
Mientras los pasajeros buscan su sala de abordar, los sindicatos de la aviación mexicana parecen estar formando fila en la puerta de salida hacia una zona de turbulencia que amenaza con sacudir a toda la industria.
Hace apenas unos días, el 13 de mayo, la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación (ASSA), celebró 66 años de existencia.
Son seis décadas y media defendiendo a quienes muchos pasajeros identifican únicamente como quienes sirven café o indican cómo usar el chaleco salvavidas, pero que en realidad constituyen la primera línea de seguridad dentro de una aeronave.
Vale la pena recordar a personas como ROBERTO MARQUEZ, uno de los hombres que ayudaron a construir el prestigio y reconocimiento de este noble sindicato.
Este aniversario llegó además bajo una nueva administración encabezada por RAFAEL MUNGUÍA ALMEIDA.
Y hay que decirlo: desde la terminal se percibe un cambio de rumbo.
El evento conmemorativo fue más cercano a la base trabajadora y sirvió para reconocer a las y los llamados trabajadores de media ala, aquellos que durante décadas han sostenido el prestigio de la aviación mexicana.
Da la impresión de que Munguía Almeida intenta alejarse de los nubarrones que dejaron en la cabina de mando sindical la hoy senadora ALEJANDRA BARRALES MAGDALENO y posteriormente su pupilo RICARDO DEL VALLE.
Sin embargo, una cosa es despegar y otra muy distinta mantener la altitud de crucero.
Hoy ASSA enfrenta una revisión contractual y salarial que durante varias semanas mantuvo encendida la luz de advertencia en el panel principal.
Sin embargo, cuando el reloj avanzaba hacia el primer segundo del 1 de junio, la organización sindical y Aeroméxico lograron alcanzar un acuerdo que permitió conjurar el emplazamiento a huelga.
La propuesta fue aprobada por mayoría en la Asamblea General e incluye un incremento salarial general del 4.16 por ciento, ajustes en viáticos, mejoras contractuales y una revisión bianual que establece mecanismos de protección salarial para 2027.
El resultado representa el primer gran examen para el liderazgo de Rafael Munguía Almeida, quien logró llevar la negociación a una pista segura de aterrizaje evitando afectaciones para pasajeros, empresa y trabajadores.
No significa que todos los problemas hayan desaparecido ni que la turbulencia haya quedado completamente atrás, pero sí demuestra que el diálogo sigue siendo la mejor herramienta para mantener la estabilidad en una industria donde cualquier desacuerdo puede repercutir en miles de pasajeros y millones de pesos.
En otra frecuencia, el Sindicato Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo (SINACTA) también reporta condiciones meteorológicas adversas.
Los controladores aéreos, encabezados por su secretario general JOSE COVARRUBIAS, han declarado asamblea permanente y advierten que si las autoridades federales no cumplen los compromisos establecidos, la ruta también podría terminar en huelga.
Y aquí la situación merece especial atención.
Si los sobrecargos son los guardianes de la seguridad dentro del avión, los controladores son quienes separan las aeronaves en el cielo para evitar que dos trayectorias se conviertan en una tragedia.
No son empleados de escritorio.
Son profesionales sometidos a niveles de estrés que pocos podrían soportar durante una jornada laboral completa.
Por eso resulta preocupante que el radar de las autoridades parezca seguir ignorando las alertas que llegan desde la torre de control.
Y ya ni hablamos de los trabajadores de Magnicharters… Mejor dejemos ese expediente guardado en la caja negra porque ahí también hay suficientes pendientes.
Por lo pronto, desde esta columna enviamos una felicitación sincera a todas las mujeres y hombres que ejercen la profesión de sobrecargo de aviación con motivo de ayer, Día Internacional del Sobrecargo, 31 de mayo.
¡Queda dicho!
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