierra de forma intermitente desde 2023, lo que la perjudicó enormemente. Según analistas del sector, la deuda de la aerolínea se había disparado a 8,000 millones de dólares al momento de su segunda quiebra, por lo que endeudarse para crecer y luego perder aún más dinero fue lo que la llevó a la quiebra en dos ocasiones.
Se tomaron medidas drásticas. El año pasado, la aerolínea se retiró de más de 200 mercados con bajo rendimiento y se enfocó en áreas con mayor potencial. También redujo de manera significativa su flota, lo que significó una disminución de la deuda y de sus obligaciones de arrendamiento.
Termina primera parte.
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