
La quiebra de Spirit Airlines le dio a aerolíneas de bajo costo (LCC) en Estados Unidos margen para elevar tarifas, pero hacen poco para resolver las dificultades de largo plazo dentro del modelo de vuelos baratos.
Spirit cesó operaciones el pasado 2 de mayo luego de no soportar el incremento en el precio del combustible por la guerra en Medio Oriente y no lograr que sus acreedores acordaran un rescate gubernamental de 500 millones de dólares (mdd).
Su marcha tiene a rivales directos como JetBlue y Frontier con la oportunidad de aprovechar sus mercados, aunque también con los mismos problemas respecto al precio del combustible.
De acuerdo a expertos consultados por Reuters, el incremento pospandemia en salarios, el aumento en los costos de arrendamiento de aeronaves y las facturas de mantenimiento han erosionado las ventajas que definían al sector de bajo costo.
“Espero que la liquidación de Spirit represente un beneficio modesto para sus competidores de bajo costo. Pero no espero que sea suficiente por sí sola para superar los otros obstáculos que enfrentan las aerolíneas de descuento”, afirmó Joe Rohlena, director senior de Fitch Ratings.
Frontier ha reportado pérdidas ajustadas por acción en ocho de los últimos 13 trimestres, mientras que JetBlue no registra una ganancia anual desde 2019, mientras que aerolíneas como Delta y United mantuvieron una rentabilidad en 2025 impulsada por viajeros de mayores ingresos.
Por otro lado, la salida de Spirit tampoco provocará una reconstrucción masiva de capacidad, señalaron ejecutivos, ya que las aerolíneas de bajo costo han venido reduciendo sus redes.
En lugar de ello, las compañías elegirán selectivamente algunas rutas de Spirit para reemplazar asientos.







