
La comparación de las capacidades espaciales nacionales en América Latina constituye un ejercicio estratégico para comprender el grado de desarrollo tecnológico, institucional y productivo de la región en un contexto global cada vez más competitivo y dinámico. El sector espacial ha dejado de ser un ámbito exclusivo de las grandes potencias para convertirse en un motor transversal de innovación, seguridad, desarrollo económico y sostenibilidad, con aplicaciones directas en áreas como telecomunicaciones, observación de la Tierra, gestión de desastres, agricultura, defensa y ciencia.
En este sector estratégico y transversal los países de América Latina presentan trayectorias asimétricas en la construcción de sus capacidades espaciales, determinadas por factores como el marco normativo, la inversión pública y privada, la existencia de agencias espaciales, la articulación con la academia y la industria, así como su inserción en esquemas de cooperación internacional. En este escenario heterogéneo, mientras algunas naciones han logrado consolidar programas satelitales propios y cadenas de valor emergentes, otras se encuentran en etapas iniciales, centradas principalmente en el uso de servicios espaciales y en la formación de capital humano.
Analizar comparativamente estas capacidades permite identificar fortalezas, brechas y oportunidades de colaboración regional, así como evaluar el potencial de América Latina y el Caribe para avanzar hacia una mayor autonomía estratégica y competitividad en el dominio espacial. Esta perspectiva comparada no solo facilita la formulación de políticas públicas más efectivas, sino que también contribuye a delinear escenarios prospectivos para el desarrollo del sector espacial latinoamericano en el mediano y largo plazo. El presente análisis examina las capacidades y estructuras del sector espacial en América Latina, comparando el desempeño de México frente a potencias regionales como Brasil y Argentina, así como programas emergentes en Perú y Uruguay, entre otros países de la región con actividad espacial.
Panorama presupuestal e infraestructura institucional
En términos de inversión financiera, existe una disparidad notable en la región. Brasil lidera con un presupuesto aproximado de USD 45 millones y posee la infraestructura más robusta, destacando el Centro de Lanzamiento de Alcântara. Argentina, aunque reporta una cifra superior en algunos informes (cerca de USD 77.5 millones), se posiciona en un nivel intermedio de infraestructura técnica a través de la CONAE. Por el contrario, programas como los de Perú y Uruguay se mantienen en niveles modestos o muy bajos, enfocados en proyectos educativos o iniciativas privadas.
México, que aspira a incrementar su capacidad satelital, ejerce uno de los presupuestos más bajos en la región. La Agencia Espacial Mexicana (AEM), que depende de la ATDT, recibirá apenas 43 millones 102 mil 36 pesos en 2026 (cifra considerablemente inferior a los presupuestos de Argentina y Brasil), luego del recorte de un tercio sobre su asignación original en 2025, establecido en el Presupuesto de Egresos de la Federación ejercicio 2026. Según la ATDT esos recursos tienen por “objetivo que el sector espacial en México impulse el desarrollo de la capacidad y soberanía tecnológica”, mediante investigación en materia espacial y la realización de ocho proyectos o investigaciones relacionados con asuntos espaciales. La AEM carece de infraestructura propia significativa y ha centrado su actividad en coordinación, formación académica y proyectos de colaboración internacional.
Desarrollo tecnológico y capacidades operativas
La madurez tecnológica varía según la capacidad de fabricación y puesta en órbita de satélites. Brasil y Argentina, ambos países lideran la capacidad satelital. Brasil se enfoca en telecomunicaciones y observación terrestre mediante programas como el China-Brazil Earth Resources Satellite (CBERS). Argentina destaca por su serie SAOCOM y su ambicioso proyecto de vehículo lanzador Tronador II. Además, Argentina ha logrado hitos de alta visibilidad, como la selección del satélite Atenea para la misión Artemis 2 de la NASA.
México y Perú, han optado por el desarrollo de nanosatélites y colaboraciones internacionales. México ha lanzado varios nanosatélites, las misiones de micro robótica lunar (Comena 1 / LINX ICN UNAM) y el Módulo Experimental para el Diseño Iterativo de Subsistemas Satelitales (serie EMIDSS IPN/UNAM), en colaboración con la NASA que, valida tecnologías espaciales mexicanas en vuelos estratosféricos, además del reciente proyecto Gxiba-1 (UPAEP) con la JAXA; mientras que Perú cuenta con el Chasqui 1. Ninguno de los dos países posee actualmente capacidades de lanzamiento autónomas. Uruguay, su actividad es mayormente empresarial, su perfil tecnológico busca centrarse en la posibilidad futura de lanzar pequeños cohetes desde sus costas.
Sinergia regional
El surgimiento de la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE) debe perfilarse como el mecanismo clave para reducir las brechas tecnológicas en la región, para lo cual se requiere de un amplio despliegue de diplomacia científica y espacial por parte de México para que esa entidad despegue. Mientras Brasil y Argentina seguirán compitiendo en las grandes ligas del sector, países como Costa Rica, México y Perú pueden encontrar nichos competitivos en la manufactura ligera, el análisis de datos satelitales para la agricultura y la gestión de recursos naturales. Estos países desempeñan papeles diferenciados pero complementarios, en función de sus capacidades nacionales, prioridades estratégicas y nivel de madurez institucional en el sector espacial.
México ocupa un rol central dentro de la ALCE por el tamaño de su ecosistema científico-tecnológico, su capacidad industrial y su experiencia en programas satelitales civiles. A través de la AEM y su vinculación con la academia y el sector productivo, México contribuye al diseño de agendas regionales, a la formación de capital humano y al impulso de proyectos de cooperación en áreas como observación de la Tierra, telecomunicaciones y aplicaciones espaciales para el desarrollo.
Perú desempeña un papel relevante gracias a su experiencia concreta en la operación de satélites de observación de la Tierra y en la generación de servicios derivados para sectores estratégicos. Esta capacidad posiciona al país como un contribuyente clave al desarrollo de proyectos regionales y al intercambio de buenas prácticas operativas dentro de la ALCE.
Costa Rica, aunque con capacidades espaciales incipientes, aporta un enfoque sólido en sostenibilidad, medio ambiente y cooperación internacional. Su participación se orienta principalmente al uso estratégico de datos satelitales para cambio climático, biodiversidad y gestión de riesgos, así como a la formación académica y al desarrollo de proyectos de pequeña escala, alineados con los objetivos de desarrollo sostenible de la ALCE.
En conjunto, estos países contribuyen a la ALCE desde distintas fortalezas: liderazgo institucional, capacidades técnicas, uso avanzado de aplicaciones, formación de recursos humanos y cooperación internacional. Esta diversidad de roles refuerza el carácter integrador de la ALCE y consolida su potencial como plataforma regional para avanzar hacia una mayor autonomía, coordinación y competitividad espacial en América Latina y el Caribe.
Proyección estratégica y perspectivas hacia 2026
Hacia el año 2026, la región presenta escenarios diferenciados. Brasil se consolida como el líder indiscutible, aprovechando su ubicación ecuatorial estratégica para atraer servicios comerciales globales, y se mantiene como el actor más sólido de América Latina en términos de inversión, infraestructura y proyección de servicios espaciales.
A través de la Iniciativa para la Economía Espacial / Space Economy Initiative. Construir una economía espacial global inclusiva, resiliente y sostenible / Building an inclusive, resilient and sustainable global space economy, la UNOOSA anunció a mediados de diciembre un hito importante, el Fortalecimiento del ecosistema espacial de Brasil / Strengthening Brazil´s Space Ecosystem, que concluye con la Hoja de ruta estratégica para el ecosistema espacial brasileño, lanzada con el apoyo de un taller práctico sobre la hoja de ruta para la Agencia Espacial Brasileña (AEB/MCTI). Esta hoja de ruta proporciona a Brasil una visión a largo plazo para fortalecer su ecosistema espacial, impulsar la innovación y mejorar la competitividad en la era global del NewSpace. El sector espacial de Brasil tiene una base sólida y una rica historia, pero se ha enfrentado a retos en materia de coordinación, comercialización y crecimiento del sector privado. Luego de reconocer la oportunidad de aprovechar el espacio como motor de crecimiento e impacto intersectorial, la UNOOSA, en colaboración con el PNUD Brasil y la AEB, proporcionó asistencia técnica personalizada para apoyar el desarrollo estratégico espacial de esa nación. Este importante ejercicio impulsado por la UNOOSA debe replicarse para más países de la zona, dependiendo de sus fortalezas e intereses hacia la conformación de un ecosistema espacial regional.
Argentina se proyecta como un socio tecnológico de alto nivel debido a su perfil con énfasis en la innovación y su capacidad para integrar proyectos de alto valor agregado, aunque su futuro depende de la estabilidad en el financiamiento para concluir su lanzador propio. Con capacidades técnicas importantes, su programa independiente y colaborativo lo posiciona como un socio estratégico en misiones internacionales y de desarrollo satelital. Perú y Uruguay, se encuentran aún en etapas tempranas, con proyectos focalizados y potencial de crecimiento en aplicaciones de datos espaciales más que en capacidades autónomas de lanzamiento o producción.
Recientemente Chile inauguró el Centro Espacial Nacional (CEN) enfocado en el diseño, fabricación y operación de sus propios satélites, con miras a enfrentar desafíos concretos, mediante el uso avanzado de información satelital aplicada al territorio, como emergencias, agricultura, minería, medioambiente y planificación territorial, entre otras necesidades nacionales de datos hasta ahora cubiertas mediante colaboración internacional con agencias espaciales. El CEN que reúne investigación, innovación y la tecnología para fortalecer la soberanía espacial del país y posicionarlo en la comunidad espacial regional, será el epicentro del desarrollo espacial en Chile. Ecuador y Colombia mantienen proyectos privados y gubernamentales en el ámbito espacial con una visión orientada al fortalecimiento institucional y a la integración del espacio como herramienta de desarrollo y seguridad, aunque con poca visibilidad reciente.
La actividad y capacidad espacial de los países de Centroamérica y el Caribe se caracteriza, en términos generales, por un enfoque incipiente y predominantemente orientado al uso (perfil de usuarios) de aplicaciones espaciales más que al desarrollo de infraestructura propia. La mayoría de estos países no cuenta con agencias espaciales plenamente consolidadas ni con programas satelitales nacionales de gran escala; sin embargo, han avanzado de manera progresiva en la incorporación de tecnologías espaciales para atender necesidades prioritarias de desarrollo.
En Centroamérica, países como Costa Rica, Guatemala, Panamá y El Salvador han impulsado iniciativas vinculadas a la observación de la Tierra, el monitoreo ambiental, la gestión de riesgos y la atención a desastres naturales, generalmente en colaboración con agencias internacionales, organismos multilaterales y universidades. Destacan los esfuerzos en formación de capital humano, proyectos académicos de pequeños satélites (CubeSats) y la creación de marcos institucionales orientados a coordinar el uso estratégico de datos satelitales.
En el Caribe, naciones como República Dominicana, Jamaica, Trinidad y Tobago y Barbados han priorizado el aprovechamiento de servicios espaciales para fortalecer sectores clave como la gestión costera, la resiliencia climática, las telecomunicaciones y la planificación territorial. La región caribeña ha mostrado un interés creciente en la cooperación regional e internacional, particularmente para el acceso a información satelital y el desarrollo de capacidades técnicas locales, dada su alta vulnerabilidad a fenómenos meteorológicos extremos. En conjunto, Centroamérica y el Caribe se posicionan como regiones usuarias estratégicas del espacio, con un potencial significativo para ampliar sus capacidades a través de la cooperación regional con la ALCE, la integración con programas latinoamericanos más avanzados y la consolidación de políticas públicas que reconozcan al sector espacial como un habilitador clave del desarrollo sostenible.
México, con una base incipiente, pero con amplio talento humano y esfuerzos en cooperación internacional, tiene la oportunidad de consolidar un ecosistema espacial competitivo en nichos de servicio y manufactura ligera, siempre que se materialicen compromisos financieros y regulatorios. Para México, el panorama es de un potencial sub aprovechado debido a que su capacidad sigue siendo limitada frente a los gigantes del sur.
Factores críticos para que México mejore su posición hacia 2026
El crecimiento mexicano hacia 2026 dependerá de los siguientes factores:
- Un incremento presupuestario sustancial y estabilidad financiera. México requiere consolidar presupuestos consistentes para proyectos espaciales sustanciales, aumentando significativamente respecto al nivel actual.
- El desarrollo de infraestructura. Fortalecer infraestructura espacial nacional (laboratorios de pruebas, cuartos limpios, estaciones terrenas, centros de control e investigación), aunque inicialmente esté sustentado por alianzas internacionales.
- La creación de un marco legal robusto y políticas públicas claras. Aprobación de la Reforma Constitucional en materia espacial (congelada en el Senado), el diseño de una Política Espacial de Estado, el impulso de una Ley Nacional de Desarrollo Espacial robusta, así como un Programa Espacial Mexicano ambicioso y con visión de largo plazo, un Sistema Nacional de Innovación Espacial y una agenda estratégica alineada con el Plan Nacional de Desarrollo.
- Creación de programas de educación STEM especializados y formación técnica de capital humano en ingeniería aeroespacial avanzada.
- Aprovechar la plataforma de la ALCE y acuerdos bilaterales para compartir recursos tecnológicos y participar en misiones de mayor escala, mediante cooperación regional e internacional.
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