
Operar una ruta estacional de baja frecuencia puede significar para las aerolíneas europeas tradicionales ofrecer nuevos destinos a sus pasajeros de alto valor más allá de representar una oportunidad de fuertes ingresos, afirmó John Grant, analista en jefe de OAG.
De una temporada a otra, hay pocos cambios en las redes de estas empresas de vuelo, de hecho, de acuerdo al especialista alrededor del 85% de la flota de una aerolínea se mantiene de una temporada a otra, dejando solo el 15% restante para los “experimentos”.
Es aquí donde aparece el equipo de planeación de redes de la aerolínea, el cual debe equilibrar cuestiones comerciales y operativas con la utilización de aeronaves y el uso de slots.
Grant puso de ejemplo a British Airways, la cual este verano apostó por volar tres veces a la semana a Rimini, en Italia, servicio que difícilmente genera tráfico para la compañía, ocupa 120 slots y consume 295 horas de vuelo de la flota A319 320.
“No es algo revolucionario, pero sí un complemento útil para la producción”, sostuvo Grant.
La aerolínea británica también apostó por vuelos desde Heathrow hacia Rodas y Zakynthos (Grecia), Ponta Delgada (Portugal) y Tivat (Montenegro). Rutas que tienen de dos a tres frecuencias semanales.
Air France puso en marcha servicios a Malta, Rodas y Verona; todas con dos vuelos por semana. Su socia de bajo costo, Transavia, opera vuelos dos veces por semana, o una incluso, a 11 destinos como Skiathos (Grecia), Ponta Delgada y Alghero (Italia).
“La naturaleza estacional de estos servicios permite sustituirlos en invierno por destinos de sol y esquí según sea necesario, al tiempo que incrementan la productividad de la operación”, comentó Grant.
Otro aspecto positivo de estas rutas estacionales de baja frecuencia es que los clientes reduzcan parte de los puntos acumulados en sus programas de lealtad, algo que todas las aerolíneas buscan hacer a lo largo del año, finalizó el analista.







