
400 mil millones de pesos fue el costo de la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, además de que, todavía y por muchos años por venir, los recursos que llegan al aeropuerto Benito Juárez por concepto de impuesto por pago de derechos (TUA) seguirán siendo trasladados para el pago de obligaciones financieras, como los bonos asociados a la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto de Texcoco, así como para mantenimiento y operación de la infraestructura aeroportuaria.
Se ha dicho que hasta 14 mil millones de pesos al año que se reciben por concepto de TUA pueden destinarse a pagar solo los intereses de deuda derivada del proyecto que fue cancelado en Texcoco.
Este proyecto fue ganador de un premio de arquitectura RFT en el 2021 otorgado a los arquitectos Fernando Romero y Norman Foster por su creatividad e innovación en diseño arquitectónico, aún después de la cancelación del mismo.
El aeropuerto estaba diseñado para ser un mega-hub con enorme capacidad y contemplaba más de 100 millones de pasajeros anuales con 95 puertas de contacto en su fase inicial y 6 pistas operando en aproximaciones paralelas en su etapa final, además de tener potencial de ampliaciones mayores.
Contaba con una excelente ubicación geográfica para servir al área metropolitana por estar más cercano al centro de la Ciudad de México y mejor integrado a redes de transporte urbano previstas por el gobierno federal.
El proyecto Texcoco era uno grande (uno de los más grandes del mundo) y costoso en términos absolutos aunque existen argumentos de expertos y especialistas, incluso internacionales, que aseguran que hubiese sido más rentable por su mayor escala y grandes posibilidades.
Como todos sabemos, este proyecto no fue concluido pero muchos expertos argumentan que este único mega aeropuerto internacional hubiese optimizado la coordinación del espacio aéreo y la conectividad regional, en lugar de tratar de dividir operaciones en distintos aeropuertos.
AIFA (Santa Lucía)
Este capricho de aeropuerto tiene una capacidad mucho menor en comparación con el proyecto Texcoco y, en operación actual, atiende una fracción de las operaciones planeadas originalmente para una gran terminal de la región y, aún con planes futuros, su tamaño no duplica ni de cerca lo que habría sido el NAIM por sí solo.
Santa Lucía es un aeropuerto que está más lejos del centro de la Ciudad de México (35–50 km), lo que implica tiempos de traslado mayores y además hasta ahora no existe transporte público eficiente aunque el tren suburbano planeado debería mejorar este aspecto pero no se espera que sea en gran escala.
Su construcción costó menos dinero directamente en infraestructura y defendido como un aeropuerto más estable y sencillo de construir, debido a mejores condiciones del terreno, sin embargo, el costo total de la política aeroportuaria incluyendo cancelación de NAIM, mantenimiento y subsidios resultó aún mucho más alto y ha generado dudas sobre su rentabilidad y futuro.
El AIFA, que por cierto no ha sido terminado de acuerdo al proyecto inicial, cuenta con tecnología moderna como reconocimiento facial y aisladores sísmicos en la terminal y además de una torre de control con tecnología de punta pero a pesar de esta infraestructura moderna, enfrenta problemas de conectividad terrestre y aérea, y no ha logrado absorber gran parte de la demanda que podría generar un aeropuerto central grande.
Expertos aeronáuticos y especialistas de la industria aérea están planteando que México debería reconsiderar el continuar con la construcción del aeropuerto de Texcoco ya que el actual sistema aeroportuario del valle de México que incluye el Benito Juárez, Toluca y el AIFA no ha logrado aumentar la conectividad y tampoco ha podido descongestionar el tráfico aéreo.
Un único aeropuerto internacional grande como el planeado en Texcoco serviría para unificar operaciones y mejorar la eficiencia y la seguridad del espacio aéreo.
En fin, para lograr cualquier cambio que sea viable y tener un sistema aeroportuario de primer mundo primero se requiere voluntad política.
Es vital el compromiso de quienes hoy gobiernan y tienen el poder político ya sean gobernantes, partidos y autoridades para tomar decisiones y actuar con el fin de resolver un problema o alcanzar un objetivo en bienestar del país.
Se debería hacer lo necesario para lograrlo, incluso cuando pueda implicar costos, conflictos o decisiones difíciles.
Primero debe reconocerse que existe un problema y que es uno grande y que además empeora cada día, se deben tomar esas decisiones concretas, asignarse todo tipo de recursos, aprobar las políticas internacionales y enfrentar intereses opuestos cuando sea necesario.
Tristemente hoy no se ve quien o quienes tengan ese compromiso, así es que tal parece que seguiremos construyendo parches y haciendo las cosas mal.
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