
La Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (ALPA) solicitó a la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) la emisión de una normativa que obligue a las aerolíneas a instalar barreras físicas secundarias en las cabinas de mando de todas las aeronaves que actualmente se encuentran en servicio.
La organización considera que esta medida permitiría fortalecer la protección de la cabina durante las operaciones de vuelo y cerrar una brecha de seguridad que permanece abierta desde hace más de dos décadas.
La petición coincide con la entrada en vigor de la exigencia de la FAA para que todos los aviones de pasajeros de nueva fabricación destinados a aerolíneas que operan bajo la Parte 121 incorporen una barrera física secundaria instalada (Installed Physical Secondary Barrier, IPSB).
El requisito comenzó a aplicarse tras concluir un periodo de exención de un año otorgado por la autoridad aeronáutica, luego de que la fecha original de cumplimiento se fijó para agosto de 2025.
Estas barreras están diseñadas para ofrecer una protección adicional cuando la puerta de la cabina de mando debe abrirse durante el vuelo. En ese momento, la tripulación despliega un sistema físico que crea un espacio de seguridad temporal entre la cabina y la zona de pasajeros. El objetivo es reducir el riesgo de accesos no autorizados mientras uno de los pilotos entra o sale de la cabina.
ALPA señaló que la incorporación obligatoria de esta tecnología en las aeronaves nuevas constituye un avance para la seguridad aérea. La asociación impulsó esta iniciativa desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, un evento que transformó los estándares de protección en la aviación comercial y dio lugar a múltiples cambios en los protocolos de seguridad aeroportuaria y de vuelo.
Sin embargo, ALPA considera que la regulación actual no resuelve por completo las necesidades de seguridad en la aviación comercial, ya que una parte importante de las aeronaves en operación aún carece de estas barreras secundarias.
Jason Ambrosi, presidente de la asociación, señaló que, a casi 25 años de los atentados del 11 de septiembre, esta vulnerabilidad no debería persistir en la industria.
En ese sentido, exhortó a la Administración Federal de Aviación a establecer una normativa que obligue a las aerolíneas a incorporar barreras secundarias en todas las aeronaves de sus flotas en servicio, con el fin de garantizar un nivel de protección uniforme en cada vuelo, independientemente del avión asignado a una ruta.
La implementación de esta tecnología ya comenzó en algunas compañías estadounidenses. Antes de que concluyera el periodo de exención otorgado por la FAA, diversas aerolíneas incorporaron aviones nuevos equipados con IPSB directamente desde las líneas de producción. Southwest Airlines figuró entre las primeras en recibir estas aeronaves.
Aunque la regulación estadounidense no alcanza a las compañías extranjeras, expertos del sector consideran que las disposiciones emitidas por organismos como la FAA y la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) suelen influir en las prácticas de seguridad adoptadas por otros mercados, lo que podría acelerar la expansión de este tipo de barreras en la aviación comercial internacional.







