
Avianca ha conseguido lo que pocas aerolíneas en el mundo han podido lograr: reducir significativamente su huella de carbono mientras incrementa su operación. Entre 2019 y 2024, la compañía disminuyó su intensidad de carbono en casi un 20%, pasando de 82.6 a 66.3 gramos de CO2 por asiento-kilómetro disponible (ASK), de acuerdo con datos de EmeraldSky.
Este avance ocurrió en paralelo a un crecimiento del 18.1% en su capacidad total y una reducción absoluta de 5.1% en sus emisiones de carbono, un fenómeno inusual en la aviación comercial, donde crecimiento y aumento de emisiones suelen ir de la mano.
Este resultado fue posible gracias a decisiones estratégicas y disciplinadas en la configuración de su flota. Avianca retiró casi dos tercios de sus Airbus A319, toda su flota de A321 y eliminó sus operaciones con jets regionales y turbohélices.
En su lugar, incorporó un número significativamente mayor de Airbus A320neo y algunos A320ceo adicionales. En cuanto a vuelos de largo alcance, reemplazó sus aviones A330 con Boeing 787, modelos más eficientes en consumo de combustible.
Un aspecto clave de esta transformación fue el aumento en el tamaño promedio de los aviones. Mientras que en 2019 el avión típico de Avianca tenía 144 asientos, en la actualidad esa cifra es de 181.
Esto se logró mediante la reconfiguración de cabina en todos sus equipos, tanto de fuselaje angosto como ancho. Aunque la edad promedio de la flota aumentó ligeramente a nueve años y medio, como reflejo de las limitaciones globales en la cadena de suministro, la eficiencia general mejoró de forma sustancial.
Para 2024, Avianca había recuperado su nivel de vuelos previo a la pandemia, pero con una operación más eficiente: aviones más grandes, vuelos ligeramente más largos y sin afectar significativamente el tiempo total de vuelo, gracias a la eliminación de trayectos operados con turbohélices.
Esto resultó en un aumento de 18.1% en asientos-kilómetro disponibles, mientras que la modernización de flota permitió una disminución del 5.1% en emisiones totales.
El caso de Avianca es un ejemplo de crecimiento responsable en la aviación. Demuestra que, con una estrategia clara, compromiso con la eficiencia y decisiones firmes sobre renovación de flota, es posible avanzar hacia una operación más sostenible. Aunque el desafío de descarbonizar la aviación está lejos de resolverse, este avance destaca como una señal de lo que sí es viable cuando se alinean planificación y ejecución con una visión de largo plazo.







