
El contexto de la aviación se está tornando muy complicado. La guerra desatada en el Medio Oriente parece que no va a ser breve, aunque así lo digan los actores directos, y esto le da un toque indeseable de inseguridad a nuestra industria. Se multiplican las zonas con sobrevuelos prohibidos, hay portaviones por todos lados, las potencias nucleares medias están preparándose para lo peor, las fuertes están a la expectativa de que el conflicto crezca. Por lo pronto, y mientras esto sucede, la aviación civil mira con zozobra los acontecimientos tratando de predecir el futuro y diseñar la estrategia que les permita sobrevivir después de este incierto y nada halagüeño escenario. Si la guerra se prolonga debemos esperar incrementos en el petróleo, en los servicios, encarecimiento de los vuelos comerciales, dadas las desviaciones de rutas a que estarán sujetos los vuelos en el mundo para evitar zonas peligrosas por los acontecimientos bélicos, disminución en el pasaje que teme contratiempos en sus vuelos y otros inconvenientes más.
En nuestro país las cosas se van acomodando y las compañías se preparan, de igual manera, para subsistir en las mejores condiciones; por ejemplo, tenemos los deseos de unión comercial de dos aerolíneas muy importantes en México que han manejado el esquema de bajo costo, algunas veces ni tan bajo y sí con eficiencia. Viva Aerobus y Volaris manejan el 70% del pasaje doméstico, con lo cual, si se juntaran, dejarían en un segundo lugar a su poderosa competidora Aeroméxico. Falta ver que las autoridades que regulan la competencia les autoricen la propuesta, pero no se ve lejos de ser aprobada. La cantidad de aeronaves que tienen estas dos líneas es importante y a futuro quieren crecer más, a pesar de las significativas demoras en las entregas que se tienen de las fábricas a nivel mundial. Al igual, Aeroméxico cuenta con un gran número de aviones, pero se ve muy difícil competir con una empresa de la magnitud que se espera lograr con la fusión propuesta. Seguramente cotizarán en bolsa, fortalecerán sus finanzas, buscarán alguna alianza con alguna compañía externa y, de esa forma, la competencia será dura.
También debo reconocer que, a pesar de que los aviones de Viva y Volaris son nuevos y sumamente eficientes, igual que los de Aeroméxico, que ha elegido Boeing y no Airbus, es notorio cómo el pasajero ya se ha acostumbrado a las características de cada compañía y está a gusto con el servicio que se brinda; lo mismo sucede con Aeroméxico. Hacen su esfuerzo haciendo las cosas de manera diferente y, con tiempo de anticipación, puedes encontrar precios competitivos. Va a ser interesante ver cómo reacciona cada empresa para llevar más pasajeros; prevalecerá la que haga las cosas mejor en cuanto a servicio al pasajero y manejo prudente de sus costos. Solo nos queda Mexicana de Aviación, que bien a bien no se sabe qué estrategia seguirá; hasta ahora han manejado precios bajos (demasiado para mi gusto) y buen servicio, pero compitiendo no sé con quién, porque a veces parecen querer competir a las líneas establecidas, pero no se ve un futuro halagüeño a esta estrategia.
Aquí se ha hablado que el nicho que debieran explorar es el regional, que es el que no está debidamente atendido. La competencia no es pareja, el presupuesto que manejan del gobierno federal es inconmensurable; sin embargo, no creo que dure por siempre. Llegará el momento en que las condiciones cambien y se vea con ojos de, verdaderamente, hacer una aerolínea que deje dinero. Esperamos que la tormenta que se cierne al frente de la aviación mundial pueda ser manejable.
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