
¿Viva y Volaris hermanas?
Todo parece indicar que será el caso, claro está, si es que se superan ciertos procesos administrativos y regulatorios tanto en México como en Estados Unidos, que bien podrían dar al traste la intención, aunque la verdad dudo que ocurra.
Para comentar la decisión de esas dos importantes aerolíneas mexicanas de integrarse accionariamente en el marco de la holding de una Volaris que por cierto finalmente se sumó a Viva en eso de operar ilegalmente aeronaves en servicios de bandera mexicana con tripulación extranjera —gracias SICT/AFAC, en un matrimonio que será encabezado por el hoy Presidente del Consejo de Viva que sabido está muy bien relacionado en los círculos políticos, Roberto Alcántara, operación que algo me dice tiene mucho que ver las políticas del gobierno de Donald Trump que para efectos prácticos habrían cancelado la posibilidad de que alguna de ellas se aliase con una operadora norteamericana (por ejemplo Allegiant al hablar de Viva), me debo remontar a un par de entregas que me hizo el favor de publicarme en los años 2017 y 2018 el portal de noticias de T21 en las que indiqué que a la luz de los problemas financieros de las aerolíneas mexicanas y la intensa competencia nacional e internacional en mercado aéreo del país, la hipótesis de una consolidación de la oferta de aerotransporte en México por parte de aerolíneas locales se robustecía y más en tiempos en los que la integración de aerolíneas bajo una misma controladora es tendencia. Por ende, lo que nos debe sorprender no es tanto la noticia de la nueva hermandad de Viva y Volaris, sino el que se haya tardado tanto.
Si bien el argumento que públicamente los directivos de Viva y Volaris han expresado en el sentido de que su incorporación a un nuevo grupo de aerotransporte las hará más fuertes para crecer en el mercado puede ser válido, debido a que con un mayor tamaño y sinergias se incrementan entre otras cosas las capacidades de compra, financiamiento, optimización, respaldo entre ellas y negociación, la realidad es que la novedad que, cual inocente regalo de 28 diciembre nos dieron los señores Juan Carlos Zuazua y Enrique Beltranena, no es precisamente la mejor noticia para el aerotransporte de México, toda vez que por lo menos a este analista del sector le hace pensar que los problemas financieros de esas operadoras, en particular Volaris, son más graves de lo que pensábamos con todo lo que ello significa en impactos por ejemplo en materia de fuentes de empleo directas e indirectas, conforme se vayan consolidando áreas, infraestructuras, procesos, sistemas y proveedores.
Otra consecuencia que preveo es que el tener a Viva y a Volaris volando “ala con ala” para efectos prácticos va a suponer la eliminación de importantes variables de competencia en la ecuación oferta y demanda presionando al alza las tarifas. Yo no sé usted estimado lector, pero por lo menos hasta el día de hoy, quien firma esta columna veía a Viva y a Volaris como competidoras no solamente contra el resto de las aerolíneas mexicanas y extranjeras en los mercados que sirven, sino entre sí, lo que desde mi perspectiva era sano para el cliente. Siento que eso va a cambiar una vez que las autoridades y los accionistas de Viva y Volaris aprueben la integración accionaria.
Y hablando de autoridades, habrá que estar pendientes de la postura que adopte al respecto la recién creada Comisión Nacional Antimonopolio, organismo que reemplazó a la Comisión Federal de Competencia Económica. La verdad tengo mis dudas de su independencia, imparcialidad, pero en especial de su capacidad de prevenir que agentes predominantes en el mercado afecten a los consumidores. En una de esas el organismo, y de hecho el gobierno federal, presionarán para otorgar facilidades, concesiones y acceso al mercado a la militarizada Mexicana de Aviación a cambio de apoyo a esta fusión, alimentando así nuevamente de manera artificial la demanda en el Aeropuerto de Santa Lucía (AIFA) y en la más nueva de las aerolíneas mexicanas la cual porta la marca y logotipo de la más entrañable aerolínea de México.
Sobra decir que no solamente este analista, sino estoy seguro que todo el sector del aerotransporte mexicano estará pendiente de la evolución de este importante tema a largo de un año 2026 que a todas luces comienza “a temblor batiente”, no solamente en el país, sino en lo que toca a su aviación civil.
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