
En el contexto de la exploración lunar emergen diversos desafíos relacionados con la sostenibilidad espacial que obligan a una profunda reflexión sobre la gobernanza del futuro lunar. La Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA) publicó recientemente dos mensajes en LinkedIn que, aunque aparentemente abordan temas distintos, están profundamente conectados. El primero conmemora el Día Internacional de la Luna (20 de julio), destacando la renovada carrera lunar y la necesidad de impulsar la cooperación internacional. El segundo analiza el impacto previsto de una etapa de cohete desechada sobre la superficie lunar y las implicaciones jurídicas y políticas que ello plantea; juntas ambas publicaciones ofrecen una visión estratégica de uno de los grandes desafíos del siglo XXI, la gobernanza sostenible de la Luna.
El regreso de la Luna al centro de la geopolítica espacial
Durante algunas décadas, la Luna fue principalmente un símbolo histórico asociado a las misiones Apolo. Sin embargo, las cuestiones geopolíticas, estratégicas y de seguridad han formado parte desde siempre de la compleja rivalidad entre las potencias espaciales. Según la UNOOSA, el satélite natural de la Tierra vuelve a ocupar una posición central en las agendas científicas, tecnológicas y estratégicas de numerosas potencias espaciales. El interés actual, avivado por la nueva carrera espacial y el NewSpace, no se limita a la exploración científica, incluye recursos, infraestructura, comunicaciones, navegación y futuras bases permanentes, incluidos los asentamientos humanos.
La publicación con motivo del Día Internacional de la Luna nos recuerda que el aniversario del alunizaje de 1969 constituye mucho más que una celebración histórica. Representa el inicio de una nueva fase de exploración en la que participan gobiernos, empresas privadas y organizaciones internacionales. La búsqueda de hielo de agua en los polos lunares, el establecimiento de corredores logísticos y la creación de capacidades permanentes sobre la superficie lunar son objetivos que ya forman parte de planes estratégicos de varias agencias espaciales y empresas.
Desde una perspectiva estratégica, la Luna se está convirtiendo en un espacio de importancia comparable a los océanos o las rutas comerciales globales. Hoy sabemos que quien controle la infraestructura crítica lunar podría obtener ventajas científicas, económicas y tecnológicas de alcance global. Precisamente por ello, la UNOOSA insiste en que la cooperación internacional debe avanzar al mismo ritmo que el veloz desarrollo de la tecnología espacial; como parte de ello, es fundamental que el derecho espacial vigente se convierta en fuente de nuevos tratados multilaterales que garanticen la gobernanza del futuro en la Luna.
El desafío de evitar una “tragedia de los comunes” lunar
La segunda publicación de la UNOOSA introduce un ejemplo concreto de los problemas que surgen en ausencia de una gobernanza efectiva. La etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX, lanzado originalmente el 15 de enero de 2025 para transportar dos módulos de aterrizaje lunar, impactó a una velocidad aproximada de 8700 km/h. contra la superficie lunar en la madrugada del 5 de agosto de 2026 (cerca de los cráteres Einstein y Bell, en el hemisferio visible de la Luna), tras permanecer más de un año a la deriva; dejando un nuevo cráter de unos 18 metros de ancho, según imágenes de satélites de la NASA. Aunque según la NASA el evento no representa un riesgo inmediato para actividades existentes ni para áreas científicamente protegidas, si plantea cuestiones fundamentales sobre responsabilidad, contaminación y coordinación entre actores espaciales.
Lo relevante no es el impacto en sí mismo, sino lo que simboliza. En un entorno donde se espera que más de cien cargas útiles visiten la superficie lunar durante los próximos quince años, los incidentes relacionados con residuos espaciales, trayectorias abandonadas y operaciones concurrentes podrían multiplicarse significativamente; por lo que es urgente regular anticipadamente las actividades humanas en la Luna.
La historia reciente de la exploración espacial demuestra que la ausencia de mecanismos regulatorios suele generar problemas en el largo plazo. La órbita baja terrestre (LEO) ya enfrenta una creciente acumulación de basura espacial. En este contexto, la comunidad internacional dispone ahora de la oportunidad de evitar que una situación semejante se reproduzca en el entorno lunar.
Desde el punto de vista estratégico, el problema central no es solo tecnológico sino institucional. La humanidad ya posee la capacidad de llegar a la Luna. Sin embargo, lo que aún se está construyendo son las reglas para convivir allí de forma pacífica, responsable, equitativa y sostenible.
El papel del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre (OST)
La UNOOSA subraya que incidentes como el impacto previsto en la Luna están directamente relacionados con el Artículo IX del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre (OST) de 1967, uno de los pilares del derecho espacial internacional. Dicho artículo obliga a los Estados a actuar considerando los intereses de otros actores, evitar la contaminación perjudicial y realizar consultas internacionales cuando una actividad pueda interferir con operaciones de terceros.
Aunque el tratado fue redactado en plena Guerra Fría, sus principios siguen siendo vigentes y relevantes. No obstante, es necesario subrayar que el Tratado, codificado en el seno de las Naciones Unidas (Subcomisión de Asuntos Jurídicos de la COPUOS), fue concebido en una época en que solo unas pocas naciones tenían capacidad espacial y actualmente resulta insuficiente para gestionar un ecosistema lunar en el que participan empresas privadas, alianzas multinacionales y programas nacionales en rápida expansión.
La creciente complejidad de las operaciones lunares exige mecanismos más detallados para resolver cuestiones como: gestión de residuos lunares; interferencia entre misiones; protección de sitios históricos; preservación de zonas científicamente relevantes; intercambio de información operacional y el uso sostenible de recursos espaciales, entre muchos otros aspectos. Estas áreas representan los futuros campos de negociación internacional en materia de gobernanza espacial.
ATLAC, una posible arquitectura para la cooperación lunar
Uno de los elementos más importantes mencionados en ambas publicaciones es el trabajo del Action Team on Lunar Activities Consultation (ATLAC), creado bajo el marco de la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (COPUOS). El ATLAC busca desarrollar recomendaciones para mejorar la coordinación internacional de las actividades lunares. Entre los temas discutidos aparecen mecanismos de intercambio de información, transparencia operativa, predictibilidad de actividades y consultas sobre posibles interferencias entre misiones.
Desde una perspectiva estratégica, el ATLAC podría convertirse en algo similar a una autoridad coordinadora global, no necesariamente con funciones regulatorias vinculantes, pero sí capaz de establecer normas, procedimientos y buenas prácticas aceptadas por la comunidad internacional. El valor de este enfoque regulatorio radica en que evita la fragmentación. Actualmente existen iniciativas lideradas por distintos bloques geopolíticos, incluyendo los Acuerdos Artemis impulsados por Estados Unidos (junto con más de 70 países) y la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS) promovida por China y Rusia (con poco más de 10 países).
La UNOOSA ha destacado la importancia de generar espacios donde estas iniciativas puedan dialogar y compartir información. Si dicha cooperación fracasa, el riesgo es la creación de esferas de influencia separadas sobre la superficie lunar, reproduciendo dinámicas de competencia geopolítica que podrían aumentar tensiones futuras.
La sostenibilidad debe abarcar todo el ciclo de vida de una misión
Una de las observaciones más relevantes de la UNOOSA es que la sostenibilidad lunar debe comenzar desde el diseño de la misión y extenderse hasta la disposición final de cada componente utilizado. Este planteamiento amplía significativamente el concepto tradicional de sostenibilidad espacial. No basta con lograr un aterrizaje exitoso o completar objetivos científicos; también debe considerarse qué ocurrirá con los módulos, etapas de cohetes, vehículos de apoyo y otros elementos de la misión una vez concluida su función.
La experiencia terrestre ofrece una lección evidente. La gestión deficiente de residuos suele ser relativamente invisible en las etapas iniciales de una actividad económica o industrial. Sin embargo, cuando el número de actores aumenta exponencialmente, los costos ambientales y operativos se vuelven significativos.
En la Luna puede ocurrir algo similar. Debido a la ausencia de atmósfera y erosión significativa, los rastros de la actividad humana permanecen durante periodos extremadamente prolongados. Las huellas del programa Apolo siguen siendo visibles décadas después y muchos de los impactos futuros podrían mantenerse durante siglos o milenios. Por ello, la sostenibilidad lunar no es una cuestión meramente ambiental; también es una cuestión de preservación patrimonial, seguridad operacional y estabilidad política.
Implicaciones para América Latina y los países emergentes
Las publicaciones de la UNOOSA también contienen un mensaje importante para los países que aún no forman parte de las grandes potencias espaciales. La gobernanza lunar está siendo diseñada hoy, antes de que la actividad económica en el satélite alcance niveles masivos.
Esto abre una ventana de oportunidad para que las regiones como América Latina participen activamente en la formulación de las normas internacionales que delinearán la gobernanza del futuro lunar. La COPUOS y las iniciativas promovidas por su Secretariado, la UNOOSA, ofrecen plataformas multilaterales donde los Estados con capacidades espaciales emergentes pueden influir en la construcción del marco normativo futuro.
Para México y otros países de la región, la cuestión lunar ya no debe verse exclusivamente como un tema científico. Actualmente, también involucra seguridad nacional, soberanía estratégica, conciencia situacional espacial (SSA), diplomacia tecnológica, política exterior, desarrollo industrial y acceso futuro a cadenas globales de valor vinculadas al desarrollo, expansión y consolidación de la economía espacial.
Las dos publicaciones de la UNOOSA constituyen, en realidad, partes de una misma narrativa. Por un lado, el Día Internacional de la Luna celebra una nueva era de exploración caracterizada por innovación, cooperación y oportunidades sin precedentes. Por otro, el caso del cohete que impactó la superficie lunar nos recuerda que cada avance tecnológico genera consecuencias y nuevas responsabilidades colectivas.
En suma, la lección estratégica es clara, la competencia por llegar a la Luna ya comenzó, pero el verdadero desafío será gobernarla de manera sostenible. Las decisiones adoptadas durante esta década determinarán si el entorno lunar se convierte en un espacio de cooperación internacional o en otro escenario de rivalidad (Estados) y desorden (empresas). En este contexto, el trabajo de la UNOOSA, la COPUOS y el ATLAC adquiere una importancia histórica. Más que regular actividades aisladas, estas iniciativas están sentando las bases de la futura gobernanza de la civilización humana más allá de la Tierra, empezando en la Luna.
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