
Presto a abordar un vuelo en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) me doy cuenta de la solución arquitectónica que sus administradores le dieron con esto de las impresionantes obras de remodelación a la que lo han sometido en los últimos meses (mismas que abordaré en posteriores entregas con el análisis que el asunto merece), a un espacio que los veteranos aeroportuarios locales conocíamos como Sala C, el cual sabemos ha pasado por todo, desde sala de documentación, acceso a salas de última espera, acceso a restaurantes (¿alguien se acuerda de ese restaurante Wings con vista a la plataforma?), salones oficiales y oficinas de aerolíneas y hasta como sede de la autoridad aeronáutica mexicana, la entonces Dirección General de Aeronáutica Civil, luego de los efectos en su oficinas del terremoto del 85, y claro está, para disfrute de los que valoramos la cultura como una galería detrás de la cual, acumulando polvo, se encontraba una atractiva colección de placas y bustos alusivos a la historia del aeropuerto, la aviación y algunos de sus héroes.
La verdad es que me encantó lo que los de la Secretaría de Marina hicieron con la colección; me parece que la sacaron de esa oscuridad en la que se encontraba y la dignificaron. Me parece que la decisión y la manera como se ejecutó la obra en ese espacio le regresa al AICM mucho de ese espíritu que lo caracterizó en las décadas de los 50, 60, 70 y 80’s del siglo pasado que lo presentaba como algo más que una simple terminal de transporte.
Insisto: ¡estoy feliz! con lo que hicieron con esa exhibición en particular. Y es que como decía el filósofo y escritor español George Santayana, “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, señalando además que el progreso depende de la memoria, y mire usted que en lo aéreo hay mucho que recordar, tanto como me gustaría que no olvidemos a otros próceres aeronáuticos nacionales e internacionales que merecen ser recordados en esta galería, caso en mi opinión de un Neil Armstrong y Jimmy Doolittle en el ámbito global y de manera destacada nuestros valiosos Roberto Kobeh y Manuel Ruiz Romero.
Es así que respetuosamente invito a la comunidad aeronáutica de México, incluyendo a sus autoridades y organizaciones empresariales, gremiales o culturales a coordinarse en un esfuerzo que permita que quien por méritos deba ser sumado a los homenajeados en la “Galería de la Sala C” del AICM lo sea.
Bien decía Antoine de Saint-Exupéry : “No pedimos ser eternos, tan solo pedimos que nuestros actos no pierdan de pronto su sentido”.
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