
Los pasajeros deben tener acceso a las emisiones que produce cada aerolínea para poder tomar una mejor decisión al momento de reservar un vuelo, así lo consideró Michael Schneider, subdirector de Programas de Sostenibilidad de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA).
Una misma investigación de IATA realizada en abril pasado reveló que el 48% de los viajeros, particularmente los de negocios, consulta regularmente las emisiones de carbono asociadas a sus vuelos al momento de comprar un asiento.
Pero para que la información sea “significativa y confiable” los datos utilizados en estos cálculos deben ser precisos y estar estandarizados a nivel mundial.
“Para nosotros, eso significa obtenerlos directamente de las aerolíneas (que son quienes tienen la visión más clara de cuánto combustible se utilizó en cada vuelo específico) y calcular el impacto de CO2 mediante una metodología global”, explicó Schneider.
Además de generar confianza en los reportes de emisiones, siguió el directivo, dicho enfoque ofrece la forma más eficiente de cumplir con los requisitos regulatorios y por ello no sería necesario que cada regulador aplique su propia metodología para calcular las emisiones.
Por ello, Schneider no comparte que la Unión Europea, Suiza y el Reino Unido hayan adoptado medidas para garantizar que los pasajeros tengan acceso a información sobre la cantidad de dióxido de carbono que generan sus viajes aéreos.
Si bien estas iniciativas tienen buenas intenciones, no cuentan con un enfoque unificado para el cálculo del CO2, por lo que hizo una invitación a que las autoridades trabajen más de cerca con el sector y acuerden un mecanismo estandarizado.
IATA cuenta con su propia plataforma: CO2 Connect, la cual lanzó en 2022 y en palabras de Schneider “ha demostrado ser el sistema de cálculo de emisiones más preciso disponible”.
Esto se debe a que se basa en datos operativos de 110 aerolíneas, que monitorean y registran cada gota de combustible utilizada por sus aeronaves.







