
Mientras la “mata sigue dando”, algunos están empeñados en discutir el aeropuerto que nunca fue, la aviación mexicana continúa haciendo lo que mejor sabe hacer: volar… Aunque en ocasiones lo haga atravesando zonas de turbulencia.
La semana pasada dejó una radiografía interesante del sector. Por un lado, el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, bajo la administración de CRYSHTIAN JOSÉ AMADOR LIZARDI, alcanzó un junio histórico con casi 14 mil operaciones, impulsado por el Mundial de Futbol.
Morelia tampoco se quedó en tierra: movilizó más de 772 mil pasajeros durante el primer semestre del año, con un crecimiento de 12 por ciento.
Son cifras que confirman que la demanda aérea sigue acelerando motores y que el mercado continúa mostrando una fortaleza que hace apenas unos años parecía lejana.
Pero en aviación no basta con despegar; también hay que mantener el vuelo estable.
El cierre temporal del Aeropuerto Intercontinental de Querétaro por condiciones meteorológicas recordó que la infraestructura debe estar preparada para responder con rapidez ante fenómenos naturales cada vez más frecuentes.
La comunicación con los pasajeros y los planes de contingencia ya no son un servicio adicional; forman parte de la seguridad operacional.
En el AICM, el espectáculo fue menos digno. La agresión de pasajeros en estado inconveniente contra personal de AEROMÉXICO y elementos de seguridad volvió a poner sobre la mesa un problema que crece en muchos aeropuertos del mundo: la indisciplina de algunos viajeros.
Ninguna aerolínea puede operar con seguridad cuando una minoría convierte la sala de abordar en un ring.
La autoridad actuó, pero quizá llegó el momento de revisar sanciones más severas para quienes ponen en riesgo la operación aérea.
En Cancún también hubo señales positivas. La supervisión encabezada por MARA LEZAMA y HÉCTOR ALONSO ROMERO GUTIÉRREZ busca agilizar procesos aduaneros y reducir tiempos de espera.
La competitividad de un aeropuerto ya no depende únicamente de la longitud de su pista; hoy también se mide en minutos ahorrados al pasajero.
Y mientras tanto, desde Palacio Nacional, CLAUDIA SHEINBAUM volvió a defender la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el famoso NAIM.
El debate político seguirá abierto, pero la realidad es otra: el sistema aeroportuario del Valle de México necesita capacidad, eficiencia y una visión de largo alcance.
La discusión no debería centrarse en lo que se canceló, sino en cómo resolver la saturación que sigue presente.
Finalmente, las declaraciones del exfiscal SAMUEL GONZÁLEZ sobre presuntas irregularidades dentro de la AFAC deberían entenderse como una llamada de atención institucional.
La autoridad aeronáutica es el altímetro de la confianza del sistema. Si pierde credibilidad, todo el sector vuela con instrumentos cuestionados.
La aviación mexicana demuestra que tiene combustible para seguir creciendo. Lo que hace falta es que la planeación, la seguridad y la supervisión despeguen a la misma velocidad.
Porque en esta industria, los récords sirven de poco si la torre de control pierde de vista el horizonte.
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